GladysGladys Marín Millie fue profesora normalista, dirigenta universitaria, parlamentaria a los 23 años, luchadora en la cladestinidad de la dictadura y presidenta del Partido Comunista.

Los diversos roles de su vida, desempeñados en una sociedad aún más machista que la del Chile de hoy, jamás pudieron opacar su dignidad femenina, acrecentada por la leyenda de su trabajo en la resistencia política y las recordadas imágenes de su tenacidad al enfrentar la fuerza policial en las manifestaciones de la postdictadura.

“Yo creo que fue una de las mujeres, una de muchas, que abrió espacios a la mujer a través de la práctica política y en la calle. Fue coherente hasta el final y una persona muy estudiosa, eso lo presencié. Ella estudiaba todo los días los diarios, los subrayaba y hacía sus escritos”, declaró Álvaro Muñoz, uno de sus hijos, en una entrevista a un año de su muerte.

Hoy, a un año de la integración del Partido Comunista al Gobierno y a una década de su muerte, su recuerdo llama a veces a la polémica para quienes sienten nostalgia de la consecuencia que revistió a su figura hasta sus últimos días.

 

“Yo sentía la diferenciación social en mí misma”

El historial político de Marín recuerda el de esos dirigentes sociales que hoy cuesta encontrar en los escenarios principales. Nacida en Curepto, hija de un campesino y una profesora normalista, la dirigente aseguró que su primer acercamiento con el comunismo ocurrió cuando unos estudiantes del Liceo Valentín Letelier la invitaron a una manifestación.04

“Cuando comenzaron a explicar lo del comunismo, a mí realmente me maravilló. Para mí fue una ¡revelación!”, señaló en una entrevista con Raquel Correa.

¿Qué la maravilló?, preguntó la periodista. “La idea de que podía existir una sociedad de gente igual. Eso”, contestó Gladys en su estilo. Y argumentó: “Por eso, cuando dicen el comunismo y la lucha de clases… ¡Si la lucha de clases yo la sentía; yo sentía la diferenciación social en mí misma!”.

La humilde profesora normalista logró, después de su paso por las Juventudes Comunistas, integrar el Parlamento en 1965, siendo reelegida en dos ocasiones. Sin embargo, no alcanzó a cumplir con su último período parlamentario luego del Golpe de Estado y la disolución del Congreso Nacional.

Transparente y combativa como pocas figuras del panorama político actual, tras el exilio, Marín regresó en 1978 a Chile para reorganizar la resistencia a Pinochet. Dos años antes, la Dirección Nacional de Inteligencia Nacional (DINA) acabó con la vida de su esposo y otros cinco integrantes de la cúpula del partido. Años después del fin de la dictadura de Pinochet, la dirigente fue proclamada por diversas fuerzas de izquierda como candidata presidencial, obteniendo un 3,19 por ciento de la votación. Entonces, tuvo sinceras palabras para sus contendores.

Sobre Lagos, señaló que es “un hombre del sistema que hace grandes esfuerzos por alejarse de cualquier pertenencia con una izquierda real”. Respecto a Joaquín Lavín, en tanto, manifestó escuetamente que le recomendaría “que vuelva a Cuba, le seguiría haciendo bien”.

 

Su idea de comunismo

Pese a su disciplinada visión ortodoxa sobre el comunismo, Marín sostenía en durante los 90 una postura progresista que recién en las últimas elecciones compartió la mayoría de los candidatos presidenciales: entre otras ideas, defendió la educación pública, gratuita y de calidad y se mostró a favor de la legalización del aborto y la marihuana.

gladys“Ser comunista” – aseguró- “es entregarse a una causa, es pensar que la vida vale la pena vivirla intensamente. O lo haces individualmente o para todos”, declaró una vez.

La dirigenta alcanzó a vivir la etapa en que el Partido Comunista se lanzó a la estrategia electoral, más conocida como la tesis de “todas las formas de lucha” y, pese a lo que muchas veces se señala, estuvo de acuerdo.

“La verdad es la siguiente: en la vida clandestina veíamos que la gente luchaba por la rebelión popular, y el año 80 Corvalán hace pública esa política con la cual, los que estábamos dentro, nos identificamos plenamente y hacemos todo para que se materialice”, explicó.

Pese a las diferencias que ciertos sectores de la izquierda tuvieron y tienen con esa fórmula política, la transparencia de Gladys enamoró transversalmente a quienes incluso discreparon con su mirada autoritaria de la política y la militancia. A 9 años, la suya sigue siendo una ausencia viva y orgullosamente femenina, un homenaje histórico a la mujer combativa en Chile, tal como sus palabras: “Las llamo a ser mujeres plenas, a sufrir por el dolor ajeno, a ser solidarias y sensibles, a enamorarse todos los días, a ser ágiles, livianas, como las mariposas y fieras contra la injusticia”.