bachelet

Con sorpresa nos hemos enterado de las declaraciones realizadas por un grupo de mujeres partidarias de Michelle Bachelet, las cuales aluden a un “femicidio político de la imagen” de la mandataria ¿Femicidio? irresponsable es el calificativo menos grave para referirnos a tamaña falta: más de 40 femicidios al año no pueden banalizarse en la mera defensa corporativa de la figura presidencial. La lucha por la igualdad y el reconocimiento de las mujeres está plenamente vigente en tanto la democracia y los derechos sociales no son una realidad, por ello las mujeres chilenas tenemos que unirnos en una lucha muy diferente a esta. No estamos para reciclar roles de género bajo una pretendida diversidad que resulta esencialista o difusa: el feminismo en sustancia es político, no por menos pretende transformar la sociedad terminando con la explotación representada en el capitalismo y el patriarcado.

¿Pero entonces no hay nada de lo cual hacerse cargo? Es cierto es que la crítica a Bachelet o cualquier figura política femenina hoy existente está llena de sexismo y misoginia, fenómeno al cual los poderes del Estado no pueden escapar porque éste es transversal a todas las esferas de la sociedad. Pero esa crítica no puede servirnos para ocultar la crisis de representación por la que pasa el gobierno y en general las fuerzas que han sustentado la democracia de la transición.

En definitiva no estamos con Michelle pues no basta con ser mujer y ocupar cargos de representación si no hay un estrecho vínculo entre nuestra labor y la transformación de la estructura de las relaciones de género y de clase

Pensamos que hay que ser sumamente certeras en que las críticas a la presidenta  debe estar ligado al rol público de las mujeres y la disputa del poder. De lo contrario, se naturaliza su falta de juicio político en virtud de la maternidad, queriendo subrayar el juego del empate con una paternidad, cuando sabemos que el rol de cuidado parental, si bien no debe ser invisibilizado no puede ser parte del juicio político hacia la acción de un gobierno.

Pero si fuéramos más allá de la crítica y nos concentramos en el rol de Michelle como mujer en la presidencia ¿nos sirve a las mujeres y a nuestra causa el solo hecho de que esté una mujer en la presidencia del país? sin duda es un no rotundo. Algunos ejemplos coyunturales de lo último: (1) la reforma educacional no ha tocado en ningún momento al mercado, ha dejado excluido el carácter público y universal que define un derecho propiamente tal, y tampoco incorpora en ningún sentido la perspectiva de género: la selección olvidó la selección por género (2) la despenalización por tres causales recién nos acerca al respeto de los derechos humanos más básicos de las mujeres, pero lejos estamos aún de poder decidir sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos en su totalidad, es decir estamos lejos del carácter moderno de ciudadanía para las mujeres. Ésta es una realidad consciente que se fundamenta en que los cambios en los gobiernos de Bachelet se han situado en realizar reformas sin los movimientos sociales, a través de discursos y consignas que han terminado por recortar el espíritu de las reformas o de las demandas de la sociedad y jamás se ha planteado aquellas necesidades estratégicas necesarias para nosotras las mujeres: mejorar las condiciones materiales (trabajo, educación y salud como derechos sociales de las mujeres) y  sobre todo condiciones en las que el poder se distribuye democráticamente para todas y todos, sin apartheid económicos, sociales y culturales para participar de la política.

En definitiva no estamos con Michelle pues no basta con ser mujer y ocupar cargos de representación si no hay un estrecho vínculo entre nuestra labor y la transformación de la estructura de las relaciones de género y de clase. En definitiva nuestra solidaridad/sororidad está en la vereda de la transformación, para lo demás no estamos disponibles. En estas horas Rosa Luxemburgo hace eco en nuestros oídos feministas para señalarnos que “Quien es feminista y no es de izquierdas, carece de estrategia. Quien es de izquierdas y no es feminista, carece de profundidad”, en la citada defensa a Bachelet no está en la ni la izquierda ni el feminismo presentes, sino tan solo la buena intención de proteger a quien goza de su estima.