Dauno TótoroLa sonrisa del caimán de Dauno Tótoro es una novela que cumple con creces los requisitos del género policial. La trama de viajes y peripecias siguiendo diferentes pistas se elabora a través de una narración ágil y dinámica, en un estilo cinematográfico cargado de imágenes potentes.

Tras esta narración que mantiene el suspenso del thriller y “la literatura de entretención”, se desliza un sub-texto de denuncia y reflexión. Ya en la cartografía misma que constituye el itinerario de Marco Buitrago, se exhibe un continente latinoamericano de yuxtaposiciones contradictorias en una pluralidad no resuelta entre lo indígena ancestral, una modernidad  anacrónica y la posmodernidad en una economía de la globalización. Yuxtaposiciones que tienen, como escenario, una naturaleza exuberante e imperturbable ante la violencia de los seres humanos. Eterna en sus ciclos milenarios.

La aventura policial de Marco Buitrago nos conduce también a una aventura epistemológica. El proyecto científico del ex nazi Reinhard Heindrich, en un territorio resguardado de Belice, aspirar a descubrir la clave para eliminar las enfermedades y “lograr el sueño del superhombre: una nueva raza perfecta, inmune . . . casi eterna”. (p. 259) Heindrich reitera el deseo ancestral de superar las limitaciones humanas. Pero si en el caso de la alquimia, por ejemplo, la búsqueda de la piedra filosofal implicaba una trascendencia de carácter espiritual, aquí la investigación científica está subordinada exclusivamente a intereses económicos, a inversiones que reportarán sumas millonarias. El deseo de “mejorar la raza” no responde, en esta novela, a un ideal humanitario sino a una codicia que exacerba la desigualdad social y un nuevo colonialismo ejercido por las potencias económicas.

El desenlace de su pesquisa lo hace darse cuenta de que, en la organización despiadada de un mundo globalizado, el dinero y el afán de lucro son los verdaderos ejes de una trama que, tras las nítidas transacciones de Wall Street, oculta mecanismos de poder sustentados en la violencia y la crueldad.

Las múltiples peripecias de Marco Buitrago no lo llevan solamente al objetivo policial de encontrar a la hija que Marie Alida dio a luz en un campo de concentración nazi.  El desenlace de su pesquisa lo hace darse cuenta de que, en la organización despiadada de un mundo globalizado, el dinero y el afán de lucro son los verdaderos ejes de una trama que, tras las nítidas transacciones de Wall Street, oculta mecanismos de poder sustentados en la violencia y la crueldad, en una inteligencia científica a disposición de la inversión económica.

En un argumento policial cargado de sucesos sangrientos, cuerpos mutilados y cadáveres que han sido víctimas de un sadismo inhumano, Fabián resulta ser un personaje luminoso—ese rezago primigenio de la Humanidad cuando convivía armoniosamente con su entorno natural. Su inocencia y su habilidad para trasladarse entre las copas de los árboles como un ave o un ángel es, en La sonrisa del caimán, el leve resplandor de aquello que el ser humano ya nunca volverá a ser.

Marco Buitrago, pese a su perspicacia y habilidad en el manejo de armas, también posee un rezago de la Humanidad: sus valores éticos que lo hacen cuestionar el sentido de su búsqueda detectivesca teñida de muertes. Más allá de todo heroísmo, tan típico del thriller, yace la culpa, la compasión, la duda. Al final de la novela, se pregunta si ha hecho bien en rescatar a Tess para que viva con su abuela  Marie Alida y la respuesta suena como el coletazo de un caimán: su deseo de paliar la injusticia y los sadismos del poder ha resultado ser la carnada de un engaño para incrementar esos intereses económicos que engendran el Mal.

Sus ideales y sentido de la justicia caen en la emboscada de la ambición convirtiéndolo en cómplice de una red satánica. En víctima de ese caimán sangriento que domina el devenir histórico desde el cauce soterrado de la sed de dinero y poder.

Al final de la narración, la sonrisa del caimán—verdadero símbolo de la avaricia, la crueldad y la violencia—posee un tinte irónico y sarcástico. Ha burlado los ideales de Buitrago del mismo modo como la novela, en sí, ha transgredido los límites de la entretención trivial para infundir en “lo detectivesco”, un serio cuestionamiento del andamiaje oculto de la ciencia y la tecnología en nuestro mundo contemporáneo.