Gendarmería no vive una crisis, sino que varias al mismo tiempo. Esto, producto de ser un servicio abandonado, no solo por los gobiernos de turno, sino por una ciudadanía que le da exactamente lo mismo lo que ocurre dentro de las cárceles. El alarmismo, el populismo penal y el sensacionalismo con el que se mira dentro de un recinto penitencial nos han llevado a dejar a su suerte a 100 mil presos y a 20 mil gendarmes.

Lo primero que se puede señalar es que, al igual que muchos, es un servicio donde opera fuertemente el cuoteo político. Hasta el primer gobierno de Bachelet, el partido Radical tenía a su disposición trabajos para sus militantes en ese servicio, hoy es la DC y el PS quienes ocupan a Gendarmería como caja pagadora. Algunos argumentan que los gobiernos son instancias políticas, por lo que necesita contar con fidelidades dentro de sus funcionarios, pero el cuoteo responde a maquinas internas de cada partido, ahí se compran lealtades a cambio de puestos de trabajo y en esa lógica no hay espacio para evaluar la idoneidad del funcionario, lo importante es responder al caudillo correcto. Esto corre mucho menos para los uniformados, pero también corre, sobre todo en los grados más altos.

Dentro de los funcionarios de carrera y más alejados de las maquinas políticas, también hay fuertes problemas. Gendarmería tiene a sus distintos gremios divididos. Esto no es algo nuevo, en el aparato público en general, existen verdaderos mercados de asociaciones de funcionarios, los cuales hacen ofertones para llamar adherentes y ser más grande que la asociación rival. En gendarmería son nueve gremios, divididos entre oficiales, suboficiales y trabajadores civiles (aunque en estricto rigor todos son civiles, solo que unos usan uniforme). ANSOG la asociación que organizo el último paro de Gendarmería (mayo de este año) acusa a ANFUP (asociación más numerosa, 8 mil socios) de tener su lealtad junto al gobierno y no junto a los trabajadores. ANFUP acusa a ANSOG de no cumplir acuerdos tomados entre las distintas asociaciones. Así, cada cual por su lado, no lograr aunar fuerza ni criterios para exigir sus demandas.

Uno de los principales problemas de Gendarmería es que no tiene carrera funcionaria. Es difícil escalar dentro del servicio, se puede pasar toda la vida ahí y avanzar un par de grados. El año 2009 se ingresaron cerca de dos mil funcionarios a los grados 22 y 24, recientemente creados, para contar con más funcionarios dentro de las cárceles. Esto vino acompañado de una reestructuración de la forma de ascender en el escalafón. Se incorporaba el mérito como un factor a ponderar a la hora de elegir quien subía de rango. Esto nunca se aplicó, ya que luego del incendio de la cárcel de San Miguel, fueron varios los oficiales (coroneles) dados de baja, esto provocó que se abrieran cupos para ascender, pero con la nueva forma que ponderaba el mérito, algunos oficiales de menor grado podrían sobre pasar a otros con más antigüedad, esto fue rechazado tajantemente por los altos rangos de gendarmería, lo que derivó en que Sebastián Piñera creara una ley transitoria que le daba la facultad de realizar los ascensos de grado al Director nacional de Gendarmería. La tragedia de San Miguel los dejaba sin mérito y con 2 mil nuevos funcionarios que se pelearían cada cupo que se creara en grados superiores para ascender.

Un foco de críticas, desde contraloría hasta el gobierno, han sido las pensiones, las cuales superan por mucho el promedio del resto de los chilenos. Esto se ha justificado dentro de la institución como una vuelta de mano por una función que pone en riesgo la vida de los funcionarios cada día. La explicación que se da lejos de convencer supone una lectura entre líneas derechamente perversa: “arriesga tu vida a diario para tener una pensión digna, sino no la mereces”.

Es cierto que las condiciones en las que trabaja Gendarmería no responden a cánones dignos, principalmente, porque las cárceles no son dignas; hay un hacinamiento inhumano, existe una violencia tremenda dentro de cada penal, no hay preocupación por la higiene y Gendarmería comparte esos mismos pesares. La única forma de elevar la calidad de vida para los gendarmes, es elevarla para los presidiarios, pero eso es algo que nadie está dispuesto a hacer. Los presos son mirados como subhumanos y gendarmería los acompaña en ese camino.