Los temas Estado Laico, laicidad y religión pasaron a tomar un peso importante en estos últimos días debido a la propuesta enviada al congreso por la Diputada Camila Vallejo.  El objetivo de la propuesta es retirar la frase “en nombre de dios” en el inicio de las sesiones parlamentarias y substituirla por “en nombre del pueblo”

Para iniciar es necesario entender lo que significa que Chile sea un Estado laico y porque es necesario que de hecho lo sea.

El Estado debe ser laico porque su propósito es organizar y preocuparse de asuntos como justicia, recursos e infraestructura sin interferir en nuestras creencias o gustos personales.  Lo que nos gusta hacer, el deporte que practicamos, nuestro postre preferido o la religión que escogemos no es un problema del Estado ni le corresponde, al Estado, solucionar los problemas que podamos tener por nuestras opciones personales, pero si le corresponde al Estado Laico velar para que estas opciones y gustos personales sean respetados por las personas que tienen gustos y opciones diferentes. Obviamente, aunque me parece de perogrullo decirlo, dentro de lo que permite la ley y no dañe niños, niñas o terceros.

El Estado debe ser laico sin peros, ya que la laicidad no es un concepto que se pueda ajustar al gusto personal.  La laicidad, al contrario de lo que se imagina o interpreta, no es contra las religiones o el clero. Lo que la laicidad sostiene es que ninguna iglesia, confesión o institución religiosa debe disfrutar de privilegios políticos, económicos o culturales y que los gobernantes de un país deben actuar y legislar sin el dictado de un clero e iglesias.

La laicidad es lo que garantiza una sociedad verdaderamente democrática. Una sociedad que comprende que el Estado no puede ni debe interferir en las preferencias individuales.  Una sociedad que le pone peros a la laicidad, que imagina que el Estado debe interferir en opciones, decisiones y gustos personales no es una sociedad democrática. Una sociedad que impone una religión como el padrón moral y ético que el Estado debe seguir – sociedad teocrática – para interferir en la vida y las opciones personales, no es una sociedad democrática, es más, es contradice la democracia.

Retirar la frase “en nombre de dios” puede parecer poco importante para algunos alegando que hay problemas mayores para solucionar en este momento en Chile, pero sabemos que no es bien así y la gran polémica que suscitó lo demuestra.

Retirar la frase “en nombre de dios” es importante porque muestra, con hechos y palabras, que asumimos como sociedad la democracia.  La verdadera democracia donde todas y todos tenemos derechos y deberes iguales.  La democracia de un Estado Laico que comprende que nuestras opciones y decisiones personales son válidas y se hace cargo, democráticamente, de los problemas colectivos de nuestra sociedad.

Un Estado Laico no es ateo, como dicen algunos, pero tampoco es religioso.  Un Estado Laico es un Estado que respeta y acepta las opciones subjetivas, pero no valoriza una sobre otra.  Esto significa que, al legislar estas opciones subjetivas no deben interferir en la opinión del legislador.  Si una creencia o una opción personal no permite que un individuo realice una acción un Estado Laico no puede ni debe interferir, pero no es lógico ni razonable que en un Estado Laico parlamentares legislen, o dejen de legislar, basados en sus creencias y gustos personales.

La democracia que tanto nos ha costado se construye, se mejora, se cuida y se mantiene con una sociedad que cree en ella.  Una sociedad democrática no le pone peros a la laicidad porque comprende que otras formas de gobierno imponen e imponer nunca será democrático.

 En este momento, cuando en Chile se discuten leyes que ponen en evidencia nuestro derecho a opción, orientación y decisión personal – leyes como aborto 3 causales, matrimonio igualitario o identidad de género – que despiertan opiniones de muchos sectores de diferentes credos y creencias junto con opiniones de sectores sin credos y otras creencias, urge recordar que Chile es un Estado Laico y es necesario que transformemos nuestra sociedad en una sociedad verdaderamente democrática.

En el nombre del pueblo de Chile, nuestros gobernantes deben legislar para todas y todos.


Psicóloga