En octubre de 2011, la flamante nueva Ministra de Educación, Adriana Del Piano, participaba del panel “El primer café” que anima Cecilia Rovaretti en la Radio Cooperativa y comentaban acerca de temas de educación en el contexto de las movilizaciones estudiantiles y de las reformas necesarias.

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El programa cerró con el obsequio de la revista “El Periodista” en la cual había un artículo de mi autoría sobre Educación Sexual y Embarazos en Adolescentes. Eso me animó a escribirle solicitándole una reunión para hablar sobre estos temas desde su cargo de Secretaria Ejecutiva de Educación 2020.

En una amena conversación sostenida algunos días después, repasó su labor en los cargos de gobierno y los desafíos que significan la implementación de programas de educación sexual. Mi interés radicaba en que desde su labor en el Servicio Nacional de la Mujer (2000-2003), en conjunto con el Ministerio de Salud y el Ministerio de Educación había llevado adelante el Plan Piloto “Hacia una sexualidad responsable” que tenía como misión a contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas y se proponen desarrollar una línea de acción conjunta en el ámbito de la sexualidad.

Luego, este plan piloto sería insumo para el Plan Nacional de Educación en Sexualidad y Afectividad (2005-2010), pero esa es otra historia.

La conversación en ese momento se inclinó por dos temas que me interesaban: lo primero, la racionalidad con la que operan las instituciones estatales respecto de las poblaciones que tienen que abordar. Y lo segundo: el momento histórico para realizar los cambios que la sociedad viene demandando.

Respecto de esto último, la nueva Ministra de Educación apuntó a una conjunción de voluntades de las mujeres que comandaban las distintas carteras ministeriales para implementar el Plan Piloto que se ejecutó en ocho comunas del país, que tenían como característica los altos índices de embarazos en estudiantes y cuyas autoridades tuviesen una sensibilidad con el tema. El primer gabinete de Lagos sólo contempló cinco ministras de un total de veinte ministerios, entre los cuales incluyó a SERNAM y el Consejo Nacional de la Cultura que no eran Ministerios, pero cuyos titulares poseían el rango de Ministros; además, dos ministro tenían a cargo dos carteras (bi-ministros) y ninguna de las ministras estaba en el Comité Político. En Salud se encontraba Michelle Bachelet (2000-2002) y en Educación se encontraba Mariana Aylwin (2000-2003).

Pese a eso, eran Salud y SERNAM quienes lideraban las propuestas de sexualidad en el ámbito de la educación y eso presentaba algunas dificultades, porque cuanto esto se trata de “educación en sexualidad” y por mucho apoyo que presten los otras instancias gubernamentales, lo que se está promoviendo es la incorporación decidida de las temáticas de la sexualidad, afectividad y género en el aula, en el currículum y en los espacios de convivencia escolar.

La importancia de este plan piloto está dada por ser la segunda iniciativa intersectorial después de las Jornadas de Conversación sobre Afectividad y Sexualidad –JOCAS- y luego de la promulgación de la Ley N° 19.688 de 2000, que garantiza el derecho a la educación a las estudiantes que se encuentran embarazadas o que sean madres lactantes.

Es claro que el Ministerio de Educación es más conservador en estos temas, que la incidencia que ejercen los sectores conservadores es más efectiva y que ha remitido el tema de la sexualidad al ámbito privado-familia, mientras que Salud y SERNAM han tenido acciones más de vanguardia respecto de estos temas. En el caso de salud nos podemos remitir a la política de planificación familiar en la década de los 60’s, el acceso a la anticoncepción (pre y post) y de la respuesta al VIH y Sida, en cuyas campañas de comunicación social de prevención al Sida se han incluido escolares en las piezas publicitarias (salvo en la actual campaña). Por su parte SERNAM, avanzaba en una agenda de género impulsada por los grupos de mujeres, que ponía acento en los derechos sexuales y reproductivos en línea con lo establecido en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo realizada en El Cairo en 1994 y la Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing 1995.

Un dato significativo y que da cuenta del interés en el tema abordado, es que en septiembre de 1996, en pleno período de implementación de las JOCAS y a raíz de los ataques por parte de los sectores conservadores y una parte de la iglesia que solicitaban el retiro de dicha iniciativa, Michelle Bachelet y María Soledad Barría, pertenecientes a la Comisión de Salud del Partido Socialista declaraban, en conferencia de prensa, que era necesario extender las JOCAS a todo Chile.

Respecto de la(s) racionalidad(es) con que operan las decisiones de implementar determinadas políticas públicas, es preocupante que las reparticiones tengan asignadas determinadas poblaciones. Un ejemplo de ello es que el Instituto Nacional de la Juventud no considera dentro de su población a abordar las/os adolescentes en conflicto con la ley, dado que ellas/os “pertenecen” al Servicio Nacional de Menores –SENAME-, así ocurre con el ámbito de la educación sexual, ya que MINEDUC lo remite a salud (a esto lo he llamado “la mecánica de la sexualidad”) o al ámbito familiar. Y por lo tanto, es dificultoso articular políticas intersectoriales, al parecer es un sueño de toda administración, pero no se ha logrado concretizar.

Un artículo reciente de Daniel Reyes que vincula la reciente promulgación del Plan de Educación Cívica y Formación Ciudadana con el déficit de la educación sexual es revelador de los nudos críticos que se enfrentan tanto desde el currículum como desde el microespacio. En esta ocasión, Adriana Delpiano tiene la oportunidad, junto con los otros desafíos presentes, de impulsar este cambio de mentalidad al interior del Ministerio de Educación. Tiene la trayectoria, conocimiento en la temática como quizás ninguno de las/os ministras/os anteriores y tiene la Ley N°20.418, que en su Art. N°1 inciso cuatro establece la obligatoriedad de programas de educación sexual en los establecimientos que imparten enseñanza media. Al menos, comencemos por ese nivel de enseñanza, ya nos pondremos al día con la básica. Y de paso, recordarle a la presidenta su petición de 1996 por la extensión de la educación en sexualidad a todos los colegios de nuestro país