plaza-de-armasLa espera casi duró todo un año. Paneles de madera y accesos bloqueados impidieron durante 11 meses el libre acceso hacia el interior y los alrededores de la Plaza de Armas, cuya estética e infraestructura sería intervenida después de 15 años. El resultado, sin embargo, estuvo lejos de satisfacer las expectativas de la gente.

Con una inversión de más 1.600 millones de pesos, la reciente remodelación de la plaza contempla –según las autoridades de la comuna- nuevas luminarias con tecnología LED, conexión wifi, cámaras de seguridad, 40 por ciento más de árboles, señaléticas con códigos QR, la recuperación del Portal Bulnes y trabajos de adoquinado de la calle Compañía. Además de la instalación de un administrador que se encargará de la limpieza y seguridad.

Los recientes arreglos fueron presentados hace unos días, causando escepticismo y decepción entre los habitantes, que esperaban una transformación profunda de un lugar que, según dicen, cada día pierde más su esencia y valor como espacio para la interacción social.

 

Una larga espera sin recompensa

plaza de armasDesde su larga historia en el epicentro de Santiago, la Plaza de Armas ha sufrido múltiples cambios. Quizás, el más recordado por los vecinos fue la transformación que experimentó en el año 2000, cuando gran parte de sus árboles y recordadas piletas fueron reemplazadas por la apertura del espacio, con el objetivo de resaltar el patrimonio arquitectónico que la rodea.

En opinión de Vólker Gutiérrez, director de Letra Capital y autor del libro “Plaza de Armas, el corazón de Santiago” (2013), en esa remodelación fue cuando “pasó a ser una plaza dura, de harto adoquín. Ahí sí que perdió mucho”.

“En la transformación de ahora, no es que haya perdido, pero mucha gente se ilusionó con la idea de que iban a devolver la plaza más pueblerina, por así decirlo, que tuvimos hasta el 99. Con árboles más frondosos y como un lugar efectivamente más agradable para sentarse y conversar”, opinó Gutiérrez.

Lo cierto es que el entusiasmo y la larga espera de los vecinos, turistas, inmigrantes, trabajadores y comerciantes que dan vida a la Plaza de Armas, no se tradujo en un resultado satisfactorio para todos. Para muchos especialistas, esto se vincula directamente con la falta de participación y voz de la población en general a la hora de tomar decisiones sobre los cambios de la plaza y de la planificación urbana en general.

 

El anuncio de Metro: un chiste de mal gusto

plaza de armasSin embargo, las consecuencias de una planificación urbana errática no se evidencian sólo en la falta de participación ciudadana. A pocos días de su apertura después de la remodelación, las mismas autoridades de la comuna anunciaron que es muy probable que la Plaza de Armas vuelva a ser cerrada por otros tres años más debido a los trabajos que serán realizados en dicho espacio para la futura Línea 3 de Metro.

Durante horas, nadie entendió nada. Como en otras ocasiones, las autoridades optaron por apuntarse mutuamente a la hora de establecer responsabilidades, evidenciando la falta de coordinación a la hora de tomar decisiones sobre el futuro de uno de los lugares más emblemáticos de Santiago. En este escenario, a la decepción de los vecinos ante las escuetas remodelaciones, se suma la incomprensión ante un eventual próximo cierre que les impedirá disfrutar por otro largo tiempo de la plaza.

Falta que conversen las distintas instancias que trabajan sobre la Plaza y otros lugares de Chile. Se necesita de coordinación o se vuelven a hacer las mismas cosas. En Chile falta planificación urbana y esa es una deuda que tenemos con la ciudadanía principalmente”, recalcó Vólker Gutiérrez.

“Falta que conversen las distintas instancias que trabajan sobre la Plaza y otros lugares de Chile. Se necesita de coordinación o se vuelven a hacer las mismas cosas. En Chile falta planificación urbana y esa es una deuda que tenemos con la ciudadanía principalmente”.

En el recuerdo quedarán las declaraciones del intendente metropolitano, Claudio Orrego, y la propia alcaldesa Carolina Tohá, quienes manifestaron su molestia como si su trabajo no contemplara la reflexión sobre ésa y otras decisiones sobre la Plaza de Armas.

“Se acaba de remodelar la Plaza de Armas y abrirla a la comunidad y, algo que es absolutamente inconcebible, no hemos terminado de inaugurar y ya vamos a empezar a picar nuevamente”, se quejó Orrego, asegurando que cada entidad trabaja en el territorio por su cuenta.

A su favor, Carolina Tohá argumenta que el estudio de impacto ambiental no consideraba esa estación de Metro justo en el lugar donde ahora será intervenido el espacio. Por ahora, se evalúa la posibilidad de correr y postergar el proyecto sin que esto de luces sobre una solución definitiva. Ante los medios, Orrego recalcó que si Metro no vuelve a su proyecto “original”, él podrá tomar la última decisión al respecto.

Improvisación y desorden en el gasto público son algunos de los factores que indignan a los ciudadanos, principales afectados de la descoordinación entre las autoridades que hoy patalean sobre la falta de acuerdos entre instituciones, casi como si ellos no fueran parte de ese error. Por ahora, todo apunta a esperar la respuesta que Metro ofrecerá el próximo 22 de diciembre, ante las objeciones de Orrego y Tohá. Además, aún está pendiente la declaración de impacto ambiental.

 

¿Y el espacio público?

plaza de armasEpisodios de dudosa prolijidad administrativa, como lo que está ocurriendo hoy con Plaza de Armas, perjudican directamente la presencia y el aprovechamiento del espacio público por parte de la los vecinos y habitantes de Santiago, así como de sus transeúntes. A su vez, se evidencia una falta de definición política de parte del Estado, a la hora de cuidar, mantener y remodelar lugares emblemáticos, con directo impacto en la identidad y el patrimonio intangible de las ciudades.

Hoy, muchos siguen mirando nostálgicamente al pasado para revivir lo que quedó de la Plaza de Armas, que en la obsesión de sus diferentes autoridades que han decidido retocarla, se ha convertido en un lugar de tránsito más que de encuentro, como sí ocurría en sus mejores años. “Es necesario transformarla en un lugar agradable para que la gente se encuentre ahí. Hoy no hay sombras, te sientes como en un lugar inhóspito y solo quieres pasar rápido por ahí”, recalcó Vólker Gutiérrez.

Los muros y cierres de las obras en construcción tampoco ayudan, menos cuando se podría alejar, sin mayor razón que la descoordinación política, a los vecinos por cerca de 4 años de la Plaza de Armas, si es que Metro concreta su trabajo en lugar. Todo en nombre de un espacio “acorde a los tiempos” que parece alejarse cada día más de lo que sus vecinos y principales invitados esperan.