La parada militar comenzó como una suerte de espectáculo. Los ensayos del ejército chileno se realizaban en lugares públicos sin una periodicidad establecida y atraían espontáneamente a gran cantidad de espectadores, por lo que en el gobierno de Jorge Montt se estableció que se realizaría año a año en el Parque O’Higgins. Pero fue en 1915 cuando se declaró oficialmente el 19 de septiembre como el Día de las Glorias del Ejército. Desde entonces, en este día se celebra y rinde homenaje a todos los caídos que han entregado su vida defendiendo a Chile.

Pero la verdad es que la historia del Ejército nacional no es solo de héroes y patriotas. De hecho, está plegada de asesinatos masivos a compatriotas, privilegios exorbitantes comparados con el resto de la población y distintos casos donde miembros de las honorables Fuerzas Armadas inflaron sus billeteras con el dinero de chilenos y chilenas.

En el día de las Glorias del Ejército, en El Desconcierto quisimos mirar más allá de la parafernalia de la Parada Militar para mostrar cifras, datos y hechos que avergüenzan a nuestras Fuerzas Armadas.

Más de un siglo asesinando chilenos

Infografía: Juan Pablo Rioseco / El Desconcierto

Las veces en que las fuerzas militares levantaron las armas contra los propios chilenos son más de las que a todos nos gustaría recordar. La mayoría fue cometida hace bastante tiempo y eso hace que las cifras sean inexactas. Por ejemplo, en la mal llamada “Pacificación de la Araucanía”, el Estado chileno decretó el exterminio masivo de pueblos originarios para poder dominar el territorio mapuche tras la Guerra del Pacífico. Al igual que en el genocidio de los Selk’nam en el extremo sur del país, resulta imposible llegar hoy a una cifra exacta de muertos. Sin embargo, se estima que fueron miles.

Entrado el siglo XX, las masacres se volvieron más comunes en la medida que el pueblo chileno se levantaba. La solución de los gobiernos fue, durante mucho tiempo, enviar a las Fuerzas Armadas a reprimir. Como en la semana del 22 de octubre de 1905, también conocida como “la semana roja”, en la que tras fuertes protestas por el precio de la carne, el gobierno respondió con represión. Se estiman entre 200 y 250 muertos.

La misma respuesta ante la huelga de portuarios en Valparaíso en 1903, que terminó con 50 muertos.

En época del salitre, los obreros trabajaban en plenas condiciones de explotación para las grandes empresas que exportaban el material. Y cuando se organizaban, la respuesta venía por la fuerza. Ahí aparecen la masacre de Antofagasta de 1906, con más de 100 muertos y la de Santa María de Iquique un año después, inmortalizada por el músico Luis Advis. Las cifras estiman entre 2 mil y 3 mil los muertos, que incluía a obreros bolivianos que acompañaban a los chilenos en sus reclamos.

Al inicio de 1920, aparece la masacre de la Federación Obrera de Magallanes -30 muertos- y la de la salitrera San Gregorio, con al menos 70 muertos. 

En esos años las matanzas no pararon: Marusia en 1925 (500 muertos), Coruña (2 mil muertos), Ránquil en 1934 (más de 500 muertos, en su mayoría mapuche) y la matanza del Seguro Obrero en 1938, con 60 jóvenes acribillados son parte de la triste historia de nuestras Fuerzas Armadas.

En 1946, una protesta de la Confederación de Trabajadores de Chile terminó con 6 asesinados. Entre ellos, la militante comunista Ramona Parra. Misma cifra para la masacre en la población José María Caro en 1962. En Puerto Montt, en 1969, diez pobladores murieron asesinados por Carabineros tras una protesta.

Así hasta llegar a los fatídicos años de la dictadura civil-militar. Entre 1973 y 1990, la Fuerzas Armadas y del Orden torturaron a 28 mil personas, ejecutaron a 2.279 y desaparecieron a más de 1.200.

Los privilegios de la familia militar

Infografía: Juan Pablo Rioseco / El Desconcierto

Infografía: Juan Pablo Rioseco / El Desconcierto

Las Fuerzas Armadas chilenas cuentan con 60 mil miembros activos, 2.346 vehículos blindados de combate, 236 aeronaves, 69 buques y un presupuesto anual de US$5.483 millones.

Según el ranking que elabora anualmente el Global Firepower Index, que mide el poderío militar de los países, Chile se ubica en el lugar 47 de 126.

Uno de los principales beneficios de las Fuerzas Armadas -y que ha sido duramente criticado en el último tiempo- es la jubilación. A diferencia de la inmensa mayoría del país, obligado a cotizar en las AFP y terminar con una pensión miserable, los militares tienen un sistema alternativo donde el Estado aporta la mayor parte.

La Ley de Presupuestos 2016 destina US$2.300 millones a pagar las pensiones de los beneficiarios de las FF.AA (Dipres), que se reparte entre 300 mil beneficiarios. Mientras que a la Dirección de Previsión de Carabineros (Dipreca), se entregan $579.034.717 (US$872 millones). El aporte fiscal al sistema de pensiones de ex funcionarios de las FF.AA es del 90% y tan solo el 10% se saca de sus contribuciones. Eso explica, por ejemplo, que el monto promedio de un oficial en retiro llegue hasta los 866 mil pesos, mientras que el del resto del país es apenas 190 mil pesos. Por su parte, el gasto fiscal destinado al pilar Solidario de Pensiones del sistema AFP es de 1.132.678.000.000 (US $1.601 millones de dolares), que se reparte entre 1,3 millones de personas.

Además, la pensión promedio de los militares ha aumentado en un 75% en 10 años. Si en 2005 era de 494 mil pesos, en 2015 quedó en 866 mil pesos. También tienen el beneficio de Montepío, que permite a hijas no casadas de jubilados de las tres ramas de las Fuerzas Armadas, de Carabineros y de Gendarmería, hereden pensiones de por vida cuando muere su padre.

¿Cómo se financian las Fuerzas Armadas? Una parte importante viene de la ley 13.196, conocida como la Ley Reservada del Cobre, que entrega el 10% de las ventas totales de Codelco, con un monto mínimo de 90 millones de dólares. Esto alcanza para financiar dos reformas educacionales y más de 20 hospitales completamente equipados. Si el porcentaje designado no es cubierto por las ventas de la cuprífera estatal, el fisco es el que debe completarlo.

Esta ley y sus exorbitantes cifras ha estado en el ojo del huracán debido a casos de desfalco de dineros provenientes del cobre.

Corrupción en el Ejército

El caso Milicogate vino a poner paños fríos sobre la controversial legislación que entrega tanto dinero a las Fuerzas Armadas. El propio Ejército reconoce que de las facturas irregulares provenientes de la Ley Reservada del Cobre, el fraude ascendería a los 5.483 millones de pesos.

El caso ha dejado situaciones increíbles, como la del cabo Juan Carlos Cruz, quien derrochó más de $2 mil millones en las tragamonedas del casino Monticello. También compró un caballo fina sangre y viajó a Cuba con su familia. “Le perdida de sentido al dinero”, declaró.

También puso en la palestra al ex comandante en Jefe del Ejército Juan Manuel Fuente-Alba, quien es investigado por la Justicia por presunto enriquecimiento ilícito. Tiene un patrimonio avaluado en más de 3 mil millones de pesos.

Pero el llamado Milicogate no es la única situación de corrupción en las FF.AA. Antes estuvo el Caso Leopard, con los oficiales Luis Iracabal Lobos y Gustavo Latorre Vásquez condenados por malversación de caudales públicos por la sustracción, cada uno, de más de 298 mil dólares de los montos involucrados en la adquisición de 200 tanques Leopard I-V en julio de 1998; y también el caso Fragatas, que involucraba la venta irregular de armas y provisiones a la Armada y Ejército de Chile.

El más emblemático de todos, sin embargo, es el caso Pinocheques, cuando en 1989 el dictador Augusto Pinochet firmó tres cheques por cerca de tres millones para comprar una empresa perteneciente a su hijo. Si bien el caso fue investigado, las presiones del ejército -que incluyeron una suerte de boinazo a Patricio Aylwin y picnics frente a Punta Peuco- lograron que en 1995 durante el gobierno de Frei el caso se cerrara por “razones de Estado”, como dijo el ex mandatario democratacristiano.