Nancy Guzmán

“Ingrid Olderock, la mujer de los perros” será lanzado este miércoles 10 de septiembre a las 19:00 horas, en la Sala de Teatro Cinema (Ernesto Pinto Lagarrigue 179, Barrio Bellavista).

No es primera vez que tu interés se vuelca hacia las personas de los represores materiales ¿Por qué ese interés? ¿Qué te interesa develar?

Hay crímenes que la humanidad no puede olvidar y hay personajes, tras esos crímenes, que no se deben olvidar. Mi interés ha sido mostrarlos en todas sus aristas para ir completando el conocimiento sobre nuestra historia reciente, aquella que marcó a varias generaciones con las violaciones a los derechos humanos y fracturó gravemente a la sociedad chilena.

Cada uno de estos personajes (Ingrid Olderock, Osvaldo Romo y otros) fueron parte de la maquinaria del terror de Estado. Ellos, junto a otros miembros de las Fuerzas Armadas, dependían de los altos mandos, formaron parte del aparato burocrático del terror, por lo que la sociedad necesita conocer quiénes fueron, qué hicieron y que rostros tenían o tienen. Aun así, falta mucho por conocer.

En medio de tanto horror ¿Hay alguna deliberación respecto a qué mostrar y qué no? ¿Hay algún criterio al respecto?

Siempre hay reflexión sobre qué se debe mostrar y eso está relacionado con el objetivo de la investigación. En el caso de Ingrid Olderock la mujer de los perros, se trata de mostrar los secretos del escalafón femenino de la DINA, algo inédito entre los organismos represivos de las dictaduras de los años 70 y 80 en América Latina. Por lo general, en estos organismos operaban sólo hombres, las pocas mujeres que existían eran secretarias o personal administrativo. Sin embargo, la DINA creó un grupo de mujeres que se encargaban de las mismas tareas que los hombres: hacer seguimientos, espionaje, torturas, asesinatos y desapariciones.

Mostrarlas como parte de la misma maquinaria del terror, exige desnudar sus  funciones y quizás eso resulte más horroroso cuando se describe a una mujer aplicando violencia sin medida. Pero así sucedió y muchas de estas mujeres terminaron siendo peores que los mismos hombres.

¿Hay particularidades en las mujeres torturadoras de la dictadura, aparte de ser mujeres?

Las mujeres de la DINA fueron especialmente brutales. Muchas se ensañaban con los detenidos y los golpeaban hasta quedar rendidas. Lo particular es que nadie les daba órdenes para que hicieran esas barbaridades. Muchas de ellas no tenían límites y disfrutaban de cometer todo tipo de atrocidades.

Las mujeres de la DINA fueron especialmente brutales. Muchas se ensañaban con los detenidos y los golpeaban hasta quedar rendidas. Lo particular es que nadie les daba órdenes para que hicieran esas barbaridades. Muchas de ellas no tenían límites y disfrutaban de cometer todo tipo de atrocidades.

¿Qué fue lo que más te llamó la atención de Ingrid Olderock, en relación a la idea previa que tenías de ella?

La verdad es que llegué a su casa sin muchos prejuicios, sólo con un poco de miedo, por lo tanto, iba abierta a cualquier experiencia: que me echara de su casa, que me golpeara, que no abriera la puerta. No sé.

Lo que me llamó la atención a primera vista fue su cuerpo voluminoso, sus grandes manos y que tenía una gran memoria, a pesar que todo el mundo decía que estaba mal desde que el atentado la había dejado con una bala en la cabeza.

Me sorprendió el odio que sentía por su institución, Carabineros de Chile, a la que acusaba de intentar matarla el año 1981. Ella insistía en que había investigado, reunido información y que la orden la había dado el general César Mendoza al oficial Julio Benimelli. Sin embargo, el atentado lo terminó realizando el MIR, justo cuando ella estaba desertando a su institución, a los servicios de inteligencia y se estaba preparando para viajar a Alemania.

¿Cómo podrías definir el propósito, la lógica de la utilización de perros como instrumentos de abuso sexual?

La-mujer-de-los-perrosEra una forma de destruir física y psicológicamente a quienes eran considerados enemigos. A través de este doble vejamen, no sólo se les ultrajaba el aspecto más privado y libre de los seres humanos: la sexualidad, sino que simbólicamente se les trataba de “perros y perras”: animales,  despersonalizándolos y haciéndolos sentir que no tenían ni un tipo de derechos en ese país ocupado por las fuerzas militares y que se les podía hacer cualquier cosa, incluso desaparecerlo.

¿Cómo veía ella, con el paso del tiempo, su rol en los primeros años de la dictadura?

Ella consideraba que había formado parte de “los salvadores de la Patria” y que muchos de los que habían aplaudido las acciones de la DINA, con el paso del tiempo, les daban la espalda. Sentía una relación de afecto y respeto hacia Manuel Contreras, porque consideraba que la había tratado muy bien, aunque tenía contradicciones con otros altos mandos de la DINA.

Expresaba su orgullo por esos años, donde hombres y mujeres le temían. Ella había cumplido el rol de directora de la Escuela Femenina de la DINA, donde había formado a setenta mujeres en las artes de la guerra contrainsurgente y esa era su carta de presentación para demostrar la importancia que había tenido en la DINA.

Se cumplen 41 años del Golpe ¿tienen la tortura y los torturados la visibilidad que corresponde?

Creo que han sido los grandes olvidados en esta historia. Ellos acarrean todos los días con esa historia. Junto con ello van los traumas que les dejaron las heridas en el cuerpo y en la mente y que han traspasado sin quererlo a sus hijos y su familia. A pesar de este daño, causados por agentes del Estado, sólo se les ha reparado en forma “simbólica”. A esto se suma que muchos no han sido reconocidos por las comisiones creadas en los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, que siguen cargando con el dolor de no tener siquiera esa reparación “simbólica”.  Si a eso se suma que en tribunales hay muy pocas querellas por torturas, nos demuestra que aún no consideramos que la tortura es la peor y más bárbara forma de dominación y deja abierta la puerta a que ocurran situaciones similares en cualquier momento. Finalmente la historia nos alcanza siempre en sus efectos.