Laura GallardoLa variabilidad y el cambio climático de origen antrópico (causado por el ser humano) constituyen un desafío y una oportunidad. Por un lado, la sostenibilidad del planeta está en riesgo debido al impacto sin precedentes de las actividades humanas y sus consecuencias, particularmente, sobre el sistema climático. Por otra parte, la inminencia de los peligros que conlleva el cambio global, nos debe impulsar a cambiar los paradigmas de desarrollo y de la ciencia hacia caminos más sustentables y justos.

Durante tal proceso de cambio, las perspectivas, las capacidades y los quehaceres de la mitad femenina del mundo son cruciales. Contemplar la dimensión de equidad de género es relevante, ya que la vulnerabilidad se ve incrementada en condiciones de desigualdad y porque las habilidades de las mujeres son pertinentes y necesarias para un desarrollo sostenible.

La complejidad del sistema tierra, incluyendo a su dimensión humana, requiere dar cuenta de su carácter caótico asociado a una predictabilidad incierta. También necesita considerar sus múltiples interconexiones, acoplamientos y retroalimentaciones entre los diversos subsistemas, y la creciente presión social y conflictividad que surgen ante la precariedad y la inadecuada gobernanza.

En este contexto, la incorporación a la investigación y al ámbito de la toma de decisiones de personas con capacidad de pensamiento contextual, multifocal y en red, -típica (pero no exclusiva) de las mujeres-, resulta un complemento muy apropiado para enfrentar problemas complejos como el cambio global. Y así se contempla en la Convención Marco de Cambio Climático y, en principio, en nuestras políticas públicas. Pero igual que con la convención, hemos tod@s de apurar el tranco.