“El hombre de la transición continúa transiciendo”, finaliza un conocidísimo sketch de Plan Z que relata -a modo de parodia- cómo habría sido el proceso político ocurrido tras la dictadura militar y el regreso al poder de los civiles. Protagonizado por los entonces irreverentes Rafael Gumucio, Pedro Peirano y Álvaro Díaz, la rutina se burla de esta etapa de la historia de Chile donde han habido “grandes avances, pero también grandes retrocesos”, donde con humor lograban dar cuenta del estado de las cosas durante aquellos locos años ’90.

No hay una fecha exacta para definir cuál es el momento exacto donde comienza la llamada transición. El sociólogo Tomás Moulian, por ejemplo, en su ya clásico “Chile: anatomía de un mito” (1997), plantea que la transición podría haber comenzado a mediados de los ’80, cuando Pinochet permite nuevamente la existencia de partidos y las fuerzas de centro e izquierda se unen en la Alianza Democrática. Esta coalición, fundada el 6 de agosto de 1983 y que más adelante se transformaría en la Concertación, tiene como fin negociar con los militares una salida del régimen para restituir la democracia. Dicha alianza firmaría, el 25 de agosto de 1985, un texto llamado “Acuerdo Nacional para la transición a la plena democracia”, el cual trazaría los caminos dentro de los años venideros.

Pese a que se disuelve en 1987 -un año antes del plebiscito que, tal como estaba planteado en la Consitución del ’80, decidiría la permanencia o no del dictador en el poder-, esta colectividad sentó las bases de la idea de una especie de tránsito entre la dictadura y una democracia plena. Con el triunfo del NO, se habla nuevamente de una transición entre que la salida de Pinochet y la asunción de un nuevo mandatario. En este período, comprendido entre el 5 de octubre de 1988 y el 11 de marzo de 1990, se realizan las elecciones presidenciales y parlamentarias, se negocian los términos de salida de los militares y se plebiscitan reformas a la Constitución que dan vida a los llamados enclaves autoritarios que darían forma a lo que el sociólogo Felipe Portales ha denominado como una “democracia tutelada”. Es decir, el Chile de los ’90 en adelante.

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Sin embargo, existe un consenso político, social e historiográfico de que el periodo de la llamada transición a la democracia no habría sido ninguno de los mencionados anteriormente, sino que comenzaría justamente aquel 11 de marzo de 1990, el día que Augusto Pinochet le entrega la banda presidencial a Patricio Aylwin. El cientista político estadounidense Peter Siavelis ha manifestado al respecto que la transición tiene su propio ethos -más allá de que su nombre da a entender que hay una especie de tránsito hacia un lugar- y ha acuñado el término “enclaves de la transición”, en contraposición a lo que Manuel Antonio Garretón había llamado “enclaves autoritarios”.

Al contrario de procesos como el argentino o el uruguayo, en Chile la transición se ha transformado en un relato en sí mismo que, a estas alturas, se sustenta como una etapa de la historia más que un periodo de tránsito hacia otra cosa. De haber sido validado como una transición modelo a principios de los ’90, hoy parece una carga que divide a los académicos a la hora de señalar si este período continúa hasta la actualidad o si ya ha finalizado. Para algunos, la transición no ha terminado por cuanto el país sigue estando hecho a la medida del legado de la dictadura. Para otros, las reformas o los procesos sociales y culturales que han acontecido en estas casi tres décadas han decretado el comienzo de una nueva etapa. Hay incluso quienes aseguran, como el historiador Alfredo Jocelyn-Holt, que aún vivimos en dictadura por seguir regidos por la Constitución de 1980 que fue validada mediante reformas por los mismos gobiernos de la Concertación.

¿Se acabó la transición? Si es que se acabó, ¿cuando se acabó? En El Desconcierto hemos debatido intensamente al respecto, con visiones contrapuestas. Por eso, en este nuevo aniversario del 5 de octubre de 1988, quisimos recordar 10 momentos de nuestra historia reciente en que políticos, analistas, sociólogos o periodistas han dado por muerta la transición. Estos son:

1. Las lágrimas de Aylwin y el Informe Rettig (1991)

Todavía no completaba un año de gobierno cuando Patricio Aylwin, cadena nacional mediante, dio a conocer los resultados del Informe Rettig llevado a cabo por la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, en el cual se detallan 3.550 denuncias de violaciones a los derechos humanos, de las cuales 2.296 fueron consideradas como homicidios calificados. Con lágrimas en los ojos, Aylwin dijo para todo el país: “Como Presidente de República, me atrevo a asumir la representación de la nación entera para, en su nombre, pedir perdón a los familiares de las víctimas”. Con ese gesto, algunos se aventuraron en decir que la transición había terminado. Pinochet, desde la Comandancia en Jefe del Ejército, le negó “tanto validez histórica como jurídica” al Informe.

2. Fin del gobierno del primer presidente tras la dictadura (1994)

Con un arrollador 57,9% de los votos, Frei Ruiz-Tagle asumió luego que Aylwin dejara el poder tras un periodo especial de 4 años, según establecía el itinerario de la Constitución de 1980. Por esos días, los mismos miembros de la Concertación planteaban que el primer gobierno tras la dictadura había sido el periodo de transición para dar paso a un nuevo ciclo político. Durante el mandato de Frei, se dictó la primera condena contra Manuel Contreras por el asesinato al ex ministro Orlando Letelier. Desde su fundo “Viejo Roble”, ubicado en la localidad de Fresia, X Región, Contreras declaraba en televisión para todo el país: “Yo no voy a ir a ninguna cárcel, mientras no haya una justicia real”.

3. Pinochet in The London Clinic (1998)

El Chile de 1998 marcaba la ebullición de una sociedad algo distinta a la de la dictadura: los celulares y el TV cable se volvían masivos, la selección chilena clasificó a un Mundial y sucedía un hecho inédito desde la dictadura: Pinochet era detenido por sus crímenes. “La transición comienza a llegar a su fin”, decía una nota de prensa de TVN que recordaba la histórica detención del General en Jefe del Ejército en Londres tras una orden de captura internacional del juez Baltazar Garzón, el día 10 de octubre de 1988. Tras la medida cautelar, que dejó al ex dictador capturado en The London Clinic, el país pujante que crecía al 7% volvió a reabrir sus heridas. Unos celebraron y otros los defendieron.

4. El primer socialista después de Allende en el poder (2000)

Le elección presidencial entre Lagos y Lavín marcó a una generación completa. A muchos que éramos niños en ese tiempo nos decían que un triunfo del entonces militante del PS marcaría un retorno a la Unidad Popular, porque sería el primer socialista en el poder tras Salvador Allende. Con un estrechísimo resultado, Lagos fue electo, pero su administración tuvo muy poco del socialismo de Allende. Tratados de Libre Comercio, servicios públicos concesionados y escándalos de corrupción marcaron la tónica de un gobierno que fue aplaudido por el empresariado. En lo respectivo a los Derechos Humanos, uno de sus hitos fue en 2003 cuando promulgó el Informe Valech, el cual buscaba esclarecer la identidad de las personas que sufrieron privación de libertad y torturas por razones políticas durante la dictadura. Pero claro, sin dar a conocer los nombres de los torturadores.

5. “Nueva Constitución” de Lagos (2005)

Para muchos, este hecho marca el fin definitivo de la transición. Las 54 modificaciones realizadas a la Constitución de 1980 en el 2005 por Lagos, según sus propias palabras, establecerían que “ahora podemos decir que la transición en Chile ha concluido” y que “tenemos por fin una Constitución democrática”. Entre las modificaciones están la eliminación de los senadores vitalicios y designados, la reducción de seis a cuatro años del periodo presidencial, la facultad de remoción de los comandantes en jefe.

6. Adiós, carnaval: La muerte de Pinochet (2006)

El 2006 fue un año paradigmático tras el retorno a la democracia. Ese año asume Michelle Bachelet, la primera presidenta mujer en la historia del país. Ese año estalla la Revolución Pingüina, el movimiento social más grande desde la dictadura militar que fue llevado a cabo por estudiantes de enseñanza media. Y ese año, el 10 de diciembre, en el Día Internacional de los Derechos Humanos, Pinochet muere en el hospital militar. Con el dictador muerto, la transición definitivamente ha acabado, dijeron muchos ese día. En las calles, la mayoría de la gente salió espontáneamente a celebrar a Plaza Italia. Los partidarios del general, en tanto, enloquecieron defendiendo su legado en las inmediaciones del Hospital Militar.

7. La derecha al poder: Sebastián Piñera presidente (2010)

Hace 52 años que un candidato de derecha no alcanzaba el máximo cargo de la República por vía democrática. El último había sido Jorge Alessandri en 1958. Como sea, el triunfo de Piñera tras cuatro administraciones concertacionistas marcaba, para muchos, el fin de una era. Este triunfo electoral representó, en teoría, a una derecha con vocación democrática y cuyo líder se había reconocido opositor a Pinochet votando por el NO el ’88. Por lo mismo, muchos afirmaron que nos encontrábamos en un escenario”post-pinochetista”, por ende, la transición se había acabado. “Vamos a vivir mejor”, dijeron.

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8. La primavera de Chile (2011)

Hay una crónica del 4 de agosto llamada “El día que la transición pidió morir”. Ese día, el gobierno de Piñera estuvo realmente en ascuas y a punto de declarar estado de sitio. Quienes fueron secundarios durante la Revolución Pingüina de hace 5 años atrás, el 2011 eran universitarios que dejaron la vida en la calle con el slogan “educación pública, gratuita y de calidad”. Y ese día, el 4 de agosto, para toda nuestra generación parecía que finalmente la transición iba a morir. El movimiento no logró sus demandas, pero sí forjó un precedente histórico de una sociedad que quiere un modelo distinto de país. Los principales líderes de aquel movimiento, Giorgio Jackson y Camila Vallejo, hoy forman parte del parlamento chileno.

9. Nueva Mayoría: Fin al binominal y Proceso Constituyente (2014)

La Concertación murió en Chile el 2014. O al menos en teoría. Ese año, Michelle Bachelet gana las elecciones y accede por segunda vez a la presidencia, esta vez con una coalición conformada por un amplio espectro que incluyó a colectividades que durante los ’90 y los ’00 formaron parte de la izquierda extraparlamentaria, como el Partido Comunista. Bajo esta coalición, Bachelet prometió educación gratuita, reforma tributaria y nueva Constitución, encabezada por un Proceso Constituyente. La muerte de la Concertación y la promesa de una nueva Carta Magna aseguraba -ahora sí- el fin de la transición.

10. Guillier, un político de transición

Guillier es la figura política del momento. Ante el inminente advenimiento de Piñera y Lagos como cartas presidenciales rumbo al 2018, el periodista y senador independiente aparece como el favorito de muchos para dar una alternativa a los políticos de la transición. Y justamente, bajo ese rótulo, es que se autodefinió en una entrevista como “un político de transición”. “No espero ser el candidato de los jóvenes, sino que ayudar al proceso de transición para los jóvenes que hoy están anunciando un Chile nuevo, maduren sus propuestas y que esta transición se acelere”, declaró el legislador. Tal como predijo Plan Z en los ’90: “el hombre de la transición continúa transiciendo”.