En libros de historia y webs especializadas, el rodeo es descrito como un ejercicio ecuestre, considerado deporte nacional desde 1962. Fue por aquellos días cuando, tras un acuerdo, el Consejo Nacional de Deportes y el Comité Olímpico de Chile lo reconocieron como una disciplina deportiva, con jurados, premios y reglamentación.

Básicamente, el rodeo consiste en una disputa dada al interior de un recinto llamado medialuna, cuyo máximo objetivo es detener a un novillo en una zona determinada. Para ello, un par de jinetes deben arrear al novillo en tres oportunidades consecutivas, mientras el jurado evalúa la postura de los participantes, la actitud del caballo y el lugar de los golpes, con puntuación diferenciada de acuerdo a las partes del animal.

Desde hace un tiempo, el ejercicio del rodeo es cuestionado por los múltiples daños causados a los novillos participantes en la escena y el estremecedor espectáculo que esto implica. Por ello, durante este sábado 6 de septiembre, activistas y organizaciones sociales saldrán a manifestarse en contra de su práctica, con movilizaciones en Santiago y otras regiones de Chile. A continuación, alguna de las razones que motivan el creciente rechazo ciudadano hacia dicha práctica.

1. El rodeo implica serias torturas y maltrato animal

Es quizás uno de los motivos más evidentes del rechazo. Para su realización, los novillos que participan deben soportar fuertes golpes que derivan en hematomas, fracturas, derrames internos e incluso la muerte. Los caballos, por otra parte, también sufren lesiones al ser utilizados para embestir a novillos, terneros y vacas.

“Hay daño. Es innegable. Las federaciones siempre dicen que tienen reglamentos y que han ido estandarizando las formas, pero lo concreto y lo que uno ve, es que el animal sufren un gran daño. Es un novillo que pesa 200 ó 300 kilos que es impactado por un animal de 400 kilos a toda velocidad contra un muro. Los animales sufren fracturas de costillas, muchas veces no se quieren parar por los golpes. Y lo que hacen es picanearlos”, explica Pablo Reyes, médico veteriano y presidente de Fundación Ceba.

Hay dos tipos de picanas que son utilizadas en la competencia: de acero o eléctricas. Éstas son usadas para obligar a los animales a pararse o, en la previa del rodeo, para animarlos a salir corriendo y participar.

Animalistas y activistas de diversas organizaciones aseguran, además, que los animales son maltratados también durante su encierro en los establos y que la persecución en las medialunas implica un importante estrés psicológico para ellos.

Según Mauricio Serrano, vocero de la ONG Animal Libre, existen registros que evidencian “que los animales no quieren ser parte de la actividad. Entonces, para poder forzarlos, se les da patadas, bofetadas en rostro, torceduras de cola y golpes eléctricos”.

2. La ley sobre maltrato animal no se aplica en el rodeo

La legislación chilena sostiene sanciones para las prácticas que impliquen maltrato animal, estableciendo penas que van desde los 61 días a tres años de presidio menor en su grado mínimo y multas de 2 a 30 UTM.

De hecho, el Artículo 291 Bis del Código Penal textualmente señala: “El que cometiere actos de maltrato o crueldad con animales será castigado con la pena de presidio menor en sus grados mínimo a medio y multa de dos a treinta unidades tributarias mensuales, o sólo con esta última”.

Valeska Carrasco, egresada de Derecho y activista de AnimaNaturalis señala que, en otros países, algunos movimientos sociales han avanzado en el castigo de prácticas que impliquen maltrato animal a través de ordenanzas municipales y federales para aquellos territorios con autonomía propia. Por ejemplo, respecto a los casos de las corridas de toro en España, México y Perú.

Sin embargo, en Chile el rodeo está exento de la ley de protección animal, algo que corrobora Mauricio Serrano, de la ONG Animal Libre. “Aunque puedas grabar o fotografiar una situación de maltrato, no se puede hacer una denuncia. Ellos tienen un juego legal que los favorece”, recalca.

3. No es un espectáculo familiar

Durante años, los amantes del rodeo han defendido su práctica argumentando que numerosas familias de los entornos rurales de Chile asisten a presenciarlo. Sin embargo, el espectáculo del rodeo expone, especialmente a los niños, a observar escenas de abuso y crueldad en contra de los animales que podrían causar más de algún problema psicológico. De hecho, algunos estudios señalan que el visualizar y practicar conductas violentas hace que los menores sean más propensos a su repetición.

“Básicamente estás enseñando a un niño, a un infante, a una persona que no tiene suficiente juicio y discernimiento, a ver un crueldad, a tomar con naturalidad el maltrato y no tan solo eso, sino que a disfrutar con el sufrimiento ajeno de un ser que es considerado inferior”, argumentó Valeska Carrasco. “En otras palabras, estamos creando futuros maltratadores”, apuntó.

4. En general, el rodeo profesional es una práctica de elites

Durante su historia y por las condiciones necesarias para su ejercicio, el rodeo ha sido una tradición vinculada a las clases más acomodadas del mundo rural. En las competencias nacionales, por ejemplo, es posible advertir grandes auspiciadores participando, mientras que los fondos concursables de desarrollo regional asignan importantes cantidades de dinero a su práctica (hasta 30 millones mensuales, por ejemplo). Por ello, si hay algo indiscutible hasta el momento, es que el rodeo profesional mueve dinero.

A las estimaciones sobre sus costos hay que sumar los precios de los caballos y los atuendos utilizados por los huasos para practicarlo.

“Hay un cierto clasismo”, comenta Reyes, veterinario de Fundación Ceba. “El asociarse a este tipo de actividad, que es una actividad de patrón, de dueño de fundo, de cierto modo te da status. Si yo tengo un caballo que cuesta 20 millones y uso un atuendo de huaso que cuesta 5 millones, ciertamente es una actividad de elite. Está asociado a ese mundo y la gente que está alrededor pretende adherir a este círculo. Hay arribismo”.

Para algunos activistas, su práctica es más bien sectaria –asociada a grupos específicos- y obsoleta, por lo que ponen en duda su carácter de deporte nacional. “Hoy en día mantener un animal y todo lo que implica a la hora de practicar rodeo es carísimo. Es algo totalmente elitista”, señala Ányelo Soto Allende, activista de la Sociedad Chilena de Protección Animal.

“Una figura emblemática del rodeo nacional es Agustín Edwards, dueño de El Mercurio S.A. y del criadero Santa Isabel, uno de los más importantes en Chile”.

Latifundistas y grandes parceleros financian su práctica profesional al facilitar el préstamo y la venta de ganado. Una figura emblemática del rodeo nacional es Agustín Edwards, dueño de El Mercurio S.A. y del criadero Santa Isabel, uno de los más importantes en Chile.

En 2011, Iván Merino, presidente del Club del Chileno Chillán, reveló en una entrevista que “antes pensábamos que mientras más caro se fuera haciendo habría menos gente, pero está pasando al revés, mientras más caro hay más gente”. ¿Por qué?, le preguntó el periodista. “No sé, no me lo explico”, contestó.

Otros, sin embargo, argumentan que los círculos amateur del rodeo continúan vigentes. “También existen rodeos populares, sin grandes auspicios, donde los animales son pasados a llevar de mayor manera”, recalcó Serrano, de Animal Libre.

5. Los animales no son objetos de entretención, ni el maltrato una expresión de identidad nacional

Durante años, los practicantes y organizadores de rodeo han rechazado las críticas de quienes acusan abuso en contra de los animales, pese a que la infraestructura de las medialunas no está hechas para amortiguar los golpes sufridos por los novillos, terneros y vacas. Sus defensores, además, niegan la utilización de picanas y que los animales heridos vayan a parar a mataderos.

“Partiendo de la base de que los animales no están al servicio nuestro, creemos que deberían estar sujetos a consideración y cuidado. El rodeo implica electrocución, golpes y toda una persecución que se realiza en la arena. Hay mucho estrés y agotamiento físico y psicológico”, argumenta Soto.

Para otros, el rigor deportivo del rodeo es cuestionable y sus 400 años de tradición no hacen más que justificar su rápida abolición. “El hecho de que este deporte consista en golpes a animales indefensos lo hace injustificable”, apunta Serrano. “El tiempo no está justificando el rodeo. Cada día, cada mes y cada año, agrava el avance de una sociedad justa y ética con todos los individuos que compartimos el mundo”.

Mientras la Declaración Universal de los Derechos del Animal señala que “ningún animal será sometido a malos tratos ni a actos crueles”, en Chile, el rodeo sigue siendo defendido en nombre de las tradiciones chilenas. Sin embargo, una práctica tradicional que consiste en perseguir y embestir a un ternero asustado frente a la multitud, llama hoy, más que nunca, a cuestionar la naturaleza cultural y ética de toda una nación.