colores tibiosDesde que hago el intento de escribir motivado por el universo de fotogramas, siento un desafío minimalista de acercarme a metáforas, como dibujos seriados, pero con palabras.

Hay mucho por descubrir en este afán de viajar desde la imagen al texto.

Al iniciar la recepción de animaciones, hubo sorpresas y aprehensiones. Películas con códigos infantiles clásicos, dinosaurios, sirenas, piratas, aventuras y platillos voladores, hermosas, pero fuera de la línea editorial.  La aventura es inherente y la búsqueda formal es parte del viaje. Pero Diversanima restringe la programación, aunque en paralelo la destapa y ventila, convocando contenidos que pregonan libertad. Hablar de las otras y otros y de los demás, como un bloque externo que jamás cruzará camino con nuestras dulces existencias es un sueño hecho realidad. Pero es un sueño. Lo diferente y ajeno se inicia a partir del límite de la propia corporeidad y no es posible interpretarlo como amenaza o agente desestabilizador. Más bien lo opuesto. Lo antagónico puede revertirse en alimento y riqueza. El vértigo y el horror al vacío, comienza cuando los estereotipos se derrumban y debemos aceptar la vida como se avecina. Ese afán de control que suele fraguarse en nuestras cápsulas tecnológicas domésticas, es un foco de frustración si representa nuestra única vinculación con el mundo. Como ya lo mencioné; abrir ventanas, construir puentes y despejar la mente, más allá de la cerradura de nuestro habitáculo, es un hecho que puede beneficiar y aliviar nuestras existencias, desechando la perturbación de la inmediatez física y propiciar de esta manera una versión propia de lo que transcurre frente a nuestras narices.

La experiencia creativa puede convertirse en estímulo, fortaleciendo nuestra mente y alentando el alma, gracias a otras miradas, otras vidas, otros deseos, otras obsesiones, otras miserias, otras demencias, otro humor….otros amores.

La programación de Diversanima convoca e invita a una audiencia democrática y curiosa, reavivando un prisma amplio, porque el placer por la imagen, no discrimina. En ese punto podríamos vincular la libertad  del arte animado con el infinito espectro de las conductas humanas. No debería existir temor en abordar temáticas poco usuales, a través del potencial y la libertad visual que proclama la animación. Resulta menos cruda, la abstracción formal y la creación de símbolos, que la acritud de la realidad. Sin embargo el cine documental y de acción viva, es más valiente y explora generosamente la vida, dejando herencias de cada momento histórico, desde que el cine existe.


La amplitud y grandilocuencia de nuestro continente en conjunto con la generosidad formal y narrativa del formato animado, me permite deducir  que debería imperar mayor inspiración por rastrear y auscultar el drama, el humor, el terror, la crítica y la alegría, la sensualidad, la sexualidad, la injusticia, la corrupción, las violencias y el descontrol. En fin, no hay barreras y no las habrá, cuando un creador intrépido y arriesgado, se instale frente a una mesa de luz, computador, set de animación u otro, descubriendo la técnica que le acomode y libere sus inquietudes y percepciones individuales. Estoy sorprendido con la diversidad de diversidades que logramos convocar en Diversanima, aunque algo escéptico con la oferta poco colorida de este continente multicolor. Dejo la inquietud a los teóricos y cinéfilos para indagar en este afán mayoritario de querer agradar y divertir, lo cual forma parte del escenario, sin embargo, el divertimento debería convivir con lo opuesto y la agonía de la mayoría de los habitantes de América Latina, en donde la cultura detenta machismo, maltrato, racismo, violencia de género y soberbia, entre tantas. Todas las expresiones son válidas y necesarias, incluyendo la industria frente a  la más ínfima creación animada, realizada en algún taller experimental, en el valle del Cauca, el desierto, Caribe o montaña. Deberíamos también celebrar la autoría y valentía de los subversivos y relegados.