Cómo una ideología plantea una dimensión espacial, una ideología política, “superestructural” interviene los espacios en su expansión productiva, en su expansión simbólica. Podría plantearse como la materialización de un conjunto de ideas, como una lógica expansiva que logra imponer sus intervenciones en términos materiales, en la modelación de los espacios que son los espacios de reconstrucción social y cultural.

La expansión global de los mercados plantea desarrollos disimiles, pero hay rasgos de intervención espacial característicos, que se derivan de su lógica expansiva, en sociedades de consumo, que se emparenta con una aldea global consumista, los mercados se desarrollan conectando los centros de distribución con los centros de negocios, y ahí la conectividad de las carreteras juega un papel central, aeropuertos, y puertos deben conectarse con los centros urbanos neurálgicos. Estas vertebras de asfalto cruzan los barrios, y transforman sus realidades espaciales, producen cortes de espacio, y remodelan el entorno con su instalación.

Los barrios, y las ciudades son cruzadas, y a veces hasta sitiados por su imposición conectiva, con cruces, y enlaces de distinto tipo. Las carreteras y su condición en el desarrollo neoliberal parece estar en la fuerte necesidad de que los flujos de gestión del capital sean expeditos, generen la red, y las interacciones de esas redes, para que el capital fluya sin trabas. Las carreteras que cruzan la ciudad vehiculan el capital en su movimiento expansivo, con características de globalidad, ya que la cadena productiva del capitalismo opera con un mecanismo que puede conectar desde lo productivo a lugares apartados del mundo. Sus redes no operan con una lógica ambiental sino en busca de la menor inversión, y el máximo beneficio.

El mercado inmobiliario es otro agente expansivo, es un actor fuerte que logra imponer sus términos. El estado en su concepción neoliberal actúa como agente promotor de la inversión privada, así desarrolla proyectos urbanos con subsidio estatal que apoyan iniciativas privadas con gran rentabilidad. Su voraz avance destruye barrios completos transforman sus ejes e identidades históricas, la memoria barrial es arrasada por el capital inmobiliario, se sitian espacios patrimoniales dejándolos a la deriva como un quiste antiguo que debe desaparecer. Se rentabilizan espacios de uso de suelo a través de la modificación de los planos reguladores, cambiando la calificación de los suelos se obtiene dinámicas de plusvalor altísimas, son un negocio de alta rentabilidad, pues se aumenta el valor de los espacios que se compran a bajo costo, y obviamente en altura, es decir, un espacio que no tenia precio, se transforma en mercancía, es crear mercancía donde no lo había.

Es crear valor comercial sobre el valor social, no son los derechos los que se articulan en este movimiento sino lo que se articulan son los mercados, es la oferta y la demanda. Hay una política focalizada, a través de subsidios con los quintiles más pobres, pero en general es una relación entre privados, el oferente o inmobiliaria, los bancos y sus créditos a las personas.

El Estado y su ejercicio como generador de condiciones para que esto ocurra, los territorios que son depositarios de toda esta maraña que transforman las cuadras de la ciudad, sus barrios, e influyen en un proceso de destrucción creativa, instaurando así un orden de ciudad distinto. Este actor fuerte avanza con paso fuerte, porque es un factor de movilidad social, y un factor de repoblamiento, y muchas veces de sobrepoblación e impacto en un territorio, pensemos en el centro de Santiago, por ejemplo. En definitiva el avance inmobiliario es un negocio de alta rentabilidad con un alto impacto social, cultural y urbanístico.

La desaparición depredadora del patrimonio a manos del capital inmobiliario ha generado un panorama destructivo, fijando a la larga un modelo de ciudad distinto, una revolución urbana progresiva. Este movimiento de acción inmobiliaria capitalista neoliberal, en tanto, concentra y acumula, y también se ve apoyado por el Estado, en una acción que apoyo a la inversión privada. Transforma la ciudad y sus espacios en un negocio privado, se modifica el espacio público, en un espacio privado que representa el carácter de la transformación neoliberal de la ciudad.

Dicha transformación ha tenido comunidades en resistencia, comunidades que al ver alteradas sus condiciones de vida, amenazadas con desaparecer, comunidades con identidades que se resisten. Este avance genera “contrarios” que pese a no aparecer como un “actor fuerte” en la escena, es un actor social que comienza a demostrarse como cada vez más preponderante. Es un actor social que se manifiesta en movimientos sociales urbanos que pueden ser emergentes, que aparecen en la vida pública como una emergencia.