Cuando tenía 8 años mi mamá me llevó al nuevo Alto Las Condes al lanzamiento de un juego de cartas. Si soy ñoño es porque me criaron así de pequeño: leyendo libros de animales, jugando en una plaza y viendo series. Así que mi mamá se fue a la segura y me llevo al lanzamiento de un juego de monstruos “como los Tamagotchi” que estaban rompiéndola en Japón. Este fue cuando lanzaron Pokémon TCG en Chile y me lleve mi primer mazo, un zap con un Mewtwo holográfico, el cual me hizo enamorarme perdidamente de los pokémon psíquicos.

En mi casa de pequeño había solo un computador, el de mi tío que estudiaba Derecho. Mi mamá lo convenció de dejarlo en el living de la casa y de que así “los niños pudieran hacer las tareas”: mentira, nos pasábamos las noches jugando Red Alert o Age of Empire comprado en el Paseo Las Palmas en CD de 15 lucas. En eso, con la Internet que hacía ruidos de fax, logramos descargar un juego en japonés que tenía las criaturas que tenían mis cartas: Pokémon Green. Y desde ahí que no lo he dejado de jugar.

Cambio de siglo. Me mantuve en el circuito de las cartas hasta 2005 y los vídeojuegos de la cuarta y quinta generación tuvieron que esperar vacaciones para que consiguiera una consola y poder jugarlos. Luego de que falleció mi mamá me regale una Nintendo DS y me los jugué TODOS unas 10 veces, en parte para evadir, en parte porque quería conseguirlos a todos. Ciertamente Pokémon es más que Pikachu, y aunque me frustra profundamente que Ash en más de ochocientos capítulos no haya ganado ni una puta liga, lo cierto es que cuando hablamos de Pokémon hablamos mucho más que de una franquicia

¿Por qué? Porque como yo, muchos jóvenes y ahora adultos nos formamos descubriendo los universos de Kanto, Jotho, Hoenn y demases. Para acceder al mundo hay muchos formatos: desde el vídeojuego trianual, las rediciones y juegos paralelos, las cartas, las figuras, la serie y las 19 películas. Además, ahora que salió Pokemon Go aparecieron todos quienes alguna vez fueron fanáticos y los que con el juego de teléfono inteligente dejaron de ser de cartón. Ciertamente, Pokemon es parte de la cultura contemporánea, como un producto cultural transgeneracional y multiplataforma, que sin duda también nos acompañará en las Olimpiadas de Tokio 2020 y que se ha forjado como un persistente ejemplo de resilencia, compromiso y amistad.

¿Qué tiene que ver esto con la tecnología?

Pokémon es un producto cultural proveniente de la ciencia ficción (sí, de la ciencia ficción). Como tal, nos elabora sus argumentos en un mundo utopico donde humanos y pokémon viven en un grado de equilibrio, pero que la tecnología media en formas específicas (desde los modos de captura y salud, como las formas de clonación y crianza). Esta dimensión tecnológica es omnipresente, pero implícita, tanto en el mundo pokémon como en nuestra realidad. Preguntas como: ¿Es malo el pirateo de los juegos de mi infancia? ¿Son los pokémon seres sometidos o determinados por las pokébolas? ¿Qué puede hacer Niantic con todos los datos que le damos acceso al jugar Pokémon GO? ¿Qué fenómenos hacen a un vídeojuego tan masivo y adictivo? Y muchas otras preguntas necesarias surgen en esta intereacción.

De aquí el desafío: hace ya 5 años me dedico a tratar de cultivar la consciencia tecnológica en mis estudiantes (escolares, universitarios y profesores) para tratar de hacer un mundo más coherente en su relación con los actos y artefactos. Esto se conoce en el mundo como “Ciencia, Tecnología y Sociedad” y es un área transdisciplinar que busca explicar las relaciones humanas del conocimiento. Desde esta perspectiva, el mundo Pokémon tiene mucho más que enseñarnos y problematizarnos, y no es futil utilizar como vehículo un objeto cultural. En otras universidades, como la UCLA, hay cátedras dedicadas únicamente a Hayao Miyazaki para entender el Oriente del siglo XX y XXI.

El hacernos estas preguntas creemos son claves para la formación ciudadana y la educación de calidad. Un país donde la educación tecnológica es técnica (porque no entrega modelos de pensamiento para discernir en esta dimensión de la realidad) nos deja un enorme desafío a afrontar, el cual apunta en colocar problemas donde los estudiantes tengan una enorme motivación intrinseca (propia, interna) y llevarlos por el contenido de manera dinámica y efectiva. Los estudiantes aún no saben que desafíos les esperan (y no les daremos spoilers aquí), pero ciertamente esperamos crear un curso épico (de esos que salen o muy bien… o muy mal) y también empujar a observar con otros ojos los elementos de las culturas tecnológicas y no llenarnos los ojos leyendo refinados comentarios que adolecen de esta competencia.

Nuestro mundo de hoy esta lleno de pokémon deambulando, pero también (hace ya varios siglos) de tecnologías que tampoco observamos. Y tal como Pokémon me enseño a observar el mundo en busca de criaturas, objetos y secretos, aprendí que estos podemos aplicarlos a la tecnología y conocer una aumentada versión de nuestra misma realidad.

Datos del Curso de Formación General, U. de Chile:

¿Cómo nos Cambia la Tecnología? (versión especial Pokémon 20 años)
Profesores: Martín Pérez Comisso, Pablo Paredes y Gabriel Cabrera
Horario: Miércoles de 18:45 a 20:15 hrs.
Facultad de Cs. Físicas y Matemáticas


Coordinador Desafíos del Conocimiento, Revolución Democrática