balonQue me perdone el Diego, pero creo que desde hace un rato largo ya, la mugre no se queda solamente adherida a los atavíos de los cerdos del fútbol mundial, sino que el juego mismo se ha visto manchado también.

El fútbol de barrio, ese en que los niños corren felices tras la chimbomba sin más anhelo que urdir una buena jugada que desate los gritos de gol permanece incólume, ¡menos mal! Lo mismo con la pasión del hincha que va semana a semana a dejar la vida sobre el tablón. Quiero creer que eso siempre va a estar ahí y que es impermeable a la inmundicia. Sin embargo, algo ocurre a nivel de las altas cúpulas. Algo se entreteje más allá del pitazo final, entre los pasillos de las federaciones y las oficinas de las confederaciones continentales. Y no hay que ser muy brillante para entender que esta podredumbre corporativizada, le quitó algo de su brillo y su mística al fútbol.

Poco a poco el fútbol comenzó a ser un pretexto para mover cantidades exorbitantes de dinero. De a poco aquello que está más allá de los confines del estadio comenzó a ser más importante que lo que ocurre dentro. Y no hablo de lo evidente, como pudiera ser el hecho de que en algunos casos el futbolista se vea más motivado por la cifra de su cheque que por los colores y el escudo. Tampoco hablo del hombre del maletín. Hablo más bien de cosas estructurales, como los tipos de administración de los Clubes y de cómo éstas han ido extinguiendo el espíritu con esos mismos Clubes se fundaron. Pero en fin: más que hablar de las manchas de la pelotita, como sugiera el título, quiero hablar de la importancia de intentar limpiarlas.

Hace algún tiempo, a propósito del Caso Penta, escribía sobre la necesidad de abrir algún flanco investigativo que ayudara a despejar dudas sobre alguna posible participación de empresarios del fútbol en la estructuración del actual orden institucional del fútbol chileno. Planteaba en esa columna: ¿qué o quién me asegura a mí que el Sr. Delano, dueño de Penta y ex-director de Azul Azul, no haya pagado en su momento a determinados políticos para que cocinaran la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas y así beneficiarse después? Después de lo que supimos en relación a esos mismos dueños de Penta y Ernesto Silva, presidente de la UDI, para que incidiera favorablemente por Penta en ley de Isapres, podemos dudar de todo y todos. Yo, en lo personal, me siento con el derecho, la facultad y casi el deber de dudar y cuestionarlo todo en relación a las Sociedades Anónimas y su génesis. O sea: si Heller, Larraín Vial y Colmenares fueron capaces de coludirse para comprar a la “U” a precio de huevo a mediados de la década pasada, ¿por qué no habrían de maquinar para generar un escenario favorable para apoderarse de los Clubes? No estoy acusando a nadie, solo planteo que es razonable tener la duda.

blatterY todo eso lo sugería hace un rato ya, mucho antes de que se supieran todos los escándalos de la semana pasada, en que la FIFA enfrentó su crisis política y de legitimidad más grave desde que existe, tanto así, que el propio presidente Joseph Blatter se vio en la necesidad de renunciar, o de poner su cargo a disposición, que para el caso es lo mismo. ¡Quién lo habría dicho! Sobornos iban y venían, con diversas motivaciones, muchas de ellas orientadas a asegurar la realización de torneos continentales y mundiales en determinados países (con todo lo que eso conlleva: pagos por auspiciadores, derechos de transmisión, etc.). Y es en ese escenario en que Sergio Jadue se ve también en apuros, porque hay acusaciones serias que indican que el hombre recibió pagos por la realización de la Copa América en Chile. Él, como es lógico, se apuró en salir a “aclarar” y desmentir las acusaciones, pero las dudas en los hinchas y gente ligada al fútbol persisten. Y es que definitivamente algo no huele ni se ve bien en la ANFP. Ni hablar de la FIFA.

Ahora bien, cuando la probidad de la cabeza de una institución se encuentra en entredicho, la lógica indica que es sano tener dudas sobre toda la estructura que está por debajo. Lo ligo entonces con las dudas que persisten a partir del caso Penta, el posible vínculo de empresarios y políticos y no puedo sino entender como urgente la necesidad de realizar una investigación exhaustiva y profunda en torno al negociado que se ha producido y determinar así su legitimidad. Y no solo sobre la adjudicación de la Copa América. Limitarse a eso sería una tontería. Hablo de todo lo que involucra o involucró grandes flujos económicos y de poder en el fútbol, así como de lo que derivó en el actual sistema administrativo nacional. Y que se entienda: no se trata de generalizar y dudar de justos por pecadores. Se trata simplemente de buscar la transparencia que nos prometieron y de disipar las dudas que, ojo, han surgido a partir de antecedentes reales.

¿Lo malo? Parece muy poco probable que el FBI tenga algún interés en investigar las particularidades y el historial de hechos que llevaron al actual ordenamiento estructural del fútbol chileno.

¿Lo malo? Parece muy poco probable que el FBI tenga algún interés en investigar las particularidades y el historial de hechos que llevaron al actual ordenamiento estructural del fútbol chileno. La caja de Pandora abierta por Chuck Blazer ha puesto el foco investigativo en macroestructuras, en peces gordos, en la FIFA, y ahí caerán los que tengan que caer. Sin embargo, acá, en Chile, ¿quién investiga a nuestros dirigentes? La verdad sea dicha: si no es por Hugo Bravo, probablemente ni nos enteramos de las irregularidades tras el Caso Penta, lo cual no habría develado a su vez las aristas de SQM, Caval y todo el mierdal que el mundo político venía orquestando desde hace quién sabe cuánto. ¿Quién se da el tiempo para ir más allá de la duda razonable e investigar?
Peor aún: las autoridades competentes están, y estoy seguro de que pueden hacer “la pega”. El problema realmente radica en que para la mayoría –nosotros, los hinchas– no es gran tema. Para muchos no es del todo relevante la legitimidad de los pilares sobre los que sustenta al actual fútbol. Si Jadue recibió sobornos, ok, renunciará, vendrá otro y ya. Si la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas es un vástago bastardo de relaciones ilegales o poco éticas entre políticos y empresarios del fútbol del cual todos pueden sacar una tajada, ¿qué importa? Total, «ahora todo es más ordenadito y profesional». En ese sentido, es como lo que pasa con nuestra Constitución política: algunos piensan «para qué cambiarla, si las cosas “funcionan”», sin fijarse en su ilegitimidad.

Claro, seguramente a más de alguno se le ocurriría cuestionar la legitimidad de todo lo que deriva de las relaciones que Jadue establece en su calidad de mandamás. Alguien entenderá, por ejemplo, que no hay razón para no tener (al menos) dudas respecto de la legitimidad de la concesión de los derechos de transmisión del CDF o de los contratos de Chilefilms. No a pocos empezarán a cuestionar a las S.A. en su génesis. En fin, la lista de ámbitos donde pudiera haber irregularidades es amplia, pero quienes lo cuestionen serán los menos. Y he ahí el gran problema: en la medida de que no exista un clamor y una demanda popular por demostrar fehacientemente la probidad de todo lo que envuelve el fútbol chileno, no habrá una sola miserable investigación y seguiremos viviendo en la sombra de la duda.

fútbolPero es mucho más complejo que eso. Y como dije antes: no se trata de incitar a una histeria colectiva o darle rienda a una paranoia que nos haga cuestionarnos todo. Se trata simplemente de la aspiración legítima de saber a qué estamos jugando realmente. Se trata de tener la certeza de que aquello que más amamos (nuestros clubes) no es parte de un entramado que surge de la ilegalidad y de que no hay tipos haciendo ricos a costa nuestra. Porque una cosa es que la administración del club de mis amores, la “U”, haya cambiado por una disposición legal; otra muy distinta es que esto sea producto de una maquinación orquestada por poderes económicos y políticos. Eso ya sería un robo. Y eso no se puede tolerar.

La credibilidad de fútbol chileno se cae a pedazos. De la legitimidad aun no podemos hablar a ciencia cierta, porque deben haber investigaciones serias y profundas y solo con la luz que ellas arrojen sabremos si todo está en regla o si, para variar, todo está podrido. Esperemos entonces que alguien tenga los huevos para ponerse a investigar.