Isabel Orellana, parte del equipo programación dio inició al conversatorio, ejerciendo como moderadora. Su primera pregunta apuntó a abordar las experiencias de cada una de las cineastas, tratando de abordar las experiencias más allá de las dificultades de ser mujer no solo en el cine, sino que en el mundo.

Tanto Salomé como Roya y Alexandrase acercaron al cine desde otras disciplinas, la primera desde el periodismo, la segunda desde la antropología y la ecuatoriana desde la fotografía. El primer corto de Eshraghi se basó en una historia escrita por su hermano para cine.Pepa llegó sin estudios formales. Primero fue el teatro, pero se concibe como una comunicadora, de esa forma inevitablemente llegó a distintos sets, primero actuando y luego como accidente de dirección.

“Creo que para acercarse al cine siempre hay caminos circulares que van rodeandolo, hasta llegar ahí”, contó María Alché, refiriéndose a la vocación artística de su padre, que era aficionado a los títeres y a la fotografía, y del trabajo político de su madre, que la llevó a grupos de teatro callejero con un enfoque social. Al igual que las demás, llegó al cine desde otra disciplina, que en este caso fue el teatro, que siente que se mezcló con el camino que comenzó a transitar dentro del cine.

El primer largo

Si bien Roya y María, las invitadas internacionales aún no empiezan sus primeros largometrajes, las otras tres realizadoras se refirieron al proceso creativo “una tiene que enamorarse de lo que quiere decir. El contenido, el mensaje una tiene que tenerlo claro, eso es lo único que sostiene al momento de la creación, que puede tener instantes bien negros. Y para eso, se necesita voluntad”, cuenta San Martín, que está a punto de estrenar por primera vez en Chile “Rara”, su primer largometraje.

La visión de Alché es distinta, pues se encuentra en proceso de pre producción, en donde más que realizar la película, tiene que convencer a distintas personas de que apoyen su proyecto. Por eso apoya la idea planteada por la chilena “tiene que ser una idea que se mantenga vigente, porque una en el proceso va cambiando”.

Pra Alexandra Cuesta la aproximación es más sociológica en el inicio. Así se va acercando a su idea, que siempre termina de armarse en la filmación y en el montaje. “Por este modo de trabajar, más bien orgánico, me he demorado dos años en cortos de 15 minutos. Es necesario aceptar tus procesos, yo a veces me frustraba porque hay gente que trabaja más rápido. Pero hay que tener una honestidad al abordad el proyecto, reconocer tu forma”, cuenta. Salomé Jashi también concuerda en que ese proceso siempre está sujeto a modificaciones, pues con el tiempo entendió que tenía que concentrarse en la intuición más que en la lógica.

Eshraghi compartió una anecdota de un cineasta de su país, donde rescataba la discusión de un director con su fotográfo, sobre lo que es el cine o el momento cinematográfico en el cine, sobre cómo se tenía que mostrar la entrada de un perrito al plano. Uno defendía la rigidez del plano, corte y plano, mientras que otro prefería la secuencia para rescatar la emoción. Eso último caló profundamente en ella “yo no percibía el cine con mucha maquinaria, siento que a veces esos dispositivos creados para el cine nos hacen olvidar su esencia”, explica. Para ella, hay películas de factura perfecta, que no te tocan de ninguna manera.

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Las imposición de ser mujer

Salomé Jashi fue la primera en mencionar la maternidad, contando que tener un hijo cambió un poco la forma de acercarse que tenía al cine. A raíz de eso, Isabel Orellana les preguntó sobre cómo era ser mujer en términos prácticos. Esa pregunta generó debate. San Martín cree que para ella muchas veces es un problema de no atreverse a desafiar esas imposiciones. María Alché cuenta que no ha sentido discriminación, aunque se ha rodeado sin meditarlo de equipos de mujeres. La maternidad y el compañerismo a la hora de entender a quienes decidieron ser madres es un tema que ambas mencionaron. Para Alché el factor de clase social es casi más importante que el de género.

Para Alexandra Cuesta el tema de darle visibilidad al cine realizado por mujeres es fundamental, mostrándole a sus alumnas películas hechas por mujeres, mostrándole que al igual que ellas, han sido muchas las que se han dedicado al oficio, pero que no han tenido el espacio para darse a conocer.

Para Jashi primero no veía un problema, especialmente al trabajar en un equipo pequeño, sin embargo cuenta que con el tiempo se empezó a dar cuenta de que en equipos más grandes y de predominancia masculina le costaba ser escuchada.

Isabel Orellana resaltó las cifras de la organización Women Making Movie, en donde se muestran cifras nefastas al referirse a mujeres y financiamiento. Algo que se repite al mirar la repartición de fondos en el país y cómo llega a las mujeres chilenas que quieren hacer cine. También se refirió al “es absurdo sentirse como una minoría cuando no lo somos”, explica al referirse a los paneles encargados de evaluar proyectos, compuestos principalmente por hombres.

Para Pepa San Martín el día en que no se necesite un panel como este, o contar cuántas mujeres participan en los festivales, ese día el tema va a estar resuelto.

La sensibilidad

Para Roya Eshraghi el tema se acerca a la forma de abordar el cine, que para ella siempre es más sensible e intuitivo cuando lo hacen mujeres, lo que fue rebatido por Salome Jashi, que cree que no es particular a cada género.

Para Isabel Orellana la participación de mujeres en el cine sí ha contribuido a representar a las mujeres dentro del cine, dejando de lado las ideas que las muestran como objeto, o solo una musa perfecta.

Sobre este tema la discusión se centró en pensar si existía una sensibilidad particular, o si solo respondía a imposiciones sociales que obligan a mujeres y hombres mantenerse enclaustrados en esos roles impuestos.

Finalmente Isabel Orellana les preguntó sobre la intención de organizarse o identificarse colectivamente como mujeres, para defender sus derechos como parte de una industria. Para Pepa San Martín, realizadora, mujer y lesbiana eso es fundamental, pues los derechos están garantizados precisamente para otros grupos. El resto de las panelistas señaló estar de acuerdo con su opinión.

Al llegar al momento de preguntas del público, la primera interrogante se refirió a le existencia o no del cine de mujeres. Para Roya Eshraghi, la distinción no es necesaria. Eso se enfrentó a la idea de Pepa San Martín, que contó que desde pequeña le ha tocado ver cómo las mujeres tienen que lidiar con mayor discriminación. Sin embargo, para ella es necesario hacerse cargo con orgullo de formar parte de un movimiento de mujeres en su opinión, crece en América Latina.

María Alché identifica la violencia, pero cree que no se ha interiorizado en pensar su cine de esa manera, pese a que trabaja principalmente con personajes femenino.

Una joven estudiante de cine contó que no le ha tocado ser alumna de estudiantes mujeres, y que muchas veces sus profesores y compañeros no la dejan dirigir por “no tener cara de directora”, pidiéndole a las cineastas que compartieran con ella sus experiencias para no morir de rabia en el intento. El panel condenó la aseveración, tomándose con humor también que existiera una cara de directora.

Las opiniones de las realizadoras de cinco países distintos evidenciaron una diversidad de voces frente al debate, que se fueron enriqueciendo durante el debate, que fue apreciado especialmente por las jóvenes estudiantes de cine presentes en el público, que se encargaron de contar que en sus escuelas, la historia del cine se pasa prácticamente omitiendo la existencia de mujeres.