conicyt posgrado mercadoEsta semana, la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt) nuevamente generó polémica, al intentar hacer cambios imprevistos en las bases del concurso de Becas Chile para estudios de magíster en el extranjero. Situaciones como ésta se suceden año a año, mostrando que Conicyt parece ser una institución incapaz de conducirse en base a lineamientos estratégicos ni de respetar a la gente involucrada en el desarrollo de la investigación y la generación de conocimiento. En este historial de deslices se manifiestan los vicios estructurales que impiden que Conicyt cumpla el papel para el cual se supone fue diseñada: ser un agente activo en el desarrollo y modernización de nuestro país.

Durante los últimos años Conicyt generó problemas como el de los “Inhabilitados”. Estudiantes que se retrasaron en la entrega de sus tesis, todos ellos por motivos justificados por sus respectivos programas (desde embarazos, pasantías en el extranjero, o incluso demoras administrativas de las unidades académicas en los procesos de titulación), y que hasta el día de hoy siguen con su desarrollo académico suspendido, e incluso con la exigencia de devolver sus sueldos de los últimos años. Una locura.

Anteriormente hemos argumentado que el caso de los inhabilitados por Conicyt representa una manifestación especialmente violenta de una estructura pública viciada y desdibujada por su orientación forzosa hacia el Mercado. Así, las que fueron originalmente concebidas como becas, basadas en una lógica estratégica de formación y promoción de conocimiento para contribuir al desarrollo del país, se transformaron en créditos condonables, forma en la cual dejan de servir como herramienta para lograr sus objetivos originales.

En años anteriores, cambios en las bases de concursos para estudios de Magíster nacional también habian generado problemas. El 2012 Conicyt decidió por primera vez excluir de este concurso a estudiantes que ya fuesen alumnos regulares de programas de magíster (es decir, que habiendo cursado ya un año, postulasen para financiar al menos el siguiente). Un cambio, nuevamente, unilateral y desinformado. Esa vez la movilización de los estudiantes de postgrado organizados en la Universidad de Chile y la Universidad Catolica forzó la realización de un inédito concurso complementario, dirigido a los alumnos regulares que habían sido apartados del concurso anterior.

A finales del año 2014, este mismo concurso de magíster nacional generó problemas por la nuevamente desconocida y sorpresiva estipulación de que las becas estarían dirigidas sólo a los estudiantes de la misteriosa figura de los “programas diurnos de dedicación exclusiva”. Dicha figura, en la práctica, dejaba fuera de bases a gran parte de los programas de postgrado de nuestro país. Luego de una corta pero efectiva campaña de presión organizada en gran medida por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, la Comisión cambió las bases del concurso en la mitad de su desarrollo.

Esta semana, Conicyt abrió su concurso de Becas Chile para estudios de magíster en el extranjero con la sorpresa de que los requisitos mínimos para participar en él cambiaron. Mientras que antes se exigía un promedio de notas del pregrado superior a 5.0, o la pertenencia al 30% superior del ranking de egreso de la carrera, al concurso 2015 sólo se podría postular con un promedio de notas del pregrado superior a 5.5 sin importar el ranking. Esto genera problemas con los planes de los postulantes actuales y nuevas presiones sobre los cuerpos académicos que dirigen y tienen que calificar a estudiantes que están cursando carreras de pregrado.

Este cambio dejaba fuera de concurso a postulantes, que considerando las bases de los últimos años ya habían empezado su proceso de postulación, muchos de los cuales ya habían sido aceptados en las universidades extranjeras y/o habían gastado dinero en certificaciones de todo tipo ante la posibilidad de cambiar de país de residencia. Esta vez luego de una campaña comunicacional relativamente extendida durante el día de su publicación, la medida fue revertida (¿provisionalmente?) mediante un escueto comunicado en la página web de la Comisión.

Actualmente Conicyt está enfrentado a una dificultad que es la causa de esta serie de errores: la sobrepoblación de postgrados en relación a la capacidad real del país para insertarlos académica y laboralmente y la falta de un plan nacional de producción de conocimiento con el cual enfrentarla. Con todas estas iniciativas frustradas, Conicyt está intentando traspasar los costos de este problema a los becarios y nuevos postulantes. Así, se decide derechamente nivelar para abajo, cuadrando los presupuestos a través de la reducción del número de becas en lugar de apostar por incrementar los recursos y desarrollar la infraestructura, poniendo restricciones sobre concursos en lugar de construir y fortalecer una matriz pública de investigación que permita materializar las capacidades de los nuevos profesionales en el desarrollo productivo y social del país.

En definitiva, todo lo anterior sugiere que los problemas de Conicyt no son exclusivamente administrativos, sino que son consecuencia de la expansión del Mercado y la falta de control democrático en el sistema científico nacional.

Contrariamente a la lógica secretista y gerencialista con la cual ha operado Conicyt, si hay algo que puede garantizar el correcto funcionamiento de las políticas de formación de profesionales y producción de conocimiento en servicio del bien común, es la participación activa, permanente, y determinante en su diseño y ejecución por parte de una estructura democráticamente conformada en la que interactúen consejos directores, consejos de asesoría técnica, universidades, organizaciones de estudiantes de postgrado y sociedades científicas entre otros. Ni su transformación en un Ministerio, ni la conformación de comités cerrados de supuestos expertos, pueden solucionar problemas que son de origen político, en las prioridades o lineamientos generales de Conicyt.

Al final, Conicyt se ha transformado en un símbolo más de los vicios estructurales de nuestra democracia en general. Al igual que tantas otras instituciones de nuestro país, tanto sus objetivos como sus métodos se han visto contaminados por la nefasta combinación de autoritarismo tecnocrático y mercantilización. Para enfrentar esta combinación, y tomando en cuenta las lecciones de los problemas expuestos, sólo tenemos una solución: apuntar hacia la democratización de la institucionalidad científica, y ponerla al servicio de todos y todas.

* Pablo Contreras y José Miguel Sanhueza son Delegados de Postgrado de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Ambos son parte del movimiento Izquierda Autónoma.