No había querido comentar las apariciones de José Piñera en los medios de comunicación nacional, pero como se hizo insoportable en mi no hablar o escribir sobre esta hazaña que además tiene miles de memes en internet, pues me decidí, ordené, “lo hice y qué”.

A parte de haber viajado del pasado en el Delorian de Marty Mcfly, pareciera que a este señor no le hizo nada de bien el haber estudiado en los mejores colegios pagos, en las mejores universidades del mundo, o haber pasado unos años en el país de las oportunidades y el respeto por las razas. (para la tele y elecciones claramente).

Junto con idear el sistema de AFP, Piñera José (como sus hermanos) fueron parte activa de una de las dictaduras más sanguinarias de Latinoamérica, eso no hay que olvidarlo, una dictadura que alimentó de prepotencia y petulancia a todo aquel que, por temor o fanatismo, apoyó el autoritario gobierno del otrora salvador de la patria, hoy hasta investigado por narcotráfico, Augusto Pinochet Ugarte. Si, el clan Piñera se enriqueció gracias a la prepotencia económica y humana de la dictadura y ellos, como muchos otros demócratas, estuvieron con el dictador siempre. ¡Siempre!.

El tema es que, llegada la democracia y a medida de que la sociedad civil fue tomando conciencia de que la alegría no llegaba, junto con esos jóvenes que le dieron la pelea a Pinochet en las calles y que hoy están ya jubilados o próximos a jubilarse (y observando decepcionados sus miserables papeletas de jubilaciones), en fin, a medida que el pueblo chileno comenzó a hacerse consciente de los atropellos y comenzamos a reclamar, paralelamente apareció un fenómeno que quizás usted ya ha observado, pero que en esta columna quisiera llamar como Prepotencia ilustrada.

 La prepotencia ilustrada proviene de la clase oligárquica, la de los dueños del fundo, gente con muy buenos modales en la mesa, pero que a la hora de defender (ya sin argumentos válidos) sus capitales o negocios (negocios a costa de la clase trabajadora como en el caso de las AFP) podrían caer en lo que Gramsci nombraría como “coerción”, que se define como el uso de la fuerza para ordenar las cosas, cuando se salen del lugar en el que la clase que oprime acostumbraba a tenerlas.

Pero esta no es la coerción policial, no es la del “palito que aboya ideologías”, esta es más ordinaria aún, pues los prepotentes ilustrados se visten bien, van a la iglesia, se persignan y pregonan desde el púlpito y el clero los aplaude, a ellos, a los de “cuello y corbata”.

Prepotentes ilustrados hay, fíjese, en la izquierda capitalista o Nueva Mayoría y la derecha pinochetista, la prepotencia ilustrada tiene orígenes tanto en el “dedo de lagos” como en el sublime y poético dicho del “aquí no se mueve una hoja sin que yo lo sepa”.

Ejemplos sobran, como el mismo Pdte. Ricardo Lagos cuando estudiantes en Valdivia lo interrumpieron por condenarlos al CAE y el detuvo su discurso para gritarles (con el mismo dedo a punto de reventar) “USTED NO ME VENGA A HABLAR A MI DE DEMOCRACIA!!”.

La Prepotencia Ilustrada es violencia. Es violencia contra la opinión pública que daña lo poco que nos queda de democracia, así como aquel hombre que golpea a su mujer “porque es el macho de la casa”, es lo mismo, violencia social televisada a los 4 vientos, violencia que pasa por sobre periodistas (que aunque  en esos medios no cumplen, ni cumplirán, con el deber de fiscalizar la democracia) son pisoteados por lo que podría ir quedando de aquella dictadura, los últimos intentos de los estos demócratas por defender su modelo económico. Una cosa buena tiene esto y es que cuando comienzan a ponerse violentos, (Como cuando Sergio Bitar golpeaba en la mesa, muy suavemente a Pancho Figueroa) y se desesperan, quiere decir que los argumentos para validar este sistema, se están acabando o ya acabaron definitivamente.

 

 


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