Más respeto para los únicos que han sacado la cara en un país en el que cuesta hacerlo.

A los estudiantes de este tiempo les cae el peso de la mano dura de la represión salvaje y criminal, mientras los políticos corruptos intentarán con todos sus medios demostrar que solo son unos delincuentes desatados o adolescentes sin disciplina familiar.

Y luego la prensa mentirosa y sin  escrúpulos hará un festín con sillas rotas,  mesas descoladas, puertas abatidas y vidrios quebrados. Como si la debacle a la educación pública recién fuera llegando con esas quebrazones.

La educación la vienen matando esos mismos políticos corruptos desde hace mucho con la complacencia de los que no dan un paso sin ver cuanto pueden ganar. Y está en un estado agónico irreparable no precisamente por cientos de sillas o mesas quebradas…

Vivan los estudiantes de este tiempo porque son los únicos que han logrado que los corruptos políticos retrocedan o por lo menos que les salga algo más cara la imposición de una cultura que se ha demostrado como una devoradora de los pueblos y sus riquezas.

Los trabajadores, que por historia deben jugar un rol activo en esta pelea siguen pendientes de sus ombligos y del cupo de la tarjeta de crédito.

No toda la culpa es de ellos, es cierto. Los dirigentes que están llamados en teoría a dirigir las luchas populares han terminado por acomodarse en las prebendas de una cultura que les asegura buenos sueldos y futuros en las poltronas de los más canallas.

La presidenta de la CUT ya habla como diputada

Vivan los estudiantes de este tiempo porque sin ellos no se habrían escuchado consignas tan exóticas como fin al lucro, educación gratuita y de calidad y escuela democrática para todos.

Y no resulta extraño que sean los estudiantes los que han elevado la conciencia debida de todos. Por lo menos para que los que miran por la ventana intenten formase una opinión diferente a la que le forman los noticiarios de la nueve.

Y en el mejor de los casos se salven del sentido común

Vivan los estudiantes porque con su esfuerzo se muestran como la conciencia de este tiempo en que tanto cuesta ser coherente con lo que se dice. Con casi todo en contra, están dando dura batalla.

Vivan los estudiantes porque han dicho las cosas por su nombre y han denunciado a los que los han traicionado una y otra vez.

Esas autoridades inmorales como la alcaldesa Tohá que hace un par de días atrás no más decía todo lo que hoy contradice azuzando las Fuerzas Especiales en contra de quienes se sirvió para captar imbéciles que votarán por ella.

Cobardes, conversos y mentirosos que ayer no más se colgaban del sacrificio de los muchachos, y ahora de demuestran como lo que son: lacayos de los poderosos, genuflexos que muestras su cara real con la que no pueden obviar el desprecio contra todo lo que no sea de su clase.

Vivan los estudiantes porque de no ser por ese arrojo este país seguiría sin que nada pase.

Vivan los estudiantes porque se les han intentado cargar los destrozos y desatinos en los que se ha caído como si fueran pecados que ameritan el potro. Y aún cuando sea así, por lo menos hacen algo. Con errores, con falta de claridad política muchas veces, con ausencia de mayor reflexión, por lo menos hacen algo.

Y no resulta justo pedirle el tino que ni siquiera tienen los más enterados en cuestiones de teorías, ideologías o historias.

Y no hay que descartar el efecto de una rabia contenida que no tiene porqué detenerse en reflexiones finas si al fin y al cabo son cabros que se han formado solos, sin organizaciones que los eduquen u orienten en algún sentido. Y qué bien que así haya sido.

Porque aún así, no se han perdido en lo único que sirve: quién es el enemigo.

Vivan los estudiantes porque están salvando la memoria de lucha de un pueblo que nunca bajó los brazos.

Y si ahora los hace será porque el enemigo se metió en donde nunca se pensó: en aquellos que siempre fueron el azote del poderoso, el enemigo del malvado, el muro del frenético.

Por eso, por la pedagogía vital que entregan aunque solo fuera para darlo todo al ejemplo, vivan los estudiantes.