nicanor-parraLe tengo mala a Parra, y adelanto que debe ser por un exacerbado resentimiento social.

Será porque siempre anda como recién levantado, sin haberse lavado la cara ni los dientes aún. Parra parece que siempre tiene frío. Aunque su cara de viejo caliente, para decir las cosas como son, como sea es una virtud.

Le tengo mala a Parra porque lo más probable es que sus cosas ingeniosas se les hayan ocurrido a otro muchos antes que a él, pero sin la capacidad que ha generado Parra: ese coro de sujetos que le celebran hasta los pedos.

Le tengo mala a Parra desde aquella remota noche que en la oscura Peña de la Casona de San Isidro, sería el año 1980 y yo tenía mis pencazos en el cuerpo, un escritor medio conocido le dijo a otro también algo famoso, ambos en otra mesa, que Parra le daba copete a su hermano Roberto y le robaba los poemas que este último, encañado por completo, hacía sin saber que su destino era la autoría de su hermano profesor de física.

Le tengo mala por haberse refugiado en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Escuela de Ingeniería de puro cagado de miedo, estado en el que estábamos todos, y no haber arriesgado ni un pelo cuando muchos, no todos, lo hacían en su medida.

Le tengo mala por haberse refugiado en el Departamento de Estudios Humanísticos de la Escuela de Ingeniería de puro cagado de miedo, estado en el que estábamos todos, y no haber arriesgado ni un pelo cuando muchos, no todos, lo hacían en su medida.
Le tengo mala a Parra porque tiene un ingenio superado por cualquier cargador de la vega o choro encanado en la Peni. Póngale a esa gente un cartonier de luca dos y su grabadora en on. Lo que escuche, comas más, puntos menos, será pura poesía sospechosamente parriana y mejor.

Le tengo mala a Parra por haber vivido cien años sin que se le viera un pelo en ninguna parte y sólo recibiendo, supongo, a su corte de aduladores que esperaban media hora para que él se inspirara y saliera con algún pastel que luego era elevado a la suma de la creación.

Le tengo mala a Parra porque su sobrino, y quizás el mismo Parra no tenga culpa, acusa a los cubanos por no haberle sido concedido el Premio Nobel, como si los cubanos tuvieran poco de qué ocuparse con los problemas que tienen.

Habría que preguntarle al esnobista nieto cuyo nombre Tololo es el mismo que en las cárceles se les da a los gendarmes recién salidos de la escuela, si eso de verdad lo dijo su abuelo o son cosas que se le ocurren de puro heredero no más que es.