Carlos Latuff (Rio de Janeiro, 1968) tiene el ingenio de un creador y la espontaneidad de un niño. Cuando se enfrenta a la hoja en blanco, piensa la idea, se abstrae y luego se lanza sobre el papel como quien ha encontrado todas las piezas de un puzzle. Allí plasma sus trazos seguros y minuciosos, dando vida a caricaturas que recrean episodios históricos, bélicos pero, por sobre todo, políticos.

Ingreso estudiantes secundarios a La Moneda / Carlos Latuff para El Desconcierto

Ingreso estudiantes secundarios a La Moneda / Carlos Latuff para El Desconcierto

Cada uno de sus diseños resume con agudeza la actualidad que copa los periódicos. En un dibujo, Latuff es capaz de entregar un mensaje que esquiva barreras de idiomas, censuras y fronteras. Tiene como mejor aliada a la Internet, que lo ha hecho famoso en todo el mundo gracias a su característica firma que inscribe en el costado de cada obra. Una vez que uno de sus cartoons se pierde en el ciberespacio es probable que su diseño encabece protestas a través de gigantografías impresas por los propios manifestantes, pues el artista brasileño defiende y profesa el copyleft . Por eso su nombre es popular en los alrededores de la plaza Síntagma, en Grecia. Por eso, un hombre lo reconoció en una cafetería en Beirut, capital de Líbano, y dibujó con sus dedos un corazón desde el otro lado del ventanal. Y es por lo mismo, quizás, que ha recibido amenazas y acusaciones de ser, entre otras cosas, antisemita.

Yasna Mussa

Yasna Mussa

Si bien sus caricaturas no dejan indiferentes a nadie, su relación con la política fue un proceso lento y de aprendizaje. Su vínculo con los movimientos sociales no fue por una motivación ideológica, sino que data de su trabajo con la prensa sindical de izquierda en Rio de Janeiro. Era el año 1990 y el caricaturista no conseguía trabajar en el mainstream. Fue a través de contactos con sindicalistas que Latuff descubrió el mundo de las demandas sociales como las del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), los Derechos Humanos y una larga lista que sigue sumando hasta hoy.

Desde ese descubrimiento, hace más de 25 años, el artista brasileño subscribe a luchas que recrean a David enfrentándose a los actuales Goliat: Palestina, Siria, Irak, Turquía, campesinos, feministas, pobladores de favelas, afrodescendientes de Estados Unidos. Interminables conflictos y denuncias que suelen tener caricaturizados a Barak Obama, Recep Tayyip Erdogan, Benjamin Netanyahu, Dilma Rousseff e incluso a Augusto Pinochet.

Uno de los tantos viajes que han cambiado su visión sobre otros pueblos fue el que hizo a Chile en 2011. Poco más de tres semanas bastaron para que Latuff se sumergiera entre lienzos y asambleas. Salió empapado en medio de lacrimógenas y guanacos, pero también de la efervescencia de una sociedad hastiada. Desde entonces, nunca ha perdido la pista de lo que sucede en Chile y, por lo mismo, no dudó en sumarse a las denuncias que hicieron estudiantes secundarias contra el abuso de Carabineros en 2012, o en diseñar una controvertida imagen en la que se ve a Sebastián Piñera criminalizando al pueblo mapuche en 2013.

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En entrevista con El Desconcierto, Carlos Latuff hace un recorrido por sus convicciones, causas, experiencias y distancias. Una evaluación desde el ojo crítico de quien se acomoda en primera fila como espectador del mundo para luego ilustrar sus conclusiones.

¿Cómo observas desde Brasil la situación actual de Chile en este segundo gobierno de Michelle Bachelet y con un movimiento estudiantil que vuelve a tomar protagonismo?

-Chile no tiene aún una enseñanza gratuita, estatal, pública. Por increíble que parezca en un país que se esfuerza tanto por ser el más desarrollado de América Latina, aún no hay una enseñanza pública y la enseñanza particular es pagada y cara, entonces las manifestaciones de los estudiantes de Chile son totalmente legítimas y merecen todo nuestro apoyo. Creo que Michelle Bachelet ha estado haciendo algo como el Partido de los Trabajadores (PT) aquí en Brasil.

Estuviste en Chile en 2011, año marcado por movimientos sociales, demandas estudiantiles y manifestaciones en contra de HidroAysén. ¿Qué recuerdos tienes de ese viaje y cuál fue tu impresión?

-El viaje a Chile fue muy importante. El país donde más me he sumergido ha sido Chile, porque los días que estuve allá fueron días en que aprendí mucho. Conocí lo que podríamos llamar el “Chile profundo”. Vi las manifestaciones de los estudiantes, conversé con los mapuche, vi las manifestaciones contra HidroAysén. Vi los efectos del terremoto en Concepción. Fue muy importante, conocí mucho. Fue el viaje más impactante desde el punto de vista de lo aprendido. Chile es un país que siempre me llamó la atención por el golpe de 1973, su historia, Allende y los mapuche. Podría escribir un libro sólo con aquel viaje.

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En ese viaje tuviste la oportunidad de visitar comunidades indígenas mapuche en el sur de Chile ¿Qué opinas de la Ley Antiterrorista y de la situación de los indígenas en el país?

-Fue una oportunidad muy importante conocer y estar allá en Mehuin. Fue muy importante estar en contacto con ese proceso de retomar los territorios originales de los indígenas. La lucha de los mapuche es una lucha secular e histórica. Aquí en Brasil tenemos también una especie de movimiento de retomada de las demarcaciones de tierra, lo que es muy combatido, principalmente por los latifundistas. Así como esa Ley Antiterrorista que en Chile es aplicada contra los indígenas, están creando una contra los indígenas en Brasil. No tengo ninguna duda de que habrá una ofensiva contra los indígenas y los latifundistas tendrán a su auxilio la ley antiterrorista. Por eso creo importante que se haga una unión entre los indígenas de Brasil y de Chile para intercambiar información y solidaridad de apoyo mutuo, pues va a ser necesario en el futuro.

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Uno de los temas que más denuncias con tu trabajo es el de la ocupación israelí en Palestina ¿Cómo nace tu compromiso con la causa del pueblo palestino?

-Mi compromiso con la causa palestina nace a partir de un viaje que hice por cuenta propia en 1998 a Cisjordania, en los Territorios Ocupados Palestinos (TT.OO.). Yo había enviado un diseño sobre la violencia de los colonos israelíes para una ONG de Derechos Humanos en Ramallah, llamada Palestinian Center for Peace and Democracy. Ellos no pudieron pagar mi pasaje, pero yo junté unos ahorros y pasé 15 días allá, donde me mostraron todo lo que necesitaba ver y pude conocer el apartheid israelí de cerca, así que cuando volví a Brasil decidí apoyar la causa palestina a través de mi arte.

¿Cómo fue la experiencia que viviste en ese viaje a Palestina?

-Esos 15 días que me quedé en Palestina fueron suficientes para ver, por ejemplo, los checkpoints. En aquella época no existía ese gran checkpoint de Qalandia, no había el muro de separación, no había división entre Gaza y Cisjordania. La situación era grave, pero no tan grave como es hoy. Yo acostumbro decir que cualquier persona que pase apenas 15 minutos en los TT.OO. abrazaría invariablemente la causa palestina, porque esos días allá, principalmente las horas que pasé en Hebrón, me convencí que los palestinos sufren ese apartheid, esa violencia colonialista israelí. Ese contacto objetivo con la realidad me hizo apoyar la causa a través de mis caricaturas.

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¿Qué respondes a las acusaciones en tu contra que te catalogan como “anti semita” o quienes buscan desprestigiarte escribiendo una falsa biografía sobre ti en Wikipedia?

-Esas acusaciones de antiseminismo son “weapon of choice” de los sionistas cada vez que existe una crítica al apartheid israelí. Es una tentativa de criminalizar y descalificar las críticas al Estado de Israel y la violencia cometida contra los civiles israelíes. Incluso los judíos que se han levantado contra las políticas de Estado de Israel han sido acusado de “Self-hating Jews”, entonces existe toda una maquinación e intención pro parte del lobby pro Israel de rotular como anti semita, o sea como odio a los judíos quien quiera que sea que decida criticar la manera con la cual los palestinos son masacrados cotidianamente por el Estado de Israel. Yo ya estoy más o menos acostumbrado a eso. Rechazo esas afirmaciones porque mi cuestión no es racial o religiosa, es una cuestión meramente política. No es una cuestión con los judíos porque incluso existen sionistas cristianos aquí mismo en Brasil, como son los evangélicos. Entonces acusar a alguien de odio a los judíos por criticar a Israel es la misma cosa que acusar de odio a los musulmanes a quien critica Turquía o Arabia Saudita. Son acusaciones deshonestas y la verdad se trata de una estrategia, para silenciar a los críticos y las críticas al Estado de Israel.

En Brasil también has enfocado tu trabajo en la represión policial contra las favelas, el movimiento indígena y la situación político-social ¿Cómo ves el momento actual que vive tu país tras el impeachment a Dilma Rousseff?

-Actualmente la prensa ha divulgado conversaciones de políticos envueltos en investigaciones de corrupción que muestran que de verdad hubo exactamente un golpe, una orquestación, una conspiración para sacar del cargo a Dilma Rousseff. Y aunque el gobierno de Dilma no fue bueno para el movimiento social, ni de lejos un gobierno de izquierda, pues fue un gobierno que favoreció el agronegocio y a los bancos. Pese a eso el gobierno que asumió después de su salida es aún peor, pues tiene una agenda neoliberal aún más agresiva.Me gustaría que el gobierno de Dilma fuese superado por la izquierda no por la derecha. Lo que estamos viendo aquí es realmente un golpe institucional, no me queda la menor duda.

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¿Qué opinas de las nuevas políticas que está implementando Michel Temer y el apoyo del parlamento de aplicar una serie de medidas de austeridad en el presupuesto público?

-Parece que Michel Temer, que fue el vicepresidente de Dilma, viene con una agenda neoliberal. Viene dispuesto a aprobar medidas de privatización, de un fortalecimiento de medidas neoliberales. La impresión que se tiene es que Temer va a retomar una agenda muy similar a la del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), que fue un gobierno abiertamente neoliberal.

¿Cuál es el rol que juega el arte en la política?

-Al día de hoy, la impresión que tengo es que el arte se volvió inminentemente comercial. El arte por el arte, o el arte sin ningún compromiso de transformación o de concientización o cuestionamiento. A veces me siento como si estuviera en los años 50. Me siento en la necesidad de traer de vuelta a los beatniks. Necesito alguna cosa que cuestione y creo que el papel de las caricaturas es exactamente eso. El papel de las caricaturas es la crítica, hacer la crítica que no es hecha, que es omitida, que es negada a los lectores, a los internautas. Espero que mi trabajo tenga esa característica, no sólo de un registro histórico, sino también de un registro crítico de la política de nuestros tiempos.

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