La irracionalidad, en todo caso, no está en los colombianos y colombianas, sino en cómo seguimos “comprándonos” un modelo de democracia que históricamente –y salvo excepciones- ha excluido a América Latina, a sus pueblos. Más allá del dolor repetido, las preguntas no pueden quedarse en la búsqueda de explicaciones al abstencionismo, o a la distribución tan desigual de los votos, sino que ante todo es preciso cuestionarse la legitimidad y real existencia de “Estados Democráticos de Derecho”. En nuestros países donde la existencia misma de Estados, democracias y derechos se vuelve tan frágil.

Ese punto de partida, dentro del cual se inscriben los plebiscitos, sigue siendo el punto de partida erróneo en nuestras realidades. El mal funcionamiento de los sistemas políticos, de supuestas democracias no hace más que proyectarnos una verdad que muchos siguen sin querer escuchar: ¿de qué modelos de democracia hablamos en América Latina?, ¿ cuál es la estructura democrática de nuestras instituciones?, ¿nuestra cultura política es una cultura política democrática?.
Este es un problema, que va más allá del “error” político-estratégico de Santos en Colombia. Uno: ¿Cómo plebiscitar derechos universales?, dos: ¿cómo pretender que funcione democráticamente una democracia inexistente, con heridas que van en el cuerpo y la memoria de su gente? Los derechos no se plebiscitan, se protegen y garantizan para todos y todas por igual. Pero ya sé cuán lejos están nuestras “Democracias” de aquello. ¿Entonces a qué y quienes sirven estas Democracias tan repugnantemente liberales?

Antes de… y después de… solo me pregunto ¿quién manda en Colombia? ¿Quiénes mandan en Colombia? Si bien mi postura ética y humana está en contra de toda forma de violencia, los sucesos del domingo 2 solo me ratifican que la guerrilla se ha convertido en el único medio de lucha en una sociedad donde “las urnas” le fueron arrebatas a su pueblo, incluso para poder decidir sobre el derecho principal: la paz. En un país donde toda otra forma de lucha política le es expropiada, y donde solo la violencia se promete como medio de lucha no ya de poderes, sino de derechos, el derecho principal a la vida.
El camino del liberalismo en nuestra región ha llevado crecientemente a la violencia, no solo económica, política, sino también física y cultural. El autoritarismo va de la mano de este tipo de liberalismo. A nuestros días, los poderes institucionales en varias realidades latinoamericanas – que son siempre de ciertos grupos-, han logrado la fórmula para el mantenimiento de su control “en democracias”. Nada más parecido a la dictadura, con plebiscito incluido.

La lucha entonces tendrá que escalar más alto, y comprender que ante todo tendremos que construir escenarios de poder donde quepamos todos y todas, y donde nuestros derechos no se minimicen al rito cada vez más inefectivo de votar en una urna. Yo quiero para Colombia paz y también derecho a sus derechos.


Académica Escuela de Sociología, UCSH