“Simios”, fue quizás la palabra más ocupada por gran parte de la élite que se indignó al ver la violencia que frenó el partido programado entre Santiago Wanderers y Colo Colo, lo que fue la guinda de la torta para un campeonato manchado. Pero lo ocurrido ese día solo parecía mostrar algo mayor, un sentir de violencia que se da transversalmente en diversos aspectos: fútbol, barras, política etc.

Sociólogos y psicólogos analizaron las particularidades de estas manifestaciones con eldesconcierto.cl

La violencia de barra

Barra brava

Nada nuevo en Wanderers-Colo Colo. El sociólogo y profesor Eduardo Santa Cruz ha estudiado el fenómeno del fútbol desde que se instauraran las barras bravas en plena dictadura. Confiesa que ya está aburrido de ver los mismos problemas en torno a la violencia y la poca voluntad de cambio. “La élite política se sube a un carro que no les interesa mucho y emiten opiniones sobre la base de criminalizar con la palabra delincuente más que entender lo que pasa y menos a buscar caminos de solución.  Además, delincuentes en Chile hay muchos. Algunos son barristas, otros dueños de grupos económicos, algunos de los cuales han sido dirigentes de la sociedad anónima que controla el fútbol”.

Para él, al preguntarse los orígenes de el barrista violento “uno se encuentra con un montón de problemas sociales de base, de gente joven marginada, que viven en una educación que es pésima, que no tiene mayores oportunidades, que ya no participa de organismos sociales ni políticos, porque toda esa red fue destruida, entonces es un tipo joven que concibe un club como el único motivo de su existencia, una cosa fundamentalista. Es algo terrible. Los postes y murales pintados no son algo bonito, porque el tipo va a defender el poste como si se le va la vida en eso”.

Santa Cruz también le otorga responsabilidad a cómo los medios han tratado el tema. “Los periodistas deportivos cuando en su discurso de partido de vida o muerte, de que el equipo a matar o morir, que este equipo humilló al otro, le pinto la cara, que la venganza que la revancha. Permanentemente crean todas las condiciones para la violencia y no hacen ninguna autocrítica”, explica.

No hay nada de vida o muerte que se juega ahí. Hay campeonatos todos los años y van a seguir habiendo por muchísimos años más. Piensa en ese hincha de River, el Tano Pasman, que gritaba cuando su equipo bajaba a segunda división. Lo mostraban como gran gracia, pero eso es lo que no hay que hacer. ¿Qué pasó después de eso? River bajó, subió, salió campeón en Argentina, ganó la Copa Libertadores y ahora llegó a la semifinal de la Sudamericana, ¿dónde se murió el equipo?”, agrega Santa Cruz.

Finalmente, el sociólogo disparó contra Estadio Seguro: “Es un desastre. No solo no sirve, sino que además es ineficiente, porque se limita al estadio cuando el problema es de la sociedad. Genera una serie de perversiones: conculca todos los derechos a los que están ahí, la policía tiene derecho a cualquier cosa durante 90 minutos. Eso se puede ampliar. Con el asalto a la joyería del Alto las Condes el otro día, salieron voces diciendo que los guardias tuvieran armas. Bueno, ¿me van a poner un Mall Seguro ahora? Y después me van a poner un Paseo Ahumada seguro y al final vamos a terminar con Chile Seguro”.

El psicólogo de la Universidad Católica de Temuco, Edison Leiva, también elabora un perfil del barrista. “Desde una mirada de psicología social, se reconoce el poder como una necesidad de las personas, la necesidad de los sujetos de la sensación de autoeficacia. Las personas que se vieron involucradas en lo de Valparaíso tu puedes ver que tienen muy poco espacio para poder vivir esa autoeficacia, porque o están laboralmente precarizados o están en situación de marginalidad. Ellos encuentran en la violencia un espacio donde recuperan eso. Recuperan la posibilidad de sentirse poderosos ante un otro”.

Pero ese otro es alguien que vive de forma similar a él..

-Exactamente, eso es lo más irónico de todo. Los medios de comunicación han sido muy exitosos en invisibilizar el elemento de clase presente en los antagonismos sociales. Cuando uno dice “lucha de clases, la gente te mira como alguien que se quedó pegado en los 70. Ese concepto los medios han sido exitosos en posicionarlo como obsoleto. Entonces el sujeto popular que va al estadio no ve el enemigo en quien lo explota, que le da sueldo de hambre. Está enrabiado en la barra no tiene cómo canalizar su enojo al destinatario correcto, porque ya no hay militancias políticas y el tejido social está muy debilitado, entonces se inclina por lo que tiene más a mano, que son pares. Pares que simplemente les gusta otro equipo, punto.

La violencia juvenil

El estigma que ha girado en torno a la violencia de estos grupos está lejos de mantenerse solo en los estadios. La violencia a nivel juvenil ha tomado relevancia, al punto de que políticos como el alcalde Francisco De la Maza este año han impulsado incluso cárceles para menores.

Edison Leiva asegura que esas declaraciones tienen fines electorales, ya que la preocupación “son muy pocos los que desean la reinserción social”. “La fundación Paz Ciudadana ha sido maquiavélicamente exitosa en instalar algo, que era un planteamiento casi de derecha, como parte del sentido común: la idea de que el cabro chico de la pobla es un delincuente en potencia. Por lo tanto hay que reprimirlo, encerrarlo”, asegura Leiva.

“La fundación Paz Ciudadana ha sido maquiavélicamente exitosa en instalar algo, que era un planteamiento casi de derecha, como parte del sentido común: la idea de que el cabro chico de la pobla es un delincuente en potencia. Por lo tanto hay que reprimirlo, encerrarlo”

El psicólogo además asegura que el delincuente juvenil canaliza dos cosas en la violencia: deseos de consumo frustrados y rabia. “Por una parte, es un cabro que ha crecido toda su vida expuesto a estímulos que generan una necesidad de consumo: zapatillas de 70 lucas, pantalones de marca, etc. Él ve cómo cabros de otros sectores sí tienen acceso a eso, entonces se pregunta por qué. Al ver que el sistema educacional al que tiene acceso no le promete nada, se convence de que la única forma de tener la posibilidad de consumir lo que quiera es a través de las vías paralelas, fundamentalmente el delito” explica.

“Además de esto, está la dimensión de la rabia. No son cabros que descubrieron de la noche a la mañana la violencia. Crecen en contextos violentos, tanto en el ámbito doméstico como social. Para quienes tuvieron más posibilidades, la violencia es un recurso extremo. Para ellos es uno cotidiano de sobrevivencia”, agrega Leiva.

El sociólogo y cientista político Tomás Moulián coincide con la primera dimensión de este análisis. “En una sociedad en la cual la posesión del dinero ha pasado a ser el sentido de vida fundamental, se pierden los códigos morales y éticos para obtenerlo. Son expresiones de un tipo de cultura que estas sociedades neoliberales generan, donde la obtención del dinero se convierte en lo más importante para la vida de las personas, entonces desaparecen los códigos morales que delimitan su obtención. Estos chicos, con tal de tener dinero, roban”.

Estas son algunas de las expresiones en redes sociales en torno al tema de la violencia juvenil:

Y afiches de este tipo circulan en redes:      fachismo 1   fachismo 2

La violencia política

“Donde hay Estado, hay violencia”, dice Tomás Moulián en conversación con eldesconcierto.cl. El premio nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2015 abordó el tema de aquella violencia que no tiene fines en torno al dinero, sino más bien en términos políticos.

“Los Estados siempre son represivos, de cierta manera en el capitalismo y de otra en el comunismo. En el capitalismo hay una doble dimensión violenta: la primera tiene que ver con la que ejercen los organismos policiales o militares y la otra se ejerce a través del salario, pero ese tipo de violencia es de otra naturaleza”, explica.

Para el sociólogo y cientista político, la violencia política hoy se ve en su mayor expresión con la lucha entre los países occidentales y el Estado Islámico, pero que en Chile también hay un lugar en que se ve. “Hoy solo lo veo en el problema en la Araucanía, que afecta a dueños de fundos y al pueblo mapuche, es uno muy complejo. Hay que mirar desde su origen que esas fueron tierras que le fueron quitadas por los colonos, con el patrocinio del Estado, al pueblo mapuche. Entonces, para que ese problema se resuelva, tendría que realizarse una política para los mapuche que ahí viven, que sea distinta a la que se está llevando a cabo, y que los compense por lo que se les ha quitado”, dice Moulián.