yendegaiaEn la cordillera de Darwin, en un aislado rincón de la región de Magallanes y en el mismo lugar donde se abrirá el futuro Parque Nacional Yendegaia, sobrevive una de las pocas de poblaciones de caballos salvajes en el mundo. Sin embargo, debido a un contrato que faculta su caza su futuro parece cada vez más incierto.

La polémica surgió a través de una denuncia del empresario y criador de equinos Andrés Cox, quien asegura que en vez de arriar a los animales fuera del predio, los están cazando brutalmente con ballestas, redes pescadoras y perros. Según el empresario, muchos de los animales son dejados tirados, tras lo cual mueren debido a sus graves heridas.

El futuro parque nacional se consolidará gracias a una iniciativa de la fundación Yendagaia, perteneciente al matrimonio de los  estadounidenses Douglas y Kristine Tompkins. La pareja de ecologistas donó una antigua estancia ganadera de 38 mil hectáreas para crear un parque nacional, a cambio de la anexión de otras 111 mil de terrenos fiscales, conformando un área protegida de 150.612 hectáreas.

El proceso se inició en enero del presente año, con el traspaso simbólico de los documentos al estado durante la administración del ex Presidente Sebastián Piñera. Sin embargo, entre todos los documentos oficializados pareciera que nadie se percató de un contrato de caza que iba “amarrado”, y que atenta contra las poblaciones de caballos salvajes que aún habitan en la zona de la estancia.

El contrato, establecido entre la Fundación Yendegaia y el cazador Miguel Serka Romero, tiene una duración de cuatro años y tras la denuncia expuesta en el canal nacional,  ha terminado por detenerse momentáneamente la cesión de terrenos.

“He tomado en conciencia la decisión de interrumpir los actos administrativos para consumar la firma del contrato de donación mientras no tengamos una respuesta de la Fundación Yendegaia en relación a esta materia que puede con razón ser causa de preocupación”, según señaló el ministro de Bienes Nacionales Víctor Osorio en el reportaje emitido ayer.

Por su parte, de la Fundación han señalado que la administración anterior estaba en conocimiento del contrato. Esto ha iniciado una investigación en la Contraloría a petición del diputado Ignacio Urrutia (UDI), lo que permitirá esclarecer si en el traspaso efectivamente existía el conocimiento del contrato de caza.

El gran problema es que el contrato está dando vueltas en una especie de vacío legal, ya que la tramitación de entrega de los terrenos es un proceso de varios meses, por lo que aún no se aclara quien se hará cargo de la situación.

La caza de los equinos se justifica por el daño que producen las especies domésticas y asilvestradas (especies exóticas que viven en condiciones libres) en la conservación, transmitiendo enfermedades a la fauna autóctona y diseminando las especies invasoras de flora. Además, casi todos los tipos de ganado generan degradación sobre el ambiente, fundamentalmente debido a su alimentación y producto de sus pisadas, las que generan erosión y compactación del suelo.

Sin embargo, la Corporación Nacional Forestal, CONAF, ha indicado que ésta no es la forma de proceder ante estos casos, y ha señalado que lo adecuado es elaborar un programa para controlar la especie y evitar que su población aumente.

Conservación versus cultura

La polémica desatada por el reportaje hace aparecer nuevamente el debate sobre la protección de un ecosistema y la tenencia de animales domésticos. El conflicto va mucho más allá de argumentos científicos y técnicos, los cuales han demostrado la problemática, sino que está asociada muchas veces a aspectos culturales, propios de una localidad y que aún no han podido encontrar una solución.

Al caso de Yendegaia se le suman las realidades de Rapa Nui y del Archipiélago de Juan Fernández.

El parque nacional Rapa Nui abarca una superficie equivalente a casi el 44 por ciento de la isla, resguardando un patrimonio natural único de 887 moái. No obstante, debido a factores culturales la isla posee miles de caballos asilvestrados, los que habitan en forma libre por todo el territorio y alcanzan una población de 50 mil equinos.

El caso del archipiélago es similar, ya que a pesar de tener casi un 65 por ciento de endemismo en flora, conviven cientos de especies exóticas como vacas, cabras, gatos e incluso coatíes. Esto también es producto de aspectos culturales, ya que por ejemplo el ganado casi no es utilizado para el consumo, primando una alimentación proveniente del mar.

El problema descrito responde muchas variables y se ajusta a un escenario realmente complejo sobre el cual se requiere un proceso de aprendizaje mutuo de largo plazo, muchos recursos y por cierto voluntades.