El fútbol, para millones de sudamericanos, es parte ineludible de su cultura. En su dimensión de juego, fue nuestro pasatiempo predilecto y ha sido relevante en los procesos de migración y conformación urbana de las grandes metrópolis sudamericanas y de sus espacios urbanos barriales. Los equipos y clubes de fútbol representaron referentes importantes en la construcción de identidades mediante la interacción y competencia con el “otro”? aprendiendo el respeto y el reconocimiento de ese otro. La apropiación y re significación del fútbol como deporte en nuestra América es profunda: no es solo un juego, sino que es una forma de habitar? de vivir y de resistir.

El silencio y el olvido de las expresiones de cultura popular dentro del discurso cultural hegemónico, nos plantea la enorme responsabilidad de escapar a la espectacularidad propuesta por los medios de comunicación masivos, como lo son la obsesión por el éxito, la vida privada de los protagonistas, los discursos racistas, xenófobos, machistas y clasistas.

Nos alejamos de eso.

Patrocinado por la ONG Centro de Estudios Sociales del Deporte (CESDE), el sitio Fútbol Asociado cuenta con el apoyo y publicaciones de destacados académicos, centros de estudios y organizaciones de hinchas de todo el continente. Entre algunos encontramos a los académicos argentinos José Garriga Zucal, Verónica Moreira y Pablo Alabarces, al chileno Bernardo Guerrero, al peruano Aldo Panfichi y el colombiano David Quitián. También contamos con apoyo de hinchas, como por ejemplo, “Los del Sur”, hinchada de Atlético Nacional de Medellín.

El sitio está abierto a la recepción de textos de todo tipo u otras expresiones publicables que aborden al fútbol en su dimensión sociocultural.

 

Futbol Asociado no desconoce la coyuntura. Por el contrario, estamos atentos a ella, promoviendo la necesaria discusión y perspectivas críticas en temas que, peligrosamente, son apoderados por análisis facilistas y ausentes de las voces de todos sus protagonistas. Como ejemplo, creemos que la seguridad de los grandes eventos deportivos, materia en boga en estos últimos años, ha pecado de reduccionismo y superficialidad, tanto por las políticas públicas como por los grandes medios de comunicación masiva. El fútbol, al igual que otras actividades sociales, no escapa a las violencias estructurales expresadas en el cotidiano nacional, sobre todo cuando muchos de sus seguidores la viven con intensidad.
Por los principios antes señalados, nos resulta imperioso instalar, definitivamente, el cuestionamiento a las Sociedades Anónimas Deportivas, símbolo de la mercantilización extrema que ha vivido el deporte. Su función como espacio de integración y de participación social ha sido reducido a espacio de espectáculo y consumo. De socios de un club a accionistas; de hinchas y ciudadanos a clientes y consumidores. La similitud a otros aspectos de la vida social de hoy es elocuente.

 

El fútbol lo entendemos como parte de nuestras formas de habitar nuestros barrios y ciudades, de entender nuestro espacio vital, el tiempo libre. Finalmente, una dimensión del ideario de comunidad y de nación por el cual queremos luchar.