HinzpeterUna sorpresiva y emotiva carta decidió difundir el hijo de Rodrigo Hinzpeter, Raimundo, publicada hoy en ElDiarioJuidio.comEn la misiva cuenta las dificultades propias de asumir ante la familia y amigos su identidad de género, la cual terminó de aceptar hace dos años. “Tenía un secreto enorme dentro de mí, un secreto que me estaba ahogando y que nadie conocía más que yo. Sabía que tarde o temprano debía sacarlo, y que mientras antes lo hiciera, mejor”, escribió.

En su relato, Raimundo Hinzpeter narra que cuando decidió contarle a su madre, se acostó al lado de ella en su cama y tapado por completo le confesó que tenía un secreto, “‘es algo muy grande, un secreto muy fuerte que me tiene mal’. Mi mamá ya lo intuye, me doy cuenta: ‘nadie puede guardar un secreto tan grande por tanto tiempo, no hace bien’, le pido que me vaya preguntando. Yo ni me atrevo a destaparme, a mostrar la cara, menos a mirarla. Me empieza a dar opciones, hablando al aire, lanzando ideas. A cada una le iba diciendo que no, que eso no era, hasta que lo pregunta, y me quedo callado. Se da cuenta que eso es, se da cuenta que soy gay. Me abraza y me dice que me ama, que todo va a estar bien desde ahora en adelante“, narró.

Según testimoneó, tras revelar su identidad de género, no se le hicieron las cosas más fáciles y pasó semanas sin mirar a su madre a la cara. Al tiempo, cuando decidió contarle a su padre, “me apoyó incondicionalmente, pero todavía las cosas no eran ni un pelo más fluidas”, afirmó.

Raimundo explica en su carta que le costó mucho tiempo dejar de pensar en cómo debía actuar, midiendo sus reacciones y gustos en series y música “por el constante nerviosismo a la reacción del otro, a la burla, y entre tanto, mis papás me llevaban a un psicólogo y a un psiquiatra”, contó.

“La gente cree que ser gay es una enfermedad, y más encima “tratable”, pero no. Muchos jóvenes creen que a través del abuso verbal, mágicamente, esta “enfermedad” se cura, como si después de cincuenta veces que te digan “no seai maricón”, te comenzaran a gustar las mujeres, como a la sociedad le gustaría, pero no”, afirma en la misiva.

El hijo del ex ministro de Interior afirma que en un periodo de dos meses fue mostrando sus reacciones y cambios, que notaron sus padres en simples cambios de actitud. “Al principio les costó pero lo hicieron; se adaptaron a una nueva realidad que rompía completamente su paradigma“, indicó.

Además, Raimunido confidencia que fue el primero en su colegio en ‘salir del clóset’. “Para el mundo judío religioso, cerrado a la diversidad, es mucho más difícil aceptar otras realidades. En mi colegio (judío religioso), antes de mí no existía “ser gay”. Pero siempre hay un primero y me han acogido con una comprensión inimaginable. Me di cuenta que aparentan ser cerrados a la diversidad, tal vez por el miedo que les produce caminar por lo desconocido”, explicó.

No es fácil ser judío ni gay, en ningún lugar de este planeta impío, mucho menos en este país con cavernícolas incapaces de abrir el círculo para que las minorías entren y se acomoden, un país lleno de falsas morales, doble estándar y apariencias. Un país en donde formalmente se castiga la discriminación, pero al mismo tiempo se practica cotidianamente. Nos dicen que somos iguales, que tenemos los mismos derechos, pero nos prohíben el matrimonio, crean leyes y normas para las minorías, para nosotros los distintos; vivimos en un país de hipócritas”, lanzó en su carta.

Junto con afirmar que la homofobia está presente en el común de las personas “hasta que conocen a un homosexual de cerca, y ahí es cuando los prejuicios se enfrentan a nuestros afectos y entendemos que son pura y simple ignorancia y poca educación”, Raimundo Hinzpeter termina su carta afirma que es un reflejo más de la incapacidad de producir sinapsis y vivir en armonía con la diversidad. Reflejo de poca cultura, nula empatía y mucha limitación. Así lo vivo, como un defecto ajeno que no me toca”.