Michelle PeutatMuchos han señalado que esta elección del Partido Socialista es la más importante de los últimos años. Que en ella se juega gran parte del futuro de nuestra organización, su carácter y su función. Lo primero es totalmente cierto, por fin hay una disputa real. Lo segundo, solo parcialmente. Con un triunfo de Camilo Escalona las oportunidades de un nuevo partido no se agotan, pero se hacen muchisimo más complejas. Ya lo vivimos durante los ultimos años de la Concertacion: el Partido del Orden, carente de todo dialogo, donde las posturas disidentes eran excluidas, aquel que miro con soberbia los diferentes exodos – Arrate, el de Marco Enriquez y Navarro -. El Partido sostenedor del eje historico, el partido de la vieja concertacion.

Con la elección de Isabel Allende no garantizamos un nuevo Partido, es cierto; pero abrimos nuevos horizontes para los socialistas. Esta elección es clave para nosotros los militantes y para toda la izquierda chilena, porque puede dar inicio a un nuevo proceso donde el Partido que históricamente ha aglutinado a las fuerzas transformadoras, reflexione sobre su rol e identidad, pudiendo despertar tras un largo letargo.

El diagnóstico de la situación actual del PS para las y los militantes que hemos sido críticos es claro: un partido donde la prioridad para muchos de sus militantes pareciera ser el ascenso personal en funciones gubernamentales o parlamentarias, un partido que no tiene como mision central el fortalecimiento del movimiento social, un partido atravesado por intereses empresariales y que, por acción u omisión, ha pasado de la renovación a la adopción casi total de la política neoliberal. Los escandalosos casos de Caval y SQM que sacuden el escenario político y que involucran a varios militantes del Partido Socialista, no hacen más que confirmar este diagnóstico y hacen patente la necesidad de dar un vuelco en la conducción del PS. Necesitamos una actitud consecuente y duradera en el tiempo y no sólo una oportunista respuesta ante la coyuntura.

En este proceso, para la reflexión del rol que le cabe a nuestro Partido, debemos responder dos preguntas fundamentales. La primera es hacia dónde debemos avanzar. La segunda, como hacerlo. Aqui esta nuestra propuesta.

Necesitamos construir un Partido Socialista que sea herramienta de transformación. Un Partido que ligue su devenir al del movimiento social. Esto no es una novedad (aunque pareciera serlo tras más de 20 años de extravío político), sino que pasa por recuperar la tradición histórica del socialismo chileno. El Partido Socialista debe construir un proyecto de sociedad para el futuro, un proyecto político que represente a la clase trabajadora, que, como bien decía Eugenio González en la fundamentación teórica del Programa del 47’, en todos los países constituye la mayoría nacional.

Ese proyecto político debe proponerse superar el neoliberalismo. Debe contrarrestar aquellas posturas ultra renovadas (que, por lo demás, controlan el PS) que prácticamente igualan democracia con mercado y entender que, por el contario, ello representa una contradicción fundamental, que el mercado hoy invade todas las esferas de nuestras vidas y, mientras que, el socialismo, ligado indisolublemente a la democracia, busca la liberación del hombre, la capacidad de los pueblos de decidir sobre nuestro propio destino.

“Resulta fundamental la democratización de las estructuras partidarias y el fortalecimiento de estas. Sólo así, con los militantes de base empoderados y organizados, es posible hacerles frente a los acuerdos entre un puñado de dirigentes y los poderes fácticos.”

La segunda pregunta es, ya teniendo claro el horizonte que impulsamos como izquierda en el PS, es cómo avanzamos en esa dirección. Para eso, queremos aportar con algunos elementos.

Resulta fundamental la democratización de las estructuras partidarias y el fortalecimiento de estas. Sólo así, con los militantes de base empoderados y organizados, es posible hacerles frente a los acuerdos entre un puñado de dirigentes y los poderes fácticos. En esa línea, es necesario fortalecer los ampliados y direcciones regionales de tal manera de construir partido desde abajo hacia arriba y no al revés. Las regiones deben tener una voz importante y no simplemente seguir las decisiones que se toman en Santiago. La militancia implica no solo disciplina, sino que sobre todo, posibilidad de aportar en la configuración de un proyecto político. La fuerza de la izquierda reside en que somos más, la de los conservadores que pretenden mantener el status quo se basa en nuestra desorganización.

A su vez, debemos abrir las instancias partidarias hacia los movimientos sociales. Un Partido sin base social no puede ser herramienta de transformación. Nuestra colectividad tiene que ser un firme promotor de la organización popular, pues en el estado actual de las cosas, con una clase empresarial que busca frenar cualquier reforma que afecte su posición dominante en la sociedad, es la única posibilidad de impulsar transformaciones profundas y construir un Chile más justo y democrático.

La invitación que hoy hacemos a través de esta candidatura es a construir un nuevo horizonte para el Partido Socialista, acorde a nuestra historia. A recuperar el Partido de Allende, de Eugenio González, de Carlos Lorca. A luchar, desde nuestras distintas trincheras, por una nueva democracia y un nuevo Chile.