El pasado 31 de agosto, el rector de la Universidad Alberto Hurtado, Eduardo Silva SJ, estuvo cerca de una hora “secuestrado” en su oficina por cerca de 80 estudiantes. Ese día, los jóvenes habían convocado a una marcha interna por los patios de la casa de estudios, en reclamo a las increíbles cifras de damnificados que dejaron los meses más movilizados del 2016: 262 alumnos expulsados por “causal académica” -se les puso nota 1 por ausentarse a pruebas durante la toma- y otros 25 estudiantes sumariados, suspendidos por un año académico por los destrozos ocasionados al inmueble durante la ocupación. Los ánimos no eran los mejores en la UAH. La abierta ofensiva por parte de la dirección con tomar medidas contra los movilizados causaron enojo entre los estudiantes. Tanto, que ese día decidieron ir a encarar al rector Silva directamente en su oficina.

El resultado fue parte del inmueble destruido y una serie de imágenes que inmortalizaron el momento: el rector cabizbajo rodeado de jóvenes encapuchados. Inmediatamente, las amplias redes de la casa de los jesuitas en el mundo político condenaron el hecho. La alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, criticó al “fascismo de izquierda de los estudiantes”.

A la misma hora, la ministra de Educación Adriana Delpiano le prestaba ropa al rector por el sumario y suspensión de los 25 estudiantes involucrados en la toma del establecimiento: “Ha hecho muy bien, no nos podemos habituar como país a que esto sea natural, que alguien hace una toma en un establecimiento y lo deja absolutamente dañado”, dijo.

/ Agencia Uno

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Según cuentan desde la universidad, las fotografías de Silva siendo increpado por encapuchados, sin responder, mirando hacia abajo, fueron ideales para Silva y sus intenciones. Se victimizó, apeló a la razón recibió el apoyo inmediato de todos sus pares, que firmaron una carta condenando el hecho, y de todo el mundo político que criticó la violencia de los manifestantes y respaldó su política de mano dura que ha caracterizado su gestión desde que asumió el cargo en la universidad jesuita a principios de año, en reemplazo de Fernando Montes.

Ese mismo día, ya fuera de las oficinas de Silva, los estudiantes quisieron trasladar la manifestación al Ministerio de Educación. Carabineros lo impidió a lumazo limpio.

El saldo de la violenta respuesta de Fuerzas Especiales fue un fotógrafo inconsciente, una estudiante con convulsiones y un TEC cerrado y cinco alumnos formalizados por agresiones.

/ Agencia Uno

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El camino del “sultán”

En marzo de este año, Eduardo Silva SJ reemplazó oficialmente al también jesuita Fernando Montes al mando de la Universidad Aberto Hurtado, quien se había mantenido en dicho sitial desde la fundación de la casa de estudios ligada a la Compañía de Jesús hace 18 años.

La ceremonia, según cuentan desde la universidad, terminó siendo el capítulo final de una larga operación realizada por Silva para llegar al máximo sitial de la Hurtado.

Siendo decano de la Facultad de Filosofía se hizo fama por su estilo autoritario y misógino, ganándose el apodo de “El Sultán”. “Tiene una relación extraña con las mujeres, es bastante machista”, dice un ex funcionario de la universidad. Pese a ser presentado como una carta “progresista” de la Compañía de Jesús al momento de su elección, su estilo marca grandes distancia con las del ex rector Montes, conocido por su faceta carismática.

En 2012, junto al entonces provincial de los jesuitas Eugenio Valenzuela SJ, le dieron una especie de “golpe interno” al entonces mandamás de la universidad, instalando la figura del prorector que recayó en el sociólogo Jorge Larraín, cercano al entonces decano de Filosofía. Así, Montes se mantendría como la cara visible hacia afuera, mientras Silva ganaba poder hacia adentro. Valenzuela, históricamente cercano a Silva dentro de la Compañía de Jesús, dejaría su puesto de jefe de los jesuitas en Chile un año más tarde tras conocerse una serie de graves denuncias de abusos sexuales. La congregación católica hizo control de daños –con asesoría de Enrique Correa incluida– y lo removió del cargo antes de que el tema agarrara mayor revuelo mediático.

Descrito como alguien hábil políticamente, Silva construyó sus redes con el mundo político de la Concertación-Nueva Mayoría -históricamente cercano a los jesuitas- lo que le valió el respaldo inmediato tras la encerrona que le hicieron los estudiantes en su oficina. Hoy aparecen junto a él en la dirección de la universidad figuras como el secretario general José Miguel Burmeister, militante DC y ex candidato a diputado; el decano de de Economía, ex ministro de Ricardo Lagos, ex presidente de Alto Maipo y actual presidente de Banco Estado Jorge Rodríguez Grossi; y el decano de la Facultad de Derecho, Rafael Blanco, hermano de la ministra de Justicia.

También han pasado por la casa de estudio caras como el ex ministro Francisco Vidal y el director de políticas públicas del gobierno de Bachelet Pedro Guell, ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales.

Una vez que Montes se alejó definitivamente de la rectoría, Silva apareció como el candidato natural a sucederlo. Si bien la Universidad Alberto Hurtado ha tenido conflictos históricos con las movilizaciones estudiantiles, con tomas y desalojos violentos de parte de Carabineros casi todos los años, el actual rector tiene una línea más dura a la hora de defender el proyecto de la universidad jerarquizada y sin mucho espacio para voces disidentes.

“Montes era más carismático, tenía un mejor manejo comunicacional, lo que no quiere decir que sea menos autocrático que el actual rector. Eduardo Silva no ha tenido un manejo claro, se evidencia una mano más dura al momento de reprimir, se busca exterminar confrontacionalmente, no hay tapujos en decir de que no se van a sentar a conversar”, cuenta el presidente de la Federación de la Alberto Hurtado Gustavo Orellana.

En palabras de un profesor de la casa de estudios, que prefiere mantener reservada su identidad, “Silva no tiene tapujos en revelar lo que en realidad quieren los jesuitas, que es la defensa de un proyecto educativo muy católico con aspiraciones de ser una UC para sectores más vulnerables. Si él necesita cortar cabezas para eso, lo va a hacer”.

Detrás de ese proyecto, cuenta un ex alumno, está la constante tensión de una congregación altamente jerarquizada -e incluso militarizada- como la Compañía de Jesús de querer construir un proyecto educativo como lo tienen en su red de colegios secundaria. El problema, cuenta, es que en la universidad no pueden mantener el control absoluto sobre quienes ingresan, y su proyecto que en el papel se presenta inclusivo y pluralista, termina reflejando el clasismo de los jesuitas a la hora de tratar con los estudiantes más vulnerables que ingresan a la universidad.

Eduardo Silva SJ y Michelle Bachelet / Agencia Uno

Eduardo Silva SJ y Michelle Bachelet / Agencia Uno

El drama de los sumariados

Entre junio y julio de este año, la Universidad Alberto Hurtado estuvo tomada por sus estudiantes, quienes reclamaban democratización de la univerisdad, fin al subcontrato y otras demandas relacionadas a la gratuidad. “El mismo petitorio que hace 7 años”, reclama Orellana, criticando la intransigencia constante de las autoridades de la Alberto Hurtado.

El 14 de julio, día en que se votaría la continuidad de la ocupación, la universidad fue desalojada por Fuerzas Especiales de Carabineros. Eran las 10 de la mañana y habían 26 personas adentro, 25 estudiantes y un externo. Todos fueron tomados detenidos y gracias al parte, un día después, la universidad inició el proceso de sumario contra los estudiantes.

“Las pruebas que tienen son un recuento de los destrozos de la toma, fotos de los rayados, de la basura que quedó botada y los precios de todo lo que salió. Obviamente inflándolos, porque dicen por ejemplo que una chapa de una puerta vale 100 mil pesos”, cuenta Aylin del Canto, estudiante de Periodismo y sumariada.

El fallo del Tribunal de Conducta de la universidad acusa a los 25 estudiantes de violar la norma que califica como faltas gravísimas “todo acto tendiente a destruir o que destruya o deteriore los bienes corporales de la universidad, cuando el daño cuantificado exceda a 10 UTM y toda acción y omisión que impida de manera grave y abrupta el normal desarrollo de las actividades académicas y los servicios universitarios”.

El riesgo para los estudiantes es la pérdida de becas y créditos al ser suspendidos de la universidad. Sumados a los alumnos expulsados por causales académicas, el total de estudiantes eliminados de la universidad en 2016 suman el 5% de los matriculados este año. Los jóvenes presentaron un recurso de protección en masa contra la universidad y el rector Silva, con el apoyo de la abogada Carola Canelo.

Sin embargo, el clima autoritario que se vive en la universidad Alberto Hurtado no es solo contra estudiantes. Este año, la dirección intentó aprobar un reglamento interno que incluía control de dóping a funcionarios, control de bolsos y revisión de casilleros. Finalmente, estas medidas fueron declaradas ilegales por la Dirección del Trabajo ante el reclamo del sindicato de la Universidad.

Otra denuncia de autoritarismo en la gestión Silva tiene que ver con aspectos que tocan la fibra del conservadurismo católico más duro de los jesuitas y que la universidad resolvió despidiendo a dos profesores.

Despidos por oponerse a la dirección

Elaine Acosta es cubana de nacimiento, aunque lleva más de 20 años viviendo en Chile. Fue una de las fundadoras de la escuela de Sociología de la Alberto Hurtado, donde estuvo desde sus inicios y llegó a ser directora del Magíster. Eso hasta este año, cuando la investigadora acusó segregación de género y peleó por lograr igualdad salarial.

La diferencia finalizó con el término de la relación laboral el pasado 19 de agosto. Entonces, el departamento de Sociología envió una carta -a la que accedió este medio- al rector Silva y al vicerrector académico Pedro Milos, en la que rechazan “enérgicamente la resolución de la universidad frente a una demanda completamente legítima (…) el tratamiento que se le dio a nuestra colega durante este largo proceso fue desprolijo, y siembra la duda respecto de la arbitrariedad que pueden experimentar los académicos. Ello contradice a todas luces la preocupación por la persona y el valor del diálogo que se dice están presentes en el centro del proyecto universitario”.

También piden la “elaboración de una política de género que identifique y corrija eventuales discriminaciones salariales, académicas y de acceso a fondos concursables por la ausencia de consideración de licencias maternales; al mismo tiempo que reconozca y respete la trayectoria académica de la mujer”.

Otro caso, también en Sociología, es el de Jorge Pavez, con quien la principal diferencia habría sido ideológica. El sociólogo es experto en temas de sexualidad y trabajo sexual, con estudios, por ejemplo, sobre la “Transnacionalización y racialización del mercado del sexo en ciudades mineras del norte de Chile”.

Tocando la fibra más sensible de catolicismo, su caso fue estudiado por el comité de ética de la universidad, que lo cuestionó ante el Fondecyt en el manejo de una base de datos para desacreditar sus investigaciones, lo que finalmente fue desechado por el propio organismo.

Desde la Alberto Hurtado describen a Pavez como un académico activo cercano a los estudiantes y al sindicato en sus negociaciones colectivas, lo que también habría incidido en su despido. La argumentación inicial de parte de las autoridades fue el “déficit presupuestario” de la universidad. “Durante 2016, los ingresos proyectados de la Facultad han disminuido considerablemente debido a la adscripción de la Universidad a la política de gratuidad en la Educación Universitaria, lo cual impide a la UAH mantener la estructura de gastos asociada a la operación de esta unidad”, dice la carta del despido.

El argumento de que por culpa de la gratuidad se le despedía causó preocupación entre la comunidad, por temor a futuras desvinculaciones. El propio Pedro Milos se habría encargado de revelar ante los académicos que la verdadera razón eran conflictos con la ética que tendría el profesor Pavez. Sin embargo, hasta el día hoy se desconocen los verdaderos motivos de su desvinculación.

A diferencia de Elaine Acosta, Pavez no recibió el apoyo masivo de la comunidad de académicos. La gran mayoría, adherente al proyecto católico de la universidad, se alineó con la postura de la dirección sobre supuestos conflictos éticos del investigador, sin tener claridad sobre cuáles serían estos.

Tanto Pavez como Acosta fueron despedidos por “necesidades de la empresa”, sin que ni siquiera se estableciera un sumario en su contra.

Otro académico de la universidad apunta a un tema de censura y libertad de cátedra: hablar de prostitución le duele a la Compañía de Jesús.

El mismo docente asegura que la situación de ambos académicos despedidos grafica cómo se maneja la Universidad Alberto Hurtado. Acosta, por un lado, estuvo 20 años alineada con el proyecto jesuita de la institución hasta que pidió igualdad salarial. Pavez, por su parte, pese a su buen desempeño como académico e investigador, siempre fue mirado con recelo por las autoridades por su cercanía a los estudiantes y el tema de sus investigaciones. Pero al final del día, los dos son despedidos por oponerse a la universidad. El criterio, cuenta el profesor, es que si te vas contra la dirección, te vas. “Y eso es una institución autoritaria“, dice.

Consultados sobre estas situaciones, desde la UAH dicen que estos temas se encuentran cerrados y no se harán más declaraciones.