D - Triunfo. Reportaje Reforma agraria “La primera vez que estuve en Chile fue de julio a octubre 1972”, dice Jean-Noël Darde, periodista francés que llegó para escribir y documentar el proceso político más interesante de Latinoamérica en el siglo XX, iniciado con la llegada de un presidente socialista a La Moneda, Salvador Allende, y su propuesta de revolución “con empanadas y vino tinto”.

“Era un momento muy feliz, de gran optimismo y de mucha discusión política”, recuerda.  “Llegué con Isabel Santi, franco-argentina, que conocí en la  Universidad de Vincennes. En diciembre volvimos a París y a principios de marzo de 1973, en la víspera de las elecciones legislativas del 26 de marzo de 1973, llegamos nuevamente a Santiago.”

Su segundo aterrizaje fue distinto, el optimismo que había visto meses atrás comenzaba a decaer y se percibía la tragedia que vendría, “La situación había cambiado radicalmente. La derecha pensaba tener dos tercios de la votación y no alcanzó, eso desató la reacción odiosa contra la U.P. y comenzamos a darnos cuenta que había un proceso muy violento en marcha”.

En esa época “Los dos colaborábamos con Le Monde Diplomatique, el periódico La Croix y las agencias fotográficas Sipahioglu y Fotolib.

Su llegada a Chile había estado influenciada por Fania, una amiga de Isabel Santi que trabajaba en La Moneda, en la OIR. Ésta, sabiendo el desengaño que Isabel había vivido en Cuba (agosto del 1968) cuando Fidel avaló el ingreso a tanques soviéticos a Praga para reprimir el “socialismo con rostro humano” prometido por Alexander Dubcek, tenía claro que este Chile lleno de canto nuevo y espíritu internacionalista les gustaría.

“Para Isabel y sus compañeros latino-americanos de la universidad de Vincennes, Allende aparecía como el garante de un socialismo realmente democrático que no tendría los aspectos policiales del ‘socialismo real’, el del la URSS y de los ‘países hermanos.”

Darde, hijo de un general de la aviación francesa, había  militado entre 1969 y 1970 dentro del movimiento de la Gauche prolétarienne, un movimiento de extrema izquierda francés que figuraba ente los más activos, siendo condenado por la Corte de Seguridad Estatal, a varios meses encarcelamiento el año 1970. También tenía una mirada crítica del socialismo real de la Unión Soviética.

¿Cuál era su visión sobre los sucesos políticos de esos años?

 “Durante nuestra estadía en 1972,  viajamos al norte, a Putre, que era un pueblito a más de cuatro mil metros sobre el nivel del mar,  y nos encontramos con todo tipo de gente, conversamos con militares y carabineros sin encontrar que había expresiones de rechazo violento hacia el gobierno. Había distintas opiniones pero no violencia. Viajamos al sur durante la huelga de camioneros y conversamos con campesinos, pescadores y terratenientes. Ahí ya se mostraba cierta tensión violenta por parte de los terratenientes.

  ¿Recuerda algunos reportajes de manera especial que realizó en ese  viaje?

 Un documental en  Chuquicamata en 1972, pero sobre todo una entrevista sobre la reforma agraria en el territorio mapuche realizado en abril 1973.

Me acuerdo de Juan Porma, presidente del Consejo Comunal Campesino de Nueva Imperial, a quien encontramos durante el reportaje. El articulo y las fotos fueron publicadas en junio de 1973 a cinco páginas en la revista española Triunfo… por desgracia tenían una conclusión demasiado optimista: “Cualquiera que sean las vicisitudes por las que atraviese el gobierno de la Unidad Popular, es hasta improbable que se logre volver a despojar de sus tierras al campesino mapuche “.

Después del golpe volvimos a Nueva Imperial, a mediados de octubre, y nos volvimos a encontrar con Juan Porma. En esa ocasión escribimos en Libération: “Hemos encontrado a un antiguo responsable del “consejo campesino” de la provincia de Cautín [se trataba del mismo Juan Porma], un mapuche de 70 años. Ha sido detenido durante un mes, golpeado y torturado. Liberado el día anterior, rapado, con los ojos turbados, nos ha reconocido y hablado por unos minutos, con dificultad. No quiere saber y ver nada más de eso. La inmensa esperanza de los mapuche, nacida con el movimiento de recuperación de sus tierras usurpadas, se ha derrumbado en unas pocas horas”.

 1 Nelson Ugarte (Mir, Chillan, foto  JN Darde) en Liberation 4-12-1973Entre otros recuerdos, hay una toma de terreno en Chillan con Nelson Ugarte[1], un cuadro político del MIR. Recuerdo que conversamos y él no se hacía ninguna ilusión respecto a su futuro personal. Luego del golpe de Estado fue detenido cuando trataba de escapar a Argentina junto a un grupo de personas y ejecutado al día siguiente (12 de septiembre de 1973).

 También está el recuerdo de nuestro encuentro con León Villarin, de nuestras entrevistas en el 73′ con los  terratenientes a quienes contactamos bajo el pretexto de un interés por  el caballo criollo y el rodeo chileno. Siempre en 1973, hicimos una entrevista con  Rafael Agustín Gumucio, quien nos llevó hasta Bernardo Leighton de la DC. Este recuento es largo y podría seguir por mucho tiempo…

Tengo entendido que conoció a Miguel Enríquez en circunstancias profesionales ¿Cuál era la imagen política que proyectaba Miguel Enríquez y del MIR en esos años?

Isabel Santi y yo entrevistamos in vivo a Bautista van Schowen, en marzo del 1973. Si bien recuerdo, a Miguel Enríquez  solo lo fotografiamos durante los encuentros del MIR, nunca tuvimos entrevista en vivo con él.

Nosotros teníamos una mirada particular sobre el MIR. Una simple constatación – pero no lo escribí entonces, la consigna del MIR, “Pueblo, conciencia, fusil, Mir, Mir” hacía pensar que el MIR estaba dispuesta a la confrontación. Era un juego particularmente peligroso, ya que no disponía de los recursos suficientes.

Usted realizó la primera entrevista a Miguel Enríquez después del golpe de Estado y la última de su vida ¿Cómo fue la historia de esa entrevista y cuáles fueron las circunstancias que le permitieron tomar contacto con el líder revolucionario en la clandestinidad?

 En 1972 conocimos a  Mónica Echeverría, a través de su prima Carmen Yáñez, con quién nos habíamos encontrado en San Pedro de Atacama y habíamos simpatizado entonces. Fue en agosto o en Septiembre de 1972, en La Reina, en casa de Mónica Echeverría, que conocimos a Carmen Castillo, de quien sabíamos que era la compañera de Miguel Enríquez.

Siendo un antiguo militante de extrema izquierda, tenía natural simpatía por el Mir, pero también una reserva respecto a varios aspectos de sus intervenciones en la Reforma Agraria. A la víspera del golpe de Estado, Isabel y yo estábamos más afines con la Izquierda Cristiana que con el MIR.

Al día siguiente del golpe de Estado, las dudas que teníamos sobre el MIR poco contaban, por la situación que se vivía. El Mir se había convertido en el blanco privilegiado de los militares. Por eso volvimos a contactar a Carmen Castillo por intermedio de  Mónica Echeverría y le propusimos poner a disposición nuestra citroneta como taxi para militantes del Mir, especialmente para los más buscados. Es así que durante varios días, o más bien, varias mañanas, recorrí las calles de Santiago con Víctor Toro, líder del FRP (Frente de Pobladoras Revolucionarios) cuya cabeza tenía un precio. Su foto aparecía con otra docena con el letrero de “Detener y ubicar” en las portadas de los periódicos y sobre la paredes de Santiago. Después de acompañar a Víctor Toro una mañana, podía asistir por la tarde a conferencias de prensa con el General Bonilla o Federico Willoughby.

En ese contexto, nos reunimos tres a cuatro veces con Carmen Castillo. En esas circunstancias le entregamos las preguntas destinadas a Miguel Enríquez, que sería la primera entrevista desde la clandestinidad. Nosotros no tuvimos contacto directo con él.

En el documento que nos entregó Carmen unos días después, el líder del Mir había modificado ciertas preguntas y obviado otras. Es por eso que hoy nos parece más preciso hablar de “las declaraciones de Miguel Enríquez”, que de una autentica entrevista.

¿Por qué firmó la entrevista con el nombre de María Leone?

4 Cap. Alejandro Burgos de Beer, foto de I. Santi (18-10-1973) Carlos Altamirano y Miguel Enríquez estaban entre los hombres más buscados de Chile, hubiera sido particularmente imprudente firmar con nuestros verdaderos nombres. Además, no teníamos idea de la fecha de publicación. La entrevista a Miguel Enríquez salió en Libération el 16 de Octubre de 1973. Ese día, estábamos en  Temuco, en la zona de jurisdicción del coronel Hernán Ramírez Ramírez, intendente militar de la Provincia de Cautín y responsable de varias desapariciones. Al día siguiente, estuvimos ante el general Héctor Bravo Muñoz  en Valdivia, y por la noche, nos alojamos en un hotel de la región de Panguipulli con el teniente-coronel Alejandro Burgos de Beer, que había instalado allí su puesto de comando. Más nos valía que los militares buscasen a una periodista “María Leone” antes que a Isabel Santi y Jean-Noël Darde.

Aparte de Libération, las declaraciones fueron publicadas en La Opinión (en Buenos Aires, el excelente periódico de Jacobo Timerman) y en el semanario alemán (RFA) Der Spiegel. L’Agence France Presse  lo había difundido y creo que eso le dio una mayor difusión internacional.

Tengo entendido que la foto en blanco y negro que ha recorrido el mundo y sigue siendo portada de libros es suya, algo muy parecido a lo sucedido con la foto del Che Guevara de Korda ¿Alguna vez ha cobrado derechos de autor? ¿Se la han solicitado antes de usarla?

Esta foto del rostro de Miguel Enriquez en blanco y negro, de la cual soy efectivamente el autor, se convirtió en su retrato más conocido. Pero es poco probable que alcance la celebridad de la foto de Korda.

Creo que esta foto fue publicada por primera vez en Libération, el 16 de Octubre del 1973, para acompañar a la “entrevista” de Miguel Enríquez. A finales de 1973 y en el 74′, la agencia Fotolib (ligado al periódico Libération) puso, con mi previo acuerdo, esta foto y una foto de Bautista Van Schowen a disposición de quienes producían documentos para la campaña de solidaridad con Chile. Es así, que la foto de Miguel Enríquez ha sido difundido en principio y luego retomadas muchas veces.

La ausencia de derecho de autor no es aquí mi principal problema. No obstante, sería correcto que los que usan esta foto, hoy en día, precisen el nombre del autor.

Por otra parte, tengo bastante suerte que nadie ha pretendido ser al autor de la foto en mi lugar.

Eso pasó con las fotos, las entrevistas y los documentales grabados de Miguel Herberg, periodista español que ha trabajó en condiciones particularmente peligrosas y hasta ahora, ningún periodista chileno, de derecha o de izquierda ha sido capaz de restablecer la verdad sobre el excepcional trabajo de Herberg en chile en el 1973 y en 1974.

 ¿Puede contar cómo y en qué circunstancias fue tomada esa foto?

1 MIR Enriquez - Van Schowen.Caopolican 17-07-1973, foto JN Darde Tomé esta foto durante un meeting del Mir al Teatro Caupolicán de Santiago. Creo que es el meeting del 17 de julio de 1973.

Durante este mismo meeting tomé otra foto con un encuadre más amplio. Esto podría confirmar la fecha. Bautista van Schowen y  Edgardo Enríquez están al lado  de Miguel Enríquez. A la izquierda de la foto, está, si no cometo un error, Víctor Toro (N de la R: es Nelson Gutiérrez). La foto, una vez recuadrada con el rostro de Bautista Van Schowen, fue usada muchas veces en Europa desde finales del 73 hasta 74 para las campañas de solidaridad ligadas a su detención y desaparición.

 Usted viajó a la zona de Neltume después del golpe de Estado ¿Cuál fue su percepción sobre lo que ocurría en esa zona tan aislada, considerando que ahí se cometieron crímenes atroces contra trabajadores madereros?

Una vez los problemas de circulación en Santiago de Víctor Toro resueltos, – era más seguro que se desplazara con otro chileno –  decidimos con Carmen Castillo que partiríamos el 15 de octubre con la citroneta hacia el sur. Sería una oportunidad de comprobar la frecuencia de los cordones policiales y militares, así como las condiciones de circulación en esas regiones, pero también intentar recabar informaciones sobre la suerte del “comandante Pepe”, José Liendo, del  Complejo Maderero y Forestal Panguipulli.

3 Afiche solidaridad con Bautista Van Schowen. png Un día antes de partir nos encontramos en el Hotel Carrera con Pierre Kalfon, corresponsal de Le Monde, para decirle que viajaríamos al sur. Él nos dijo que “era una locura”, así que establecimos con él un sistema de chequeo por si algo nos ocurría. El hotel era un lugar muy especial. Ahí había periodistas, turistas pescadores de trucha y militares.

En la carretera hacía el sur paramos en Chillan, en el campamento “Por la razón o  la fuerza”, instalado después de una toma de terreno dirigida por Nelson Ugarte. Constatamos que había sido destruido. Luego nos quedamos a pasar la noche en Temuco. Al día siguiente nos encontramos con el coronel Ramírez que se solazaba  de “la vuelta a la calma”. Gracias a una pareja de amigos  americanos – ella era enfermera y él hacía  en Temuco su doctorado sobre la reforma agraria – y por dos profesoras socialistas fuimos informados de la represión que había seguido al golpe, particularmente se nos informó sobre la ejecución deHernán Henríquez, director provincial del Servicio Nacional de Salud.

Luego seguimos. Dormimos en Valdivia y al día siguiente, un entusiasta pro-Pinochet que encontramos en el hotel nos presentó al general Héctor Bravo Muñoz, quién tuvo ante nosotros un discurso menos brutal que el del coronel Ramírez, en Temuco, el día anterior. Gracias a una piadosa mentira, logramos conseguir un salvoconducto que nos autorizaba a circular “sin restricciones dentro de la zona jurisdiccional de la división de Caballería”. Con el salvoconducto en el bolsillo, tomamos de inmediato la carretera de Panguipulli.

Al pie de la cordillera, nos cruzamos con vehículos militares que volvían de patrulla. Nos fuimos a la hostería, donde el teniente coronel Alejandro Burgos de Beer había instalado su puesto de mando. Una vez ganada su confianza – hablando sobre mi padre que había sido general de aviación – Burgos de Beer se mostró orgulloso y nos relató haber sido quien dirigió el pelotón de ejecución del comandante Pepe a principios de Octubre.

 También supimos que otros militantes del Mir fueron arrestados junto con José Liendo y fusilados (recuerdo que sus muertes habían sido anunciadas unos días antes en la prensa de Valdivia). Pero no nos enteramos de la masacre de los 15 campesinos en Liquiñe, que ocurrió unos días previos a nuestra llegada en la región. Según lo que Burgos de Beer nos contó, no daba la impresión que se tratase de una operación militar de gran envergadura.

Hay que precisar que durante todo nuestro periplo en el sur, no me acuerdo de haber sido controlado en los cordones de carretera. Nos sorprendió la calma, claramente relativa, de la región mientras que las noticias que circulaban y los rumores en Santiago hablaban de numerosos y masivos enfrentamientos.

¿Hubo algún hecho que le impactara y que no pudiera reportar?

Llegamos a París a mitad de Noviembre de 1973, después de una larga escala en Buenos Aires. Al regresar a Francia, nuevamente rendimos testimonios de la violencia de la represión, de la torturas y de las numerosas ejecuciones, a partir de testimonios que recolectamos personalmente y que nos parecían creíbles.

Entonces nos era difícil decir que dudábamos de la seriedad de numerosos relatos que denunciaban una “represión al estilo de Yakarta”. Por ejemplo, dudábamos  que hubiese habido, como se ha afirmaba a menudo, centenas de muertos en la Universidad Técnica del Estado durante la resistencia estudiantil y de los profesores.

Gracias al valioso testimonio que Isabel y yo recogimos alrededor del 20 de septiembre con el Dr. Humberto Rhea Clavijo, médico del Servicio Médico Legal, sabíamos que para Santiago había que hablar de centenares de muertos, no de miles (El doctor Humberto Rhea, era un boliviano refugiado en Chile, que había participado en 1966, desde La Paz, apoyo logístico a la guerrilla de Ernesto Guevara, el Che lo cita como tal en su Diario de Bolivia).

¿Sintió temor y cuáles fueron las circunstancias que lo llevaron a vivir esa situación?

Aún que parezca sorprendente hoy, no tengo recuerdos de haber tenido miedo durante todo el periodo que ha seguido el Golpe de Estado. Sin duda y sobre todo por inconsciencia. Isabel tampoco recuerda haber sentido miedo, a excepción de los primeros temblores del terremoto – afortunadamente sin consecuencias – que, a unos días del golpe, nos había precipitado en plena noche por las escaleras, cuyas bajamos cuatro por cuatro desde nuestro octavo piso hasta la calle.

Momento de aprensión, sin duda, como por ejemplo cuando hemos entendido que nuestros pasaportes – esperando un visa de residente permanente – se habían quemado en el incendio de la Moneda o cuando una llamada telefónica de una refugiada en la embajada de Venezuela nos informó que el inocente paquete que nos había entregado un refugiado en esa embajada y que estaba sobre el asiento trasero de la citroneta, hacía 24 horas, contenía una pistola y dos cajas de municiones, o durante nuestra ida el 26 de octubre en los controles del aeropuerto de Pudahuel.

[1]No aparece en ninguna lista de víctimas de la represión política, a pesar que fue ejecutado el 12 de septiembre de 1973.