Nota de la Redacción: El Desconcierto, fiel a sus convicciones democráticas hacia adentro y hacia afuera, ha decidido transparentar un debate ocurrido al interior del equipo, que es reflejo de uno mayor que se da en la sociedad y que hemos promovido: el lugar de las mujeres en la sociedad actual y el modo en que eso tensiona la inmemorial subjetividad masculina. Uno de nuestros productores en redes sociales, Daniel Olivares, fue protagonista de una polémica esta semana. He aquí sus descargos y, en otra entrada, la respuesta de una de las periodistas del equipo.

El bajísimo nivel de comprensión lectora, junto a la volátil facilidad para trollear y odiar a través del fantástico mundo de la Internet se han fusionado, ágilmente, luego de que se publicara un pequeño artículo en Mutis titulado The Beast is Back: #LolaPilucha, fotos de potos. Fui crucificado y calificado como un degenerado, un enfermo, un criminal… etc. Alcancé a leer puteadas tan creativas y llenas de odio y tengo la impresión de que el material les causó tanto daño, que debían comunicármelo y con énfasis hasta las amenazas: bueno, les confirmo que leí cada gracia que redactaron y dispararon como balas locas en la red.

¿Les parece malo mirarle el culo a alguien? ¿Tiene, en serio, algo de malo andarle mirando el culo a la gente? No, no, no, lo malo es que te pillen mirándole el culo a alguien. Y eso creo que vendría siendo lo más parecido a la definición de hipocresía.

mirar el culo de Kim

Porque por un lado se aplauden la mediática celebración de Miss Reef, cada “mueve-la-co-lita”, el traje de cristales de la Reina del Festival Viña y la cámara GoPro a centímetros de su coxis, la blanca portada del más reciente disco de Javiera Mena (reconocida lesbiana y feminista) en topless; pero el registro fotográfico de los shorts de las jóvenes asistentes en Lollapalooza va más allá, es más violento, es grave. Algunos dan por sentado que quienes aparecen en el artículo son menores de edad y otros que las modelos nunca supieron que las fotografié: les cuento que están equivocados. No uso una cámara escondida y casi siempre mantengo un breve diálogo con las personas que retrato. ¿Será que asumen que no hubo plata de por medio? Porque cuando alguna “artista” de la televisión aparece en paños menores y le pagan por mostrar su cuerpo, todos aceptan: hay cotidianamente un extraño razonamiento muy de prostíbulo. Si hay plata de por medio, está bien la desnudez. Evidentemente, no le pagué ni le pagaría un peso a nadie para que me deje fotografiarle.

reina

Y si está mal andarle mirando el culo a la gente, peor todavía reconocerlo y hacerlo público. Así me llegó, por lo menos. Porque rápidamente se relacionaron esas 16 fotografías con el grave tema del acoso callejero, la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, el machismo que ha fundado nuestra sociedad… etc. ¿No será mucho? ¿Creen, con la cabeza fría, que hay una relación directa entre acosar sexualmente a alguien y fotografiarlo? ¿Es realmente tan violento publicar esas fotos? ¿No será que andamos hipersensibles? Puede ser que como sociedad estemos “en esos días”. Por favor, tómenselo con humor y altura de miras. Reconozco que con las fotos promoví la cosificación de la mujer y me temo que ahí estuvo el error, no forzado, ya que el reencuadre descontextualizó las imágenes y las cargó de una negatividad que no tenían.

sir david

Entiendo que históricamente han quedado en el segundo plano y que ha sido una larga lucha para ser escuchadas, una larguísima batalla para que tengan derecho a votar. Claro que lo sé. Y entiendo que  como género pisoteado y disminuido, hayan juntado odio y resentimiento por mucho tiempo: y que una humorada “sexista” en ese escenario es todo menos graciosa y brota sin freno el ánimo por condenar al desubicado. Por eso me sumé a las disculpas publicadas por el director de Mutis.

Estoy absolutamente al tanto de sus luchas hoy, trabajando de lunes a domingo para ElDesconcierto, uno de los pocos medios que promueven TODO lo que demandan las distintas agrupaciones y organizaciones feministas. Me encargo de difundir cada marcha convocada pro aborto, cada entrevista sobre la desigualdad de género, cada estudio… etc. Y claro que las apoyo, pero no por eso voy a dejar de mirarles el culo, lo siento, es inevitable. Creo que como sociedad vivimos un momento complicado si decidimos condenar el acto animal y natural de contemplar la belleza del cuerpo humano (sin mencionar la libertad de expresión). Porque si eliminamos de raíz el espacio para piropear, será igual que abortar a los próximos Claudios Bertonis, ni hablar de los nuevos Charles Bukowskis. El asunto no es cara o cruz, hay maneras y maneras de halagar y creo que la única opción cierta de evaluarlo es según su impacto. Yo me desubiqué y bajé el moño, creo haberme ganado algunas cachetadas y ya está. No era la manera adecuada, punto. No soy yo quien las transformó mediáticamente en un objeto hipersexualizado, no merezco ni la fama ni la infamia por eso.

Un par de años atrás publiqué algo muy parecido en Paniko y también causó revuelo, en esa oportunidad la mayoría de los comentarios negativos iban dirigidos a las modelos de las fotos con celulitis, o “muy gordas” o “muy flacas”. Comentarios directamente hirientes. Ahora el odio se canalizó hacia el fotógrafo, estamos cambiando como sociedad y espero que para bien, pero nos vendrían bien unos paños fríos. Aterricemos el debate. Por último, les pido que no nos quiten la posibilidad de contemplarlas y piropearlas. Resultó mal lo de #LolaPilucha, pero era eso y nada más que eso: un homenaje a la polémica prenda y un sincero agradecimiento para quienes usaron esos shorts. Punto.

Joker