Números rojos y funcionamiento independiente del holding Santo Tomás. Esos fueron los argumentos que esgrimió durante todas las negociaciones la dirección del Colegio Santo Tomás de La Serena frente a los 54 trabajadores del sindicato del colegio que sostuvieron tres semanas de huelga legal.

El sindicato del Colegio Santo Tomás de La Serena (Sicosat) está compuesto por auxiliares, personal de aseo, personal administrativo, secretarias, asistentes de la educación y profesores. Con sueldos tan variados (en auxiliares pueden ser, líquidos, menores al mínimo, mientras en profesores antiguos pueden llegar a más de $600 mil), el sindicato tenía como bandera de lucha el reajuste del 5% del sueldo base para todos.

Pero, a la tercera semana, la huelga se desgastó. Con las presiones de la dirigencia a través de comunicados y mensajes personales, el temor a perder los bonos que el Estado entrega en el mes de diciembre y la presión de que el mediador de la Inspección del Trabajo se tenía que devolver a Santiago pronto, muchos trabajadores ya empezaron a flaquear.

A esto se suma el malestar de los apoderados, a quienes además Santo Tomás les ofreció clases y apoyo psicológico a sus hijos de 3ero y 4to medio en la universidad durante la huelga.

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“Los apoderados de 3ero medio no tomamos esta opción. Llevo 13 años en el colegio y sé la calidad de profesores que hay, entonces un poco de apoyo con ellos que reclamaban lo justo”, dice el apoderado Patricio Pino, quien luego agrega: “La dirección nos hizo ver que los colegios tienen rut diferentes y que ellos no estaban dando utilidades, y uno se da cuenta de que sí porque en el hecho que la universidad te ofreciera este reforzamiento ya hay una vinculación”.

La matrícula del colegio está conformada por un grupo socioeconómico medio alto (ingresos de 600 mil a $1 millón 300 mil) y alto (mayor a $1 millón 300 mil). Sus puntajes Simce se mantienen en el promedio de establecimientos similares y, a pesar de los alegatos de profesores y apoderados por algunas carencias en infraestructura, como techumbre en los patios para actividad física o falta de datas en las salas de clases, ha pasado de buena manera (resultado A) todas las fiscalizaciones de la Superintendencia de Educación.

Pero esto no parece traspasarse a los trabajadores. La huelga terminó en condiciones que distan mucho de lo que se pedía. Un reajuste equivalente al del sector público y, en caso de ser menor al del IPC, se aplicará este último; algunos bonos que más bien eran del Estado y otros por rendimiento que han de dividirse entre profesores. Además, un bono de término de conflicto que finalmente bajó $15 mil pesos hasta quedar en $300 mil, para paliar los costos de la huelga. Respecto a los días de duración, el contrato colectivo señala:

“El Colegio no pagará los días no trabajados por el período comprendido entre el 2 de noviembre y el 20 de noviembre del presente año, ambas fechas inclusive en virtud de haberse hecho efectiva la huelga legal. No obstante lo anterior, el Colegio pagará las cotizaciones previsionales por dicho período, en lo que se refiere a la cotización de AFP, plan de salud y seguro de cesantía”.

“Ni siquiera nos pagarán las clases que tenemos que recuperar”, afirma un profesor.

Durante las negociaciones, el argumento del colegio siempre fue el mismo: números rojos y que el vínculo con el holding Santo Tomás es más formal que real, que el sostenedor -Sociedad Angelus- funciona de forma independiente. ¿Es tan así?

Angelus

El sostenedor del Colegio Santo Tomás de La Serena es la Sociedad Educacional Angelus Limitada. Esta sociedad fue creada en 1995, año en que el colegio fue fundado como el particular pagado Colegio del Valle, y Santo Tomás S.A -empresa matriz del holding- contó en un principio con un 52% de participación en ella.

Con el correr de los años, como el ex presidente ejecutivo de la Corporación Santo Tomás, Rodrigo Alarcón, dijo a CIPER, el proyecto de Santo Tomás tomó la ofensiva en conseguir la autonomía de sus establecimientos y potenciar una sola marca. Obtuvo la de la universidad en 2003, le faltaban los colegios.

En 2004 Santo Tomás S.A ya tenía el 82% de las acciones de Angelus. En 2005, el 99%.

Así como Angelus, existen otras siete sociedades sostenedoras de cada uno de los otros siete colegios del holding. Santo Tomás S.A creó una figura para administrarlos, la Sociedad Administradora Educacional Santo Tomás S.A, y pagó su participación con sus acciones en Angelus y otras sociedades sostenedoras de colegios, traspasándolas a la nueva figura.

Ya en 2005, con el nuevo Angelus a la cabeza, el Colegio Del Valle pasó a llamarse Santo Tomás de La Serena y se convirtió en particular subvencionado.

Cuando este colegio pasó a ser particular subvencionado los montos de las remuneraciones del personal que fue ingresando disminuyeron considerablemente. Hoy tú ves profesoras que con 25 horas sacan $340 mil pesos líquidos, mientras gente más antigua saca más de $600 mil”, cuenta un profesor y luego agrega: “y el sueldo de los que no son profesores es muchísimo peor”.

Lo que sí aumentó fue la matrícula, y el colegio comenzó a cobrar el copago más alto admisible, poco menos de 100 mil pesos. En paralelo, la Universidad Santo Tomás empezaba a aumentar año a año sus ingresos por el Crédito con Aval del Estado (CAE), al punto de que éste constituyera más de la mitad de sus ingresos.

La sociedad Santo Tomás fue iniciada por el tristemente célebre Gerardo Rocha y su esposa Carla Haardt. Con el pasar del tiempo pasó a manos de sus familiares y el fondo Halcón, que luego traspasaron la sociedad al fondo de capital privado Linzor Capital y al grupo Hurtado Vicuña, que además controla Entel y la Minera Punta del Cobre.

Paulina Dittborn

Paulina Dittborn

Hasta hace poco aparecía como directora de la red de colegios Paulina Dittborn, nombre que ha sido citado en los libros de la premio nacional de periodismo María Olivia Mönckeberg. “Son una verdadera red. Paulina es hermana del que fue subsecretario de Hacienda de Piñera, Julio Dittborn, ex presidente de la UDI,  jefa de gabinete del ministerio de Educación entre el 81 y el 87 y subsecretaria hasta el 88. Está casada con el ex ministro de Pinochet, Juan Guzmán Molinari, que hoy preside SQM. Venía de ser prorrectora de la Universidad de las Américas, que había sido acreditada de forma polémica cuando ella era vicepresidenta del Consejo Superior de Educación”, explica la periodista.

Mönckeberg ha escrito al menos tres libros que tratan justamente sobre el negocio de las universidades en Chile. Para ella, el Estado chileno ha jugado un rol clave en la supervivencia de entidades con fines de lucro.

“Hoy se produce la absurda situación de que el Estado ha contribuido al financiamiento y considerable aumento de matrícula de un negocio privado. Para el año 2005 la matrícula total de pregrado de la Universidad Santo Tomás era 12.178 alumnos. Esto fue en continuo aumento con una publicidad tremenda (en 2015 llegó a 29.046), tentando alumnos de sectores medios y endeudándolos con CAE. Aquí han hecho este negocio a costa del Estado de Chile y a costa del presupuesto de las familias, y ahora quieren además seguir recibiendo, más directamente, por la vía de la gratuidad”, dice.

En su libro “Con Fines de Lucro”, publicado en la editorial Random House en 2013, Mönckeberg muestra el siguiente gráfico que ilustra cómo el aumento de ingresos de la UST no se condice necesariamente con la inversión en docentes –tal como en el colegio-, en este caso al no aumentar el número de académicos a jornada completa:

Gráfico sacado del libro "Con Fines de Lucro: La escandalosa historia de las universidades privadas en Chile" (2013), de María Olivia Monckeberg. Editorial Random House.

Gráfico sacado del libro “Con Fines de Lucro: La escandalosa historia de las universidades privadas en Chile” (2013), de María Olivia Mönckeberg. Editorial Random House.

Pero las condiciones de los trabajadores no es lo único que la universidad comparte con los colegios.

De nuevo la Inmobiliaria Rádices

Como consta en el avalúo fiscal del Colegio Santo Tomás de La Serena al que eldesconcierto.cl tuvo acceso, la propiedad del establecimiento de enseñanza media del colegio está avaluada en casi 700 millones de pesos y pertenece a la Inmobiliaria Rádices S.A.

Esta es la misma que hizo estallar el escándalo del lucro en la Universidad Santo Tomás, cuando un informe de la CNA reveló que la universidad hacía préstamos de 13 mil millones a empresas relacionadas. De ese dinero, 12 mil millones iban destinados a préstamos a Rádices S.A, sin intereses ni reajustes. El ministro de Educación de la época, Harald Beyer, sobreseyó el caso y luego fue destituido.

Pero este año el Mineduc abrió una investigación por lucro en la Santo Tomás. En el documento de la CNA de la acreditación 2014 de la institución se lee: “La Universidad Santo Tomás es fiadora y codeudora solidaria de los créditos otorgados por los bancos a Inmobiliaria Rádices S.A., empresa relacionada. Lo anterior configura una situación en que la Universidad paga arriendos a la Inmobiliaria, que obtiene plusvalías por las propiedades que no benefician a la UST, y además la Universidad garantiza el pago de las obligaciones de la Inmobiliaria a la banca. A juicio de la Comisión, no hay una explicación válida”.

Hoy en los colegios el lucro aún no está prohibido y, si bien en un principio el proyecto de inclusión escolar buscaba prohibir que los establecimientos contrataran empresas relacionadas –como hace el Colegio Santo Tomás de La Serena con Rádices-, los parlamentarios de la DC Andrés Zaldívar, Jorge Pizarro e Ignacio Walker pusieron una indicación en la que se volvía a permitir.

En El negocio de las universidades en Chile (Editorial Random House, 2007), María Olivia Mönckeberg entrevistó a Gerardo Rocha y al vicerrector de finanzas Enrique Gómez Bradford. Luego de insistencias, el vicerrector admite que las propiedades de Santo Tomás son de Rádices y, de paso, entrega su visión del asunto:

“A nosotros no nos interesa el negocio inmobiliario como tal. Podríamos arrendar edificios en todos lados. Lo que pasa es que no hay una inmobiliaria que esté haciendo edificios especiales para la educación y tenemos que construirlos nosotros. Pero son dos negocios diferentes y los dos son negocio. Si alguien invierte en una actividad inmobiliaria, asume un riesgo, pone capital y tiene derecho a rentar sobre eso. Y si alguien invierte en educación, con equipamiento para cada alumno, contrata profesores, tiene un equipo y dirige, también tiene derecho a rentar sobre eso. Ahora, que nosotros tengamos la inmobiliaria y una le arriende a la otra a precios de mercado, bueno, no es más que eso”.

*La dirección del Colegio Santo Tomás de La Serena manifestó a  eldesconcierto.cl que, por agenda ocupada, no era posible entregarnos su versión de momento.