Ante los dichos del diputado Giorgio Jackson en Twitter, en que hace el llamado a los estudiantes en cuarto medio a no matricularse en universidades de Laureate, hay mucho que decir.

En primer lugar tengo la necesidad de defender como estudiante de la UNAB a mi casa de estudios, no así al controlador de esta ante sus desafortunados dichos. El Diputado ha confundido enormemente ambas cosas, expresándose como si Laureate fuese la Universidad misma. Una confusión vergonzosa, tendenciosa y desinformada.

Viene al caso decir que lo que vivimos hoy en cuanto al debate sobre el lucro en la educación, surgió de un problema esencial y de estructura del sistema educacional del Estado: el limitado ingreso a las universidades del Estado o “universidades tradicionales”, principalmente por obstáculos como la Prueba de Selección Universitaria (PSU), la diferencias abismantes en el proceso educativo primario y secundario de los colegios y liceos del país, y por último, las dificultades económicas de las familias chilenas promedio para lograr enviar a sus hijos a estudiar en una Universidad.

Los dichos del Sr. Giorgio Jackson, si bien pueden estar llenas de “buenas intenciones”, son un insulto a aquellos que somos primera o segunda generación de estudiantes universitarios, los cuales logramos cursar carreras que, en caso de no existir universidades “privadas”, jamás hubiéramos podido acceder por las limitantes antes dichas.

Claramente hoy estamos en contra del lucro por parte del controlador Laureate y cualquier otro que exista, nuestra aspiración y fin de movilización es hacer cesar dicha actividad en el ámbito de la educación, pero ello no quiere decir que cuestionemos la enseñanza que hemos recibido a lo largo de nuestros estudios universitarios, como dice uno de los tantos lienzos con mensajes que tenemos: Nuestra Educación no se cuestiona, sí a quien la controla”.

En nuestra casa de estudios vemos lo que podemos llamar un “pequeño Chile”; el estudiantado se compone de compañeros de todos los estratos sociales, desde el más bajo, al más alto, compuesto principalmente de estudiantes provenientes de la clase media, y esto ha permitido al interior de la casa de estudios, un debate lleno de diversidad, posturas y opiniones respecto al sistema educativo, al lucro en el mismo, y el rol del Estado.

Es fácil expresar y hacer el llamado a estudiantes secundarios a no matricularse en lo que mal ha llamado, “universidades de Laureate”, pero espero se responda las siguientes cuestiones: Si siguen existiendo las limitantes dichas al inicio de este mensaje, ¿dónde podrían estudiar? ¿Podrán ingresar como el Sr. Diputado a la Universidad Católica? ¿A cualquier universidad tradicional? Deja de ser un insulto a quienes estudiamos en “Universidades de Laureate”, ahora es un insulto a aquellos estudiantes que por una u otra razón ajenas a su voluntad y sueños, nunca podrán entrar a una universidad tradicional.

Señor siputado, antes de hacer llamados desinformados, pregúntese por qué surgieron universidades privadas, por qué llego esta transnacional con su negocio, y reflexione sobre el por qué solo una universidad privada, como la UNAB, tiene más Estudiantes matriculados que todas las universidades tradicionales. Le recomiendo enfocarse en la reforma estructural del sistema educacional del país, para que nunca más tengamos que lidiar con un controlador y un Estado que hipoteca nuestros sueños con elevados aranceles y créditos a más de 15 años. Tenga presente: más que un controlador que lucra, hay 40 mil estudiantes solo en una de sus universidades.

Mi llamado no será a que los estudiantes secundarios no se matriculen en ciertas universidades, mi llamado es que los estudiantes secundarios luchen por el acceso universal a la educación superior, a la gratuidad real, y que si eligen una “universidad de Laureate”, ingresen con orgullo y con ánimo de transformar esas casas de estudio, en una por y para sus estudiantes, no para transnacionales.

Por último, recuerdo la expresión del diputado Gabriel Boric en un foro estudiantil realizado en la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, donde relataba que al inicio de las movilizaciones estudiantiles universitarias, los estudiantes de universidades tradicionales pasaban por fuera de la U. Central cantando “300 puntos, 300 puntos”. Hoy no imaginamos cánticos tan discriminadores como esos entre Universidades tradicionales y privadas en una manifestación, pero Sr. Jackson, sus dichos me lo han hecho recordar.