johanna lozoya 2Johanna Lozoya, escritora mexicana nacida en la Unión Soviética y de madre chilena, estaba condenada a tener plena conciencia del tiempo y del espacio. No cree en el vértigo de internet ni en el de la sociedad contemporánea.

Su desarrollo disciplinar ha pasado por la arquitectura, la historia, el ensayo y, en los últimos años, la novela. Su línea literaria la integran títulos como “Los crímenes simples”, los cuentos “Para siempre” (2001) y “La línea del horizonte” (2003) y “Cartás de Adén” (2011), libro por el que recibió el premio Anagma en 2011.

Ahora, en ‘Los crímenes simples’, recientemente lanzada en Feria del Libro de Guadalajara, Johanna Lozoya cuenta cuando Elisa Barón, dueña de la empresa informativa Visión Enigma, muere acribillada en un camino de los “Extremaduros”, territorio con una geografía ambigua y flotante.

 

En tus dos últimas novelas hay quiebres en la linealidad temporal y espacial: la trama va por un lado y de pronto cambia hacia otro lugar, luego retrocede hacia otras épocas y sociedades ¿es una coincidencia o hay un interés por marcar esas rupturas?

No es algo que yo intelectualice. Tiene que ver con la manera en que funciona mi cerebro. No me es posible escribir las historias -o cualquier tipo de narrativa- de manera lineal. Sumado a esto, normalmente surgen varias historias por abajo que se van articulando con el eje de la narrativa y, también frecuentemente, tiene que ver con el deseo o el gusto que yo tengo de transportarme a otras épocas.  Esto, posiblemente, provenga del hecho que soy historiadora,  entonces una parte de la narrativa muy rápidamente me pide otra historia en otro momento, en otro lugar.

Lo que sí ocurre es que la historia del presente termina de completarse con el pasado. ¿Qué te sugiere esa idea? Porque las personas, por lo general, viven más pendientes de lo que pasa ahora o de lo que pasará después.

En ambas historias lo que ocurre es que hay voces, que, si bien pertenecen al pasado, no necesariamente son voces antiguas. Creo que intuitivamente lo que hago con mi narrativa -y digo intuitivamente porque no lo pienso mucho, así sale- es que hay ciertos aspectos, de espacio y de lugar, que tienen más pertenencia en otros mundos, pero que son justamente los argumentos, símbolos o problemas que de alguna manera intuyo están ocurriendo todavía y por lo tanto, tienen alguna reverberancia o una larga duración.

Por ejemplo, Crímenes simples es una historia que empezó por una idea muy ética, o sea, no por personajes o una historia como otras que he escrito, sino por un momento y una pregunta ¿Qué ocurre en la mente de alguien cuando tiene un enemigo que está muriendo a sus pies y le pide ayuda? Y no se sabe si ayudarle servirá o no, pero es el momento en que se confronta de manera humana a ese otro, y duda. Es un momento ético, si se quiere kantiano o incluso hobbesiano, del deber hacia el otro, el estar hacia el otro.

Crímenes simples surgió de ese momento. Por ser muy de la filosofía política/ética, me transportó de manera natural a momentos de enemigos y de enjuiciamientos de responsabilidad, que en este caso en particular fue Moscú en 1960.

Que, además, fue donde naciste…

Así es. Se podría decir que yo sólo nací en la Unión Soviética, pues me fui a México muy pequeña, pero está muy presente en mi mundo infantil porque después tuve un perfil cultural muy ligado con todo eso. Y con ello, una serie de propuestas políticas, ideológico-utópicas, morales.

 

Internet, los datos y las preguntas

 

Está también el tema del mundo cibernético y de los medios de comunicación que paradójicamente aíslan a las personas…

Ese mundo, que en la novela es la empresa Visión Enigma, por un lado es una referencia obvia al mundo contemporáneo en términos que tenemos una cultura ligada con el sistema mediático. Éste, construye, usa y organiza a partir de la información que da, en donde la información se toma como la verdad,  no sencillamente como información o datos.

Entonces, por un lado, evidentemente hay una crítica al mundo cultural, mediático, contemporáneo, no sólo en México o Latinoamérica. Es una herramienta de poder en donde los individuos incorporados pocas veces tienen actitudes críticas o autocríticas. El sistema mediático está hecho con un montón de gente que critica distintas cosas, pero no al propio sistema mediático.

Está hecho para que los individuos no lo vean.

A mí lo que me interesó en el mundo de la información, no es solamente su presencia como un poder cultural, o un poder político, sino la apuesta o la confianza que tiene el individuo del mundo contemporáneo en que hay un mundo de información que le resuelve problemas éticos, en donde se ha diluido la responsabilidad individual del ser humano hacia el otro.

Sí, está hecho como una especie de guía cultural, política y espiritual. A mí lo que me interesó en el mundo de la información, no es solamente su presencia como un poder cultural, o un poder político, sino la apuesta o la confianza que tiene el individuo del mundo contemporáneo, en que hay un mundo que le resuelve problemas éticos, en donde se ha diluido la responsabilidad individual del ser humano hacia el otro. Entonces, aboga a este universo de datos que le dé lo requerido: el hacer o no hacer. Y sin responsabilizarse de algo tan elemental, tan básico, tan antiguo, como es ver al otro.

Como académica y especialmente en una época en que internet es una herramienta clave para los estudiantes ¿Te parece que las universidades están alertando a los futuros profesionales sobre este dilema ético?

El sistema de internet como desarrollo tecnológico me parece una maravilla, pero el problema, para variar, no es la tecnología, son los humanos. Como académica, usar internet es una cosa cotidiana y me ha servido muchísimo porque efectivamente es una gran base de datos que me ahorra tiempo para muchas cosas y que tiene documentos excepcionales. Es una maravilla tener un sistema en el cual tú navegas y encuentras la réplica de un documento del siglo XVI que te hubiera tomado semanas en un archivo.

Eso, no quita la nostalgia, el deseo y el gusto de llenarse de polvo y oler a papel viejo, ¿no? Pero para ciertos fines es fabuloso. Me entero de información que de otra manera no sabría, conozco mundos que no conocería, autores, voces. Pero lo que no hay es una educación por parte de las escuelas respecto a cómo se usa. Esta gran herramienta no es un baúl de decisiones, es un baúl de información.

Por otra parte, se ha dejado de educar a la gente en esa cosa que se llama la curiosidad, la pregunta que nace de no saber. Pararte de la silla y empezar a buscar. Veo que la educación, en concreto en México a través de mi experiencia como académica y como madre de niños que han pasado por colegios, es que lo que está por debajo de los sistemas educativos o pedagógicos es una realidad tecnológica. Entonces lo usan de una manera absurda, como una herramienta de fórmulas, en dónde además se ocupa muy poco tiempo en ellas, sólo pones un nombre, sacas la información y punto. No enseña a pensar.

Se suponía que la educación era una forma de liberación, pero a la luz de lo que estás diciendo, da la impresión que hoy funciona más bien como una forma de domesticar

La educación debe servir para ser libres, pero la implementación que hacen las instituciones que se dedican a la educación es para amaestrar y controlar. Hay preguntas fundamentales en la ética de cualquier institución educativa que se nos borran ¿Para qué existe? ¿Qué clase de ciudadano se quiere formar? ¿Qué clase de humano se quiere promover? En ese sentido, ha sido sobrepasada por las herramientas. Es evidente que la gran masa no es autocrítica ni crítica. Por eso se puede vender todo en grupos estándar. Con un poquito más de resistencia, te negarías.

 

El texto en el texto

 

johanna-lozoya crímenes simplesEl texto es por lo general invisible en las novelas, pero en las tuyas aparecen documentos o cartas que son fundamentales para comprender la historia, y entonces el texto se hace visible ¿Cuál es tu relación personal con el texto?

Con lo que dices me doy cuenta de que tengo una especie de fascinación con las cartas. Me gusta mucho escribirlas. Y cuando digo escribir, me refiero a hacerlo a mano, mandarlas por correo postal, con estampilla y todo. Para mí el género epistolar es un gozo, algo magnifico. Me comunico mucho mejor con cartas que hablando, porque me parecen terriblemente íntimas y cercanas, te abren el alma.

Cuando tú mandas toda esta información, todo este deseo, todas estas ideas a un interlocutor, pasa que se abre el tiempo. Él va a desear recibir esto y se va a dar el tiempo de escribir. Todo esto que hoy no se puede hacer con el internet porque te gana la rapidez.

Por ejemplo, me ha pasado – y me da un poco de risa- que mando una carta muy larga por internet e inmediatamente llega la respuesta, lo que me obliga en el acto a tener que hacer otra. Esto le quita la intensidad a lo que se ha escrito y el tiempo de reflexión, entonces cada vez se va escribiendo más chiquito y termina siendo como una especie de teléfono. Es otro nivel de comunicación.

Siempre me ha gustado la epístola y en la primera novela, Cartas de Adén, se vio casi natural que el asunto fuera la recepción y lectura de unas cartas. Ahora apareció nuevamente lo de las cartas cuando estaba escribiendo Crímenes simples, y cuando me di cuenta dije no, cómo tanto. Pero son notas en este caso.

Hay ahí una fijación, voluntaria o no, con la palabra escrita.

Es que es eso: para mí la comunicación, no sólo literaria, también la cotidiana, es escrita. Me permite abrir las alas de los símbolos, de la cercanía, de lo que quiero realmente decir. Me gusta la palabra y me gusta mucho la caligrafía. Me gusta escribir, cansarme los dedos, que la letra sea linda y ese tipo de cosas. Originalmente, tengo de carrera arquitecto. Entonces, tengo un poco esa línea de diseño en donde me gusta lo estético. Y eso viene de mucho antes, de chica yo escribía con pluma y me gustaba.

Internet nos elimina la percepción del tiempo y la distancia. Vivimos en una época en donde todo parece automático, fácil y ubicable. Eso inevitablemente debe descolocarnos…

Las cosas necesitan tiempo y el nuestro es totalmente artificial. El mundo se rige con otros ritmos. Buena parte de la neurosis es por incorporarle a la vida un ritmo que no es natural. Tú no puedes agarrar una flor y decirle: sal. No saldrá.

También depende qué tan profundo es cada quién, ¿no? Pero yo creo que las cosas necesitan tiempo y el nuestro es totalmente artificial. El mundo se rige con otros ritmos. Buena parte de la neurosis es por incorporarle a la vida un ritmo que no es natural. Tú no puedes agarrar una flor y decirle: sal. No saldrá.

Pasa también que se elimina la sorpresa. Cuando uno escribe una carta está en un estado de asombro ¿Cuándo llegará? ¿Qué me dirá? Es como lo que me preguntaste hace un rato: ¿Y no te das tiempo para perderte? Obvio, lo mío es perderme. Lo que me molesta es que no me dejen hacerlo, porque secuestran mi tiempo y mi asombro.

Es una fatalidad eso de tener que estar para ser encontrado todo el tiempo. Me da mucha rabia. En el caso mexicano, la única razón por la cual yo uso un celular es porque tengo hijos, en la paranoia de saber si están vivos. Aun así, me parece terrible que no se te deje desaparecer. Que no se te deje perderte, estar contigo mismo. Que no se le dé tiempo a las cosas. Es un mundo de lo inmediato, pero no necesariamente de lo importante.

Y en ese mundo donde no hay tiempo para nada, donde todo es automático. ¿Qué lugar tiene la novela?

Más de una vez me han dicho que mis novelas son cortas y que las divido en capítulos breves, lo que es muy cómodo para leer. No lo hago intencionalmente, pero intento que a nivel editorial se respete no solo lo que escribo, sino que los espacios en blanco, porque eso también tienen una razón de ser.

A lo mejor, tu pretensión es que el lector se tome ese espacio-tiempo que tú dejas y no que pase inmediatamente al siguiente…

Exacto. La novela es corta y, si la pones todo de una vez, pierde el sentido porque el propósito no es que te la leas de un jalón. Hay un momento en que tú respiras el libro, y eso es otra cosa.

 

México: “Nadie está a salvo”

johanna lozoyaEn México hace años ocurren cosas iguales y peores que lo de Iguala ¿Por qué crees que esta vez se produjo esta conmoción?

No es una pregunta fácil, tiene muchas aristas desde donde se puede contestar. Tiene que ver de lo que hemos hablado de los canales de comunicación: no porque tengas muchas noticias significa que realmente sabes mucho, aunque hay una constante de crímenes en México durante las últimas décadas.

Otra arista es que el impacto en la gente frente a esta violencia está muy relacionado con qué tan cerca lo sientes. Hace 20 años, los problemas ligados con el narcotráfico se localizaban al norte del país, por lo tanto eran “ellos” y no “nosotros”. Además, la información se encargaba de puntualizar que era “allá”, que Roma no se ocupase ni preocupase, que eran los bárbaros. Pero evidentemente todos los caminos llegan a Roma y Roma está sitiada hoy por hoy.

Esto significa algo muy concreto: México es un país muy grande, heterogéneo y muy desigual. Es un mundo profundamente estamentario, más que de clases sociales, con un precario Estado de Derecho y de Bienestar, un mundo social muy, muy complejo. Pero se ha ido haciendo cada vez más común que gente conocida ha sido víctima de algún tipo de ultraje y cada vez se va haciendo más claro que esto no solamente es un problema puntual de los narcos. El asunto es mucho más complicado.

¿Se instaló, entonces, la idea de que nadie está a salvo? ¿Ése es el cambio?

Claro. Nadie está a salvo, ahora se dijo lo que siempre se intuyó. La propia Ciudad de México tiene una vida tremendamente tensa, conflictiva, neurotizante. La gente tiene miedo. Tu vida cotidiana, en cualquier punto del país, está de una u otra manera teñida de inseguridad.

Se ha criticado mucho a Peña Nieto y es evidente que motivos abundan, pero la crisis de México es tan estructural que uno se pregunta si puede ser resuelto por un presidente…

Voy a decir dos cosas. Una, estás hablando con alguien que está convencida de que se necesita la organización de la ciudadanía. No sólo en México, en todos lados. El ciudadano no se ha responsabilizado del devenir del país y lo tiene que hacer. Tiene que participar activamente y organizarse de una manera democrática y pacífica, pero se tiene que organizar.

Segundo, México a diferencia de Estados Unidos, es un país que no ubica muy bien el concepto de Estado, ubica el de presidente. Entonces, en Estados Unidos se puede hacer una burla tremenda, se puede subir y bajar al presidente, pero no se toca al Estado, que es un principio, un concepto en donde las instituciones son visibles y sagradas. En el caso mexicano, se confunde al personaje público con el Estado, que se ha sostenido sobre personajes y no sobre el concepto mismo de las instituciones y de su consolidación en el tiempo. Por eso, se entiende que cada seis años hay un nuevo proyecto de Estado, entonces no hay consecuencia. Creo que ésa es una de las cosas que tenemos que repensar.