Ricardo Ezzati

Foto: eldesconcierto.cl

Doblaron las campanas por la ausencia de 12 personas que perdieron su vida durante el terremoto esta semana. Con el homenaje sonoro los trajeron al recuerdo, pero los fallecidos mantuvieron mutismo como Dios en aquel acto.

Entre miradas expectantes se celebró una nueva versión del Te Deum Ecuménico por las fiestas patrias, liturgia llevada a cabo en la Catedral Metropolitana de Santiago, que contó con la presencia de la presidenta de la República, Michelle Bachelet, autoridades, embajadores, miembros de la Iglesia y representantes de otras confesiones, con la notable ausencia de los presidentes de partidos de la Nueva Mayoría.

Este año los ojos estaban puestos sobre el Arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, quien estaría a cargo de la homilía poco después que fueran filtrados los correos entre él y el cardenal Francisco Javier Errázuriz, por los cuales se ha visto expuesto a una “crítica descalificadora”.

Era un ambiente parafernálico que fácilmente confundiría a cualquier despistado con una fiesta de disfraces, pero los presentes no pudieron ocultar bajo trajes, vestidos, sombreros raros, sotanas, armaduras y medallas, los escándalos y “la falta de confianza” que el mismo Ezzati apuntó como fruto de una “mentalidad anti-sistémica” o de “grupos que desconocen el valor de las instituciones y que farandulizan la política”.

En una cueva tan iluminada, el arzobispo no pudo pasar por alto el tema de los correos, pero a la hora de hacerlo, se escudó en la honra de las autoridades presentes. Ezzati señaló que aquella “crítica descalificadora” a la que se ha sentido expuesto, también la han sufrido muchos de los que allí estaban y de paso pidió un vago perdón “para quienes pueden haberse sentido ofendidos”, omitiendo quiénes y el por qué.

El resto de la homilía se centró en temas valóricos, la exaltación del patriotismo, la caridad con quienes han sido afectados por el terremoto y la postura irrenunciable a “proteger la vida de los más indefensos”, pero dejando en claro que la Iglesia no es “la sede para analizar con profundidad lo que sucede en el país”.

“Para eso está la sabiduría y la responsabilidad de los gobernantes, el Congreso Nacional, el aporte de las universidades, los foros de opinión, así como la conversación cotidiana en que compartimos nuestras impresiones”, versó el discurso de Ezzati.

EL SILENCIO DE LAS CAMPANAS

Foto: eldesconcierto.cl

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Y otra vez las placas se pusieron de acuerdo para remover el país que dirige la presidenta Bachelet, un nuevo desastre que tuvo consecuencias nefastas: 12 muertos, cinco desparecidos, 610 damnificados y un millón de evacuados.

Evidentemente este hecho cambió el foco de las cámaras y los objetivos apuntaron al movimiento telúrico, restándole importancia a los correos, al lobby, al encubrimiento y a “la serpiente” que podría rondar la cita y que no fue mencionada.

Con tal escenario la iglesia desplegó libre de culpa sus críticas en nombre de Dios y la patria, luciendo ostentosos la sotana de la solidaridad, sonando con mayor fuerza las campanas en memoria de los muertos o como evidente silenciador, para luego apuntar sus dardos y culpar de todo al “clima agresivo y violento”. El arzobispo exento de culpa en este caso, no miró al fondo su iglesia donde unas “damas de blanco” chilenas, en rechazo a la despenalización del aborto en tres causales y con una actitud agresiva, gritaron y enrostraron carteles con cruces y estrellas de David a los parlamentarios que participaron en la comisión de Salud.

Foto: www.t13.cl

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Chile es uno de los pocos países en el mundo occidental donde el poder de la Iglesia Católica se sigue manifestando mediante un acto ecuménico como el Te Deum, donde tradicionalmente y por más de dos siglos están presentes los poderes del Estado, un evento que el ex jesuita García Huidobro define como “la reunión anual de ladrones y care’rajas del país”.