L.E.RecabarrenTipógrafo, periodista autodidacta, socialista y revolucionario. Luis Emilio Recabarren es quizás uno de los principales forjadores del que fue el nuevo siglo XX en la historia de nuestro país. Líder e intelectual del movimiento obrero, encarcelado, lo revocaron del parlamento y se sometió a dos auto exilios, para volver a Chile y ser el artífice del Partido Comunista en nuestro país.

Se destacó por su incansable lucha por educar a los obreros, por sus incontables revistas agitadoras, por su prosa, sus editoriales y su austeridad. Un hombre que en pleno siglo XX destacó el rol de la mujer en la militancia política, y que ayudó al conducir a la clase obrera a su autodeterminación.

En entrevista con El Desconcierto, los historiadores Sergio Grez (autor de: Historia del Comunismo en Chile. La era de Recabarren (1912-1924). Ediciones LOM) y Julio Pinto (autor de: Luis Emilio Recabarren. Una biografía histórica. Ediciones LOM) analizaron la trayectoria, aporte y actualidad de la vida y obra del fundador de la izquierda chilena contemporánea.

*SG: Sergio Grez JP: Julio Pinto

No es posible pensar en Luis Emilio Recabarren y su aporte sin el contexto social en que vivió. ¿Cuál fue su rol y principal aporte como figura social y política en nuestra historia?

SG: El movimiento obrero es heredero de un movimiento popular que venía desarrollándose desde mediados del siglo XIX. Pero a diferencia de aquel, el movimiento obrero que empezó a estructurarse a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, no fue esencialmente mutualista, puesto que puso el acento en el enfrentamiento con el capital y en la lucha sindical a la vez que política de los trabajadores. Un movimiento clasista, reivindicativo frente al capital y frente al Estado. Este nuevo movimiento obrero cuestionó las bases de la dominación oligárquica y capitalista en Chile, porque se planteó como objetivo no solamente el mejoramiento inmediato de las condiciones de vida, sino muy principalmente en una perspectiva estratégica de emancipación de los trabajadores.

Este movimiento que surgió en el contexto de la eclosión pública de la llamada “cuestión social”, tuvo una serie de líderes que lo organizaron, encabezaron y le dieron perspectivas políticas. Uno de los más importantes fue Luis Emilio Recabarren, pero no fue el único. También hubo otros activistas de distintas corrientes: socialistas, comunistas, anarquistas, demócratas y otros.

Si pudiéramos sintetizar el aporte de Recabarren en conjunto con otros líderes de distintas tendencias, podríamos decir que hicieron grandes esfuerzos para que “la clase en sí”, para que los trabajadores se convirtieran en una clase o conglomerado humano, conscientes de su identidad particular y de sus intereses específicos en el seno de la sociedad, en contradicción con los intereses de otras clases, en este caso la burguesía capitalista.

¿Cómo influye su aporte hasta el día de hoy?

JP: Es complicado personalizar, él fue parte de un proyecto colectivo. Dicho eso, creo que Recabarren simboliza el nacimiento de la izquierda en Chile, que fue un sector político que tuvo mucho peso en toda la historia del siglo XX y que de alguna manera está presente hasta el día de hoy. Por otro lado, Recabarren también simboliza el inicio de los movimientos sociales en Chile que han sido una actor muy relevante y que marcaron la historia del siglo XX hasta ahora. Para simbolizar, Recabarren es el punto de partida de un proceso que culmina con la unidad popular y con Allende. Entonces es uno de los factores que explican la historia chilena del siglo XX.

Recabarren junto a otros fundó el Partido Comunista. Por primera vez que los obreros disponen de un instrumento político para disputar el carácter del Estado. Esto fue criticado desde el anarquismo, también de antiguos correligionarios. ¿Qué tan necesario fue en ese momento la fundación del Partido Comunista y la importancia de disputar desde la institucionalidad?

SG: Hay que subrayar el hecho de que mucho antes, en 1887 se formó el primer partido popular de la historia de Chile, el Partido Democrático (PD), en el cual militó el propio Recabarren. Se trató de un partido que no era estrictamente obrero sino más bien popular en un sentido amplio pues estaba constituido por sobre todo por artesanos y obreros calificados, además de pequeños comerciantes, sectores de clase media asalariada y algunos profesionales e intelectuales. Su política era reformista, liberal avanzada, proponiéndose la “emancipación económica, social y política del pueblo de Chile”.

Pero el desarrollo del capitalismo provocó el surgimiento de nuevos sujetos sociales, entre ellos la clase obrera industrial y eso trajo como consecuencia que el limitado programa del PD no diera el ancho para las necesidades y los intereses de este nuevo sujeto social. Así comenzó a ser desbordado por su izquierda, por corrientes anarquistas y socialistas.

La ruptura de Recabarren y su grupo con el PD y la formación del Partido Obrero Socialista (POS) en 1912, fue una expresión de la radicalización del movimiento obrero como resultado de diversos factores, entre ellos la dura respuesta del Estado y de las clases patronales frente a las reivindicaciones sociales, expresada, entre otras formas, en sangrientas masacres de trabajadores en los primeros años del nuevo siglo. Hubo, pues, un proceso bastante largo para llegar hasta la formación del Partido Comunista de Chile (PC) a comienzos de 1922, partido que adoptó el leninismo y la línea bolchevique, elementos novedosos que marcaron una ruptura con varias características de su predecesor, el POS..

El PC fue una necesidad política de las clases trabajadoras del mismo modo como lo fueron los anarquistas. Ambas corrientes encarnaron una búsqueda de conducción política para el movimiento obrero chileno. Cabe recalcar que este es un fenómeno permanente en la historia: además de sus organizaciones “naturales”, las clases subordinadas requieren de instrumentos políticos para su emancipación, sean estos partidos u otro tipo de organizaciones que jueguen el rol de vanguardia de su movimiento. Lo que diferenció al PC de los anarquistas fue su planteamiento de no desechar los espacios de la institucionalidad burguesa para usarlos en defensa de los intereses de los trabajadores, lo que con el correr del tiempo se convirtió en la línea hegemónica en el movimiento obrero.

Usted ha señalado que Luis Emilio Recabarren ha sido el sepulturero del siglo XIX. ¿Cuál fue ese punto de quiebre en la historia?

JP: Hay cambios estructurales, se instala el capitalismo como modo de producción y eso implica que las relaciones sociales se transforman, entonces aparecen los empresarios en el sentido moderno de la palabra, aparece la industria, la clase obrera y entonces lo que simboliza es esa transición de un Chile tradicional a un Chile moderno en el ámbito específico de las transformación de la clase obrera en un actor político fundamental.

El nacimiento del Partido Comunista se puede entender como una respuesta a la crisis social y política de la época y también como una herramienta política del movimiento obrero, en el marco del sujeto obrero industrial. Hoy día vemos que la instalación del neoliberalismo ha levantado nuevos sujetos, ¿Existe hoy un instrumento político como lo fue el Partido Comunista en el siglo XX?

JP: Es complicado, porque en el caso de Recabarren, el no tenía ninguna duda de que la clase obrera, entendida en el sentido clásico, era el actor que iba a enfrentar las injusticias del orden capitalista e inaugurar una sociedad nueva. Frente a nosotros, él tenía la ventaja de que tenía muy claro su horizonte, su proyecto a futuro. Él no solo se daba cuenta de que había problemas sociales que resolver, sino que también tenía una fórmula, una visión de hacia donde caminar para resolver esos problemas.

Hoy en día hay problemas sociales y económicos claros, pero no hay una visión de futuro tan nítida como lo era el socialismo para Recabarren. Estamos en una situación de desventaja respecto de él.

Recabarren fue muchas veces traicionado, criticado por sus pares, encarcelado e incluso decidió finalmente terminar con su propia vida. Su vida política fue bastante dura. ¿Hacer política militante de izquierda en Chile, pareciera ser difícil, incluso en nuestros días?

SG: Por el rol eminente que jugó en el movimiento obrero, Recabarren fue objeto de la represión de las clases dirigentes y del Estado. Era prácticamente natural que fuera así, en un momento de la historia en que la respuesta del Estado frente a la llamada “cuestión social” era esencialmente represiva. Pero las clases dominantes sacaron lecciones de la historia y particularmente después del ciclo de masacres obreras que se extendió entre 1903 y 1907 y que culminó con el holocausto de la escuela Santa María de Iquique. Entendieron que no era posible seguir conteniendo el ascenso del movimiento obrero y popular solo mediante la represión, de tal modo que sus figuras más preclaras empezaron a elaborar un programa, basado en las reformas sociales, en una legislación social, un proyecto basado más en la política, en la seducción, cooptación, en el diálogo que en la mera represión, sin por ello abandonarla.

Para contener mejor al movimiento obrero y asegurar el orden social capitalista, las elites reformistas se propusieron crear un nuevo tipo de Estado, diferente al Estado oligárquico. Ese fue el Estado de compromiso, asistencial, que empezó a estructurarse desde mediados de los años veinte y que tuvo vigencia hasta 1973, el cual fue una respuesta al desafío lanzado a la clase dominante por el movimiento obrero.

Recabarren puso fin a sus días en el preciso momento en que se empezaba a producir este giro estratégico de la política burguesa. Su decisión fue el fruto de una serie de factores: su desilusión frente a la manifiesta incapacidad del movimiento popular para hacer frente a la instauración del poder militar en 1924, problemas de salud (hay quienes sostienen que sufría de depresión endógena), el cansancio y stress acumulado a lo largo de muchos años de lucha, privaciones y persecuciones, etc. Su entrega a la causa popular fue total. Su propia muerte fue el resultado de ello.

Como conclusión respecto de tu pregunta, habría que decir que, efectivamente, hacer una política efectivamente de izquierda en Chile, siempre ha sido difícil porque implica luchar contra la corriente, las ideas dominantes y las soluciones aparentemente fáciles y de bajo costo. Porque hacer política auténticamente de izquierda significa ser intransigente con todo tipo de injusticias y abusos, rechazar los acomodos y conveniencias personales si ello va contra de los intereses de las grandes mayorías. Así fue durante la época de Recabarren y así sigue siendo en nuestros días.

¿Cómo se podría retomar el legado hoy de Recabarren y su proceso desde la izquierda?

JP: Yo diría tres cosas. Primero, tomar conciencia de que los problemas sociales y económicos que vivimos no son eternos, así que son situaciones que se pueden enfrentar y que se pueden cambiar.

Recabarren funcionaba en un contexto que parecía muy difícil cambiar las cosas, pero nunca tuvo dudas de que el cambio era posible. Entonces esa convicción es un ejemplo que sí se debe seguir, esta idea de que la historia no es algo que está determinado desde arriba, sino que la hacen las personas.

Segundo, un realismo muy fuerte, nunca trató de inventar fórmulas meramente teóricas, sino que al contrario, estudió, se compenetró muy bien de la realidad chilena y vio cuales eran los problemas concretos, con qué actores se contaba. Yo creo que es bien importante que la izquierda de hoy entienda que el Chile de hoy no es el de hace 50 o 100 años, entonces las herramientas y los actores tampoco van a ser iguales.

Por último, Recabarren sumaba un proyecto, una visión clara de hacia donde quería caminar, y eso es lo que yo siento que en general está faltando un poco en los movimientos sociales y en la izquierda chilena de hoy.