ASESDesde su salida al mundo de la descarga, el segundo disco oficial de los Ases Falsos se hizo notar. Después de haber sido bajado unas 20 mil veces en su primer día, dejando pocas dudas sobre la militancia activa de los seguidores de la banda, la incertidumbre se centraba en la recepción que tendría en vivo la placa sucesora del celebrado Juventud Americana (2012).

Pero no hubo mucho tiempo para pensarlo. Días antes de su presentación en el teatro La Cúpula del Parque O’Higgins –gran lugar para tocatas, vale decir- las entradas se encontraban agotadas y, a horas del comienzo, una larga e impaciente fila lo adelantaba todo. Así, no sorprendió a nadie que, al comenzar el show, casi todo el teatro pudo corear las nuevas canciones como si llevaran meses sonando en la radio, aunque en realidad no hayan sonado más que un par de veces en algunas de las esquivas emisoras del dial.

Spotify, Youtube y las respectivas plataformas del mundo de hoy hicieron su magia. Seguramente, al menos 1 de cada 3 asistentes a la cita había escuchado Conducción con insistencia, identificando sus canciones favoritas y memorizando las letras sin ningún esfuerzo. Por ello, aunque los lanzamientos de discos suelan ser aburridos para la gallada –y la mayoría desista de asistir si los artistas anuncian que no tocarán sus viejas canciones- esta vez, el espacio estaba inundado de una evidente impaciencia y nerviosismo. El mismo nerviosismo que Briceño, sincero y en su estilo, asumió desde el escenario.

“Vamos, habla fuerte y claro, pero cuídate de transformarte en un gritón. La fuerza de la idea no se mide en decibeles, la fuerza de la idea no depende de una masa”.

La conexión entre los Ases Falsos y su fanaticada conmueve y quedó expuesta al ritmo de “Búscate un lugar para ensayar”, la canción que dirige una contundente crítica a los actores de los movimientos sociales. En tiempos agitados, Cristóbal Briceño, vocalista y compositor de gran parte del reportorio, reniega de repetir el sonsonete clásico del músico en contra del poder y esgrime, más bien, una advertencia: “Vamos, habla fuerte y claro, pero cuídate de transformarte en un gritón. La fuerza de la idea no se mide en decibeles, la fuerza de la idea no depende de una masa”.

Con una impecable ejecución en vivo que despierta fervor, la banda tuvo tiempo para arrullar a sus fanáticos con el ritmo soul de 2022 y Los Ases Falsos, dos composiciones originales de Fother Muckers, la acabada agrupación que los vio crecer. De los viejos tiempos no hubo mucho más. Conducción mostró, canción tras canción, que el concierto podía sostenerse solo en el disco nuevo, sin latas, sin obligaciones y con toda la aprobación del público, pese que, cuando el bajista Simón Sánchez preguntó si les gustaba este disco más que el primero se llevó un no por respuesta y las risas nerviosas de los asistentes.

asesFue una pregunta tramposa, después de todo, y lo saben muy bien los seguidores de los Ases Falsos. Juventud Americana, con el rostro de Juan Gabriel en portada, es una auténtica joya de la historia reciente del rock chileno. Mientras, a Conducción le hacen falta un par de vueltas más, pero ni tantas. Un disco coreado a teatro lleno en su lanzamiento no es ni será un disco resistido.

La ceremonia continuó sin pausas de la mano de Niña por favor, calificada desde esta humilde tribuna como una de las canciones más conmovedoras del álbum. En ella, otra vez Briceño hace gala de su llamativo talento al escribir, dando cara a los tiempos que corren, sin adornos ni eufemismos: “Quiero que recuerdes que tu protesta solo vale si desprecias, si la sobreabundancia acaparada provoca la justa arcada. Mírame a los ojos, no sea cosa que hayas estado fingiendo, que no es tu anhelo ver el trono que arde y en cambio quieres sentarte”, recita.

Cristóbal, que miró desde el escenario al público y dijo: “Si tan malo el disco no estaba”.

Resulta imposible, a estas alturas detenerse en cada una de las canciones, aunque quizás con justicia habría que hacerlo. Tras la misteriosa Yo no quiero volvercon su inolvidable discurso en medio-, la locura desatada con Pacífico y Mi Ejército, el ya convertido en hit Simetría quedó a la par de las preferencias y terminó por darle la razón a Cristóbal, que miró desde el escenario al público y dijo: “Si tan malo el disco no estaba”.

Los Ases Falsos crecen y convencen, sorteando los prejuicios del medio y la indiferencia de un dial que desde hace años no es representativo del escenario musical chileno. Ayer, en el teatro La Cúpula eso y mucho más quedó en evidencia. Hasta ahora, nunca había visto a una banda presentar su segunda placa con tanta solidez y argumentación. Por acá ya queremos saber qué sigue.