Era uno de los debates más esperados del último tiempo. Sin duda ver en acción a uno de los candidatos más controvertidos de la historia reciente en Estados Unidos, era algo que nadie se quería perder.

El debate lo alojó la Universidad de Hofstra de Nueva York y rápidamente quedó claro el camino: Donald Trump, con su socarronería típica, intentaría hacer quedar en ridículo a Hillary Clinton y quedar como el más fuerte.

Sin embargo, los resultados fueron otros. Trump cayó varias veces en los comentarios de Clinton, como por ejemplo, cuando no supo explicar por qué apoyo la delirante teoría de la conspiración que apuntaba a que Barack Obama no era estadounidense, a pesar de que él mismo presentó su certificado en 2001.

Tampoco pudo obviar las acusaciones de discriminación racial que recordó Clinton, cuando al comienzo de su carrera empresarial negó arrendar casas a afroamericanos. Lo único que pudo decir fue que no era la única compañía investigada.

Incluso, ante la presión de su contrincante dijo que mostraría su declaración de impuestos, siempre y cuando -y ahí le devolvió el golpe- Clinton publicara los 33.000 correos electrónicos que borró de un servidor y que generaron una gran polémica en Estados Unidos. Como si fuera poco, Trump deslizó que era “inteligente” por no pagar impuestos.

Una de las frases que marcaría el aparente triunfo de Clinton en el primer debate fue la siguiente: “Donald me ha criticado por prepararme para el debate. Y sí, lo hice. ¿Y sabes para qué más me he preparado? Me he preparado para ser presidenta. Y eso es una cosa buena”, dijo la excanciller.

Y los resultados respaldaron esa idea. Hillary Clinton figura como la ganadora en la encuesta CNN/ORC con el 62% de estadounidenses que creen que ella lo hizo mejor. Trump sólo consiguió un 27%.