tragedia punkLa noche del jueves 16 de abril será recordada con la marca del drama, el sin sentido y la muerte en la escena contracultural y punk rock chilena.

¿Recuerdan cuando tras la cordillera casi 200 jóvenes murieron en un desastroso recital en un lugar llamado “República de Cromañón? Bueno, acabamos de vivir algo en esa senda y nadie parece percatarse.

Durante una ya accidentada tocata de la banda británica “Doom” (había sido pospuesta y cambiada de lugar), una estampida humana entra por todos los medios a un local ubicado en plena Alameda, generando confusión, pelea y el aplastamiento de decenas de jóvenes asistentes. El resultado: más de 12 heridos y asfixiados, cuatro muertes y numerosas familias desgarradas. Un “Cromañón” en pequeña escala trasladado a nuestra realidad actual.

Las causas varían de versión en versión: la insensata acción de un grupo de asistentes que fuerzan la entrada sin pagar; la violencia con que la organización del evento repelió a esta masa descontrolada; el excesivo consumo de alcohol; la cantidad de gente dentro del local; y las condiciones de éste, entre otras. Lo cierto  es que la escena rockera y punk nacional tiene un antes y un después tras esta tragedia.

Los cuestionamientos que surgen son muchos y variados: desde cómo sujetos que se autodenominan punk o anarquistas, pueden haber generado tamaña acción sin importar que sus compañeros y amigos pudieran morir asfixiados, llegando incluso a tratar de impedir el arribo al lugar de asistencia médica simplemente por ser “una autoridad”; hasta las responsabilidades que le caben a la producción y toda una contracultura que deberá aprender de los valores del auto-cuidado, el respeto mutuo, la seguridad y un largo etc.

También me cuestiono, en lo personal, cómo en Chile, un país vecino a la Argentina, puede existir tan poca conciencia respecto a los peligros en este tipo de eventos y su necesaria fiscalización. Y es que el hecho de ser vecinos de Argentina no es menor, cuando hace pocos meses se cumplieron sólo 10 años de una de las más grandes tragedias en el rock: la masacre de Cromañón.

En esa oportunidad fueron 194 los muertos y cientos los heridos, quienes al iniciar un concierto de la banda “Callejeros”, vivieron un infierno luego de que una bengala fuera encendida en un recinto cerrado, atestado de gente, sin salidas de emergencia y con ductos de ventilación en estado lamentable. Y es que la escena del rock barrial (del cual soy ferviente admirador) fomentaba el uso de fuegos artificiales y otras prácticas que ignoraban el bienestar y la seguridad de todos los que rodeaban cada show. Era “la cultura del Aguante” según el autor Sergio Marchi, la que mezclada con locales sin fiscalizar y corrupciones varias, generaron una mezcla explosiva y una verdadera “masacre social” como la denominaran los familiares de las víctimas. De todo eso se sacaron lecciones a porrazos.

Cromañón fue y debe seguir siendo un aprendizaje para todos: productores, músicos, público, periodistas y todos quienes somos parte de alguna contracultura o una escena musical. Y es que no podemos, bajo un discurso seudo-revolucionario, pasar a llevar a nuestros hermanos, amigos y pares de generación con acciones como “avalanchas”, pogos o fuegos artificiales en lugares cerrados y vulnerables. No es posible seguir como si no pasara nada cuando tres seres humanos han muerto en medio del absurdo y la estupidez en plena avenida principal de la capital.

Pero quisiera establecer una diferencia con Cromañón: en el país hermano los jóvenes fueron verdaderos héroes que tras salir, volvieron a entrar en el recinto para sacar a sus amigos o familiares y muchas veces no volvieron más. Acá los asistentes, de forma individualista e incoherente, siguieron forzando la “avalancha” y luego levantaron barricadas para impedir que policías o ambulancias llegaran al lugar. No importó que murieran sus hermanos.

De seguro muchos pensarán que dejo fuera los factores sociales, económicos o políticos ante esta tragedia. No lo hago. No soy inocente ante las lógicas mercantiles que funcionan también en escenas contraculturales o rockeras.  Sin embargo en esta oportunidad, creí de importancia la reflexión sobre las prácticas de los involucrados más directos, los que aún marcados por el individualismo, fueron capaces de ayudar a generar tamaña tragedia para Chile.

¿Cómo llegamos a tamaña deshumanización en que mi rabia o mis gustos pueden llegar a ser más importantes que la vida de quien me acompaña? ¿Cómo personas ligadas a una tremenda contracultura como el Punk y su propuesta rebelde, pueden llegar a tal grado de egocentrismo y violencia visceral? ¿Cómo se nos impregnaron tantos anti-valores de un sistema que nos deshumaniza y violenta día a día?

Es hora de cambiar muchas cosas, pues de lo contrario la violencia y el sin sentido se seguirán apoderando de nuestras vidas y entornos, incluso de quienes creen rebelarse ante ese mismo sistema.