La ciencia en Chile no avanza, durante las última semanas la comunidad científica estalló en lo que se ha  denominado la #rebelión científica. Esto no es solo un síntoma de la falta de inversión que hace chile a las ciencias y tecnologías, sino algo mucho más allá. Pues no toma en cuenta la mala distribución de ésta y tampoco se orienta hacia el panorama completo, que incluye el abandono de la educación pública como un derecho.

La falta de políticas sobre ciencia, tecnología e innovación, deja en el limbo también a las universidades estatales regionales, las cuales no solo tienen que lidiar con la falta de financiamiento por parte del estado, sino que además con políticas de calidad que exigen investigación para la acreditación. Una contradicción que evidencia la falta de criterio que han tenido los últimos gobiernos en cuanto a este tema.

Si bien es rescatable que los mejores científicos e investigadores de chile alcen la voz y se atrevan a salir de sus laboratorios para protestar y exigir cambios, no se está ampliando la discusión más allá de que la falta de políticas sobre el tema afecta  la modernización y el crecimiento del país. Ésta además converge en el tipo de modelo económico que impera y también en las políticas sobre educación superior, esto pues como dijimos anteriormente se exige investigación (sin fondos) para acreditación dejando de esta forma a las universidades, y sobre todo las regionales, a merced de intereses privados. Abriendo así la puerta al mercado y dejando de lado el rol preponderante que debiesen tener las universidades estatales en cuanto a mejorar y superar las verdaderas necesidades de la región.

Tal es el caso de la universidad Arturo Prat en Iquique la cual en las estadísticas a logrado superar una crisis financiera que la tuvo al borde de la quiebra y que también ha subido en el ranking de las mejores universidades de chile desde el puesto 39 en 2014 al puesto 25 el 2015, pero esto no dejan de ser más que simples estadísticas pues,  la realidad es de una universidad que avanza en los números pero nadie se pregunta a costa de qué, se priorizan y potencian las necesidades del mercado y se obvian las de los verdaderos protagonistas, aumentan sus matriculas en carreras técnicas y disminuyen las de pregrado en investigación además de la precarización de los contratos tanto de docentes como de funcionarios, en fin una universidad que es aplaudida por llenarse sus  bolsillos y el de entidades privadas.

Considerando lo que nos ha enseñado la historia y haciendo uso del título del manifiesto publicado por los científicos chilenos, podemos encontrar que la raíz del incumplimiento de la promesa de bienestar en Chile es porque “nuestros gobiernos han elegido la ignorancia” y esto no se va a solucionar con la creación de un supuesto ministerio de ciencias y tecnologías ni trasladando Conicyt  al ministerio de economía, esto es seguir reproduciendo el mismo modelo, el cual tiene al país de crisis en crisis.


Estudiante de ingeniería en biotecnología, UNAP