El bosque de karadima

Buena película de Matías Lira. Creíble. Viene de la caída de monstruos reales, del destape horroroso de los abusos de curas en todo el mundo a inicios de este XXI.

Del del lado luminoso de la tecnología y de la investigación periodística.

Y Lira trabaja muy bien la tecnología del cine digital. Buenas cámaras de borrones sicológicos, racontos y sonido nítido de los estados de ánimo.

Silencios de terror. Los gustos musicales del “Santito”.

Excelentes Luis Gnecco y Benjamín Vicuña, actorazos.

A la salida de este comentario de cine + de 100 mil chilenos habrá visto “El Bosque de Karadima” y la tendrá entre sus caldos de otoño, en sus memorias recientes de ver a los ricos en los juzgados transmitido en vivo por la televisión, que también decae en sintonías.

La caída de la parte podrida del rostro de la iglesia prepotente y corrupta que acompaña a los dinosaurios chilenos de variadas ideologías y sismos.

La mitad de los creyentes osorninos dudan que uno de los de la patota de Karadima sea la blanca paloma del milagro.

Me recuerda el inicio de “La puta de Babilonia” del colombiano Fernando Vallejo: “…la del santo Oficio y el índice de Libros Prohibidos, la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueo Constantinopla y baño de sangre a Jerusalén; la que arrasó con las culturas indígenas de América…”.

Buena película “El Bosque de Karadima”.

De toda esta chichita estamos hechos los chilenos.