Hay pocas personas en las calles de Santiago. Es fin de semana largo y una mujer camina bajo el sol por la calle Eduardo Frei Montalva, en la comuna de Renca. Le habían dicho que cerca de este sector trabajaba Luis Gutiérrez (45), el mismo hombre que permanece estático en los carteles amarillos que va pegando con cinta adhesiva en algunos postes. En los carteles hay una leyenda que explica que, pese a las órdenes judiciales, lleva cerca de nueve meses desaparecido junto a una niña. Esa niña es la hija de ambos, la cual tiene un año recién cumplido.

La misma imagen circula desde el 12 de octubre en Internet, el día en que la Red Chilena Contra la Violencia Hacia las Mujeres comenzó a apoyar a Claudia Lorca (31), la mujer que pega los carteles, y a su abogada Alicia Herrera. Ambas estaban dispuestas a agotar todas  las instancias para conseguir el reencuentro de la menor con su progenitora.

Diez días atrás, el viernes 21 de octubre, el Juzgado de Familia de Pudahuel decretó arraigo nacional y una orden de búsqueda y localización del mencionado Luis Gutiérrez. El documento también indica que el arraigo corre para su hija y  se exige la entrega inmediata de esta a su madre.

La última vez que Claudia vio a su hija fue el 28 de febrero, cuando ella tenía apenas 3 meses de edad. Hasta el día de hoy, sigue sin tener noticias de la pequeña.

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“Por un hijo, vale la pena el sacrificio”

Claudia Lorca y Luis Gutiérrez se conocieron a mediados del 2013 en Lo Prado, haciendo ejercicio en el Estadio Municipal Santa Anita. Ambos vivían cerca: ella con sus padres y él en un departamento de la calle Camino Loyola. Primero comenzaron a encontrarse casualmente, luego se hicieron amigos y ya en octubre de ese año iniciaron una relación. Era el primer pololeo de Claudia, quien -tal como ella misma cuenta- siempre fue “cristiana y a la antigua”, de esas que planean llegar vírgenes al matrimonio. “Aunque ya no fue así”, precisa. En esos días, estaba muy emocionada y ansiosa por que sus padres conocieran a este hombre que además de ser contador, estaba pronto a titularse de abogado.

Luis quería tener un hijo y al enterarse de que Claudia era infértil la convenció de recurrir a la medicina para revertir la situación. Tras una consulta médica, le recetaron Serophene, que se usa para inducir la ovulación, progesterona y Eutirox. Él costeó el tratamiento pero este quedó a medias, pues tras una pelea, ella terminó por primera vez la relación, dejando de tomar los remedios antes de completar las dosis indicadas.

Un par de meses después, en el verano del 2015, Claudia se enteró de que estaba embarazada. “Por mi condición no tengo menstruación y por eso se me hacía imposible sospechar de mi estado”, explica. Una calurosa tarde de febrero Luis llegó a visitarla. Había estado de vacaciones con el hijo que tenia de una relación anterior, e inmediatamente le pidió que se hiciera un test para despejar dudas. Ahí se enteró, que contra todo pronóstico, estaban esperando a una hija en común.

Luis le pidió que olvidaran sus problemas y volvieran, prometiéndole formar una familia. Con ese anhelo, se instalaron en el departamento de Lo Prado donde él vivía. Rápidamente la idea de la familia feliz se esfumó y empezaron los malos tratos. Ante cualquier señal de que iba a dejarlo, él la amenazaba. “Me decía que iba a quemar mi casa, o que iba a meter drogas en el negocio que atiende mi mamá sin que ella se diera cuenta, porque es no vidente, y que después la iba a denunciar”, recuerda Claudia, mientras le tiembla la voz. Siempre asustada, permaneció a su lado.

En medio de la conversación, Claudia saca su celular para mostrar una conversación teléfonica que grabó. Al otro lado del teléfono se escucha la voz de quien ella identifica como Luis Gutiérrez, que le dice que tiene que sentirse afortunada por haber estado con él. “Soy guapo, apuesto, inteligente y con profesión. Tú eres una mujer que es gorda, fea, deforme. Entonces el sacrificio lo hago yo”, dice entre risas, espetándole que durante toda su relación ella jamás le pudo dar un abrazo normal, pues una parálisis de un 60% afecta la movilidad de las manos de la mujer, que vive como pensionada y colabora en el negocio familiar para tener ingresos extra. En la misma conversación telefónica que quedó guardada se encarga de repetir comentarios agresivos sobre la sexualidad de ambos, agregando al final “bueno, pero por un hijo vale el sacrificio”.

Durante su embarazo, Claudia se controló en la consulta de un doctor particular en Providencia, que le advirtió que por haber sufrido una fisura en el útero no podía pasar malos ratos. La violencia a la que Gutiérrez la habría sometido, se detuvo hasta el nacimiento de su hija. Ahí volvió, pero de otra forma “No me dejaba ir con ella a la pediatra y tampoco me daba el poder para comprarle bonos en la isapre, donde es carga suya, y yo no podía pagarlo de otra forma. Además, decía que en la consulta le habían prohibido a la bebé dormir cerca de mí, porque según él yo me tiraba gases muy hediondos, por eso me obligaba a dormir en el sillón”, narra Lorca.

Amedrentar amparado por la ley

El 28 de febrero, Luis tenía que volver a la casa con su hija, según estipulaba el acuerdo tomado en la mediación. Sin embargo, no contestaba ni las llamadas ni los mensajes de Claudia, los cuales se hicieron cada vez más insistentes. “Sabía que se la iba a llevar, siempre me amenazaba con eso”, explica Claudia, recordando la desesperación que sintió cuando decidió ir a buscarlo a su departamento y lo encontró vacío. El conserje del edificio confirmó su temor: hace dos semanas que Gutiérrez había dejado el domicilio y ahora no sabía cómo encontrarlo.

Luis Gutiérrez se tituló como abogado el 11 de marzo de este año. Egresado de la Universidad Bolivariana, desde el momento en que Claudia le perdió el rastro, él ha interpuesto seis demandas en su contra en tribunales de familia, dos recursos de protección en la Corte de Apelaciones– uno en contra de una amiga suya, que comenzó a difundir fotos de la pequeña y de Gutiérrez en Facebook para buscarlo- además de dos querellas en el sistema penal y dos en tribunales civiles, que nunca cursó.

Esto último, explica Alicia Herrera, es una muestra de lo que interpreta como la estrategia del hombre: utilizar el sistema judicial para amedrentar a su ex pareja, pues iba a tribunales, ponía el timbre en el escrito, pero nunca hacía efectivas las demandas, consiguiendo que alguien – que no han identificado- fuera en dos ocasiones a entregar los documentos a la casa de Lorca, que en un principio no tenía cómo saber que esos papeles no tenían validez alguna.

“Cuando conocí a Claudia, llegó con una carpeta de más de mil hojas, agobiada con todos esos recursos que no lograba comprender”, explica la abogada, con el pesado folio encima de sus piernas.

Otro factor que esgrime como un indicador de la conducta de Gutiérrez es que son más de cinco los domicilios que ha utilizado la ex pareja de Claudia en cada uno de los recursos presentados. Herrera cuenta que además de evitar ser ubicado, así logra interponer en distintos tribunales medidas que ya han sido rechazadas en otro. Así, las medidas contra Claudia han ingresado en tribunales de familia tanto en Santiago como en Puerto Montt, donde Gutiérrez asegura residir.

Solo en el mes de marzo, interpuso tres recursos contra la mujer. Los dos primeros por negligencia,  fueron rechazados. Luego de eso, cambió de abogados y sumó un nuevo elemento, nunca antes mencionado: una demanda por un supuesto abuso sexual, debido a una fisura constatada el 14 de diciembre del 2015. En esa ocasión, según arrojó el parte médico, la niña había presentado un cuadro de estreñimiento al comenzar a tomar leche de relleno, lo que habría provocado la herida, cuenta Claudia. Con esa misma documentación, logró que el tribunal de Puerto Montt, que era el que había aceptado esa protección, la sobreseyera, volviendo a dictaminar la orden que en todos estos casos ha primado: que la pequeña vuelva de inmediato a los brazos de su madre.

Al hilar la historia, Claudia deja que se asomen nuevas aristas de la violencia de Gutiérrez, contando que cuando le tocaba ir a retirar a la menor a casa de su padre este la obligaba a mantener relaciones sexuales diciéndole que él seguía siendo la cabeza de la familia, y que tenía que hacerle caso. “Era su forma de mostrarme que seguía mandando”, explica.

Tanto Claudia como Alicia acusan inoperancia por parte de la justicia chilena, al permitir que se ingresen una seguidilla de medidas que han logrado actuar como impedimentos a la hora de hacer efectivo que la mujer de Lo Prado vuelva a ver a su hija. Por eso, el 12 de octubre la representante legal de Claudia decidió acercarse a la Red Chilena Contra la Violencia Hacia las Mujeres para exponerles el caso y buscar ayuda. Las abogadas de la organización, tras analizar el caso, decidieron acompañarla en el proceso y comenzaron a difundir virtualmente un afiche en donde se contaba la historia, y se pedía información que ayudara ubicar al padre de la lactante.

Para Lorena Astudillo, abogada de la organización feminista, este caso no solo presenta manipulación judicial, sino que confirma algo que con sus compañeras han planteado en reiteradas ocasiones: la necesidad de que existan tribunales especializados en atender causas de violencia contra las mujeres “Este no es un tema simple de familia. Acá, este tipo está tratando de quedarse con su hija, pero para hacerlo en vez de poner sus ganas y su amor, o buscar conciliar con la mamá, decide humillarla, violentarla y destruirla, es un claro ejemplo de violencia contra las mujeres”, explica.

Hoy se encuentran esperando el dictamen de los tribunales Superiores. Los abogados de Gutiérrez apelaron, pero todo indica que una vez más, su apelación será rechazada. Para Alicia Herrera “esto es un abuso desmedido al que nadie le ha puesto un atajo o una sanción. Esta niña ha crecido alejada de su madre, se han infringido tratados internacionales en torno a la identidad de un hijo con su familia de origen”, sentencia la abogada, haciendo un llamado a la justicia a operar con eficiencia frente al caso de esta menor.