Luego de un primer número dedicado a buscar los adversarios de la izquierda que reúne, las 27 páginas de la nueva edición de Revista Trama tiene como hilo conductor el feminismo y el desafío a las autoras es dar luces sobre la superación del patriarcado. La cita inicial es una anécdota de Julieta Kirkwood sobre Salvador Allende durante el Tacnazo y para efectos de evitar el spoiler no se va a reproducir aquí. Pero el que, de todas, sea Julieta Kirkwood quien encabece la primera página da las luces de la tradición que recogen las autoras: la de “las políticas”. Esta toma de posición inicial suena fuerte en pleno 2016 cuando se cuestionan los términos de la transición, misma época en que la disputa ochentera entre “feministas” y “políticas” dio paso al quiebre entre “autónomas” e “institucionales”.

Sin decirlo, la cita a Julieta Kirkwood retoma esa discusión, y lo hace desde la óptica de las políticas, es decir, aquellas militantes feministas que además eran parte de los partidos políticos de izquierda. “Manolo, Manolo, cocina y plancha solo” era uno de los gritos con los que interpelaban a sus compañeros hombres, buscando instalar un horizonte democrático que no se agotaba con la salida del dictador, sino que buscaba la “democracia en el país y en la casa”.

La toma de posición es obviamente por las políticas ya que las autoras son, también, feministas y militantes de partidos políticos mixtos y de izquierda. Escriben la diputada del Partido Comunista Camila Vallejo, Francisca Bozzo de la Izquierda Socialista del PS, la secretaria general de Revolución Democrática, Marcela Sandoval junto a su compañera consejera política del mismo partido Rocío Faúndez, Camila Arenas del Frente Feminista de Izquierda Libertaria y Adela Gómez por la Izquierda Ciudadana.

Desde miradas tan amplios como el propio feminismo, las distintas propuestas de la nueva revista Trama buscan entregar líneas estratégicas y exponer puntos relevantes para pensar el feminismo hoy en Chile. Camila Arenas propone la reactivación del campo social como un eje fundamental para la profundización de la democracia. Dentro de ello, considera la legalización del aborto y el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados como ejemplos de demandas que, de conseguirse, modificarán el estatus de las mujeres en nuestro país, permitiendo la emergencia de nuevas sujetas políticas. En la misma línea, la diputada Camila Vallejo rescata la tradición feminista marxista para proponer el estudio de las condiciones materiales específicas en las que viven las mujeres para así crear un programa que represente el conjunto de las necesidades y anhelos de las chilenas, buscando también revertir la forma negativa en que hoy se configuran las masculinidades.  

Adela Gómez explica los potenciales políticos del feminismo decolonial y comunitario y apuesta a su aporte para redefinir nuestra idea de la democracia. Deja abierto, eso sí, el conflictivo tema de la relación con el estado, cuestión que se puede graficar en las disputas entre Mujeres Creando y el oficialismo del MAS en Bolivia. Marcela Sandoval junto a Rocío Faúndez proponen, entre otras cosas, vías de acción en la estructura interna de las organizaciones políticas, su programa y su forma de abordar lo institucional legislativo. Destacan las ideas de la formación de cuadros que puedan abordar las demandas feministas de una forma no homogeneizante así como la articulación de las fuerzas de izquierda desde una perspectiva interseccional, es decir, que pueda abarcar sus propios desafíos entendiendo la forma en que distintas estructuras de dominación se cruzan sobre la diversidad de identidades. A esto se suma Francisca Bozzo, quien apunta la necesidad de reconocer la diversidad del movimiento feminista a la hora de enfrentar estas temáticas.

La toma de posición de llevar adelante la difícil interacción entre feminismo y partidismo de izquierda es especialmente importante hoy cuando, por un lado, se vive un fuerte debate teórico sobre los alcances de las políticas de identidad feministas, sus interacciones con el neoliberalismo y cómo revertirlos, y, por el otro, vemos el avance de posiciones de la derecha continental -y global- que amenazan no sólo las conquistas del feminismo sino que las ideas en torno a las que la izquierda se ha articulado los últimos años.  Sólo hace unos días la teórica Verónica Schild visitó nuestro país y se reunió con organizaciones feministas. Su llamado fue claro: recuperar la tradición feminista socialista, una que estuvo presente en las tradicionales “tres oleadas”, pero también tuvo su propia trayectoria.

El texto de Johanna Brener, “La promesa del feminismo socialista”, fue traducido para Trama en el marco de su relación con revista Jacobin. A mi juicio, plantea la cuestión más interesante respecto al preguntar si esta vez serán las mujeres trabajadoras quienes definan las demandas prioritarias, debates y formas del movimiento feminista.  

Sin embargo, en los textos quedan puntos ciegos y omisiones importantes frente a los que el establishment de la derecha y la Nueva Mayoría no tienen conflictos, pero resultan problemáticos para un feminismo socialista en nuestro país. El primero, eje de quiebre en los noventa, es la relación con el estado y su aparato. Buena parte de las sugerencias que se entregan para la promoción de políticas públicas en el ámbito legislativo y la estructura orgánica de los partidos son recomendaciones que caben en el marco del “enfoque de género” deslavado que vemos en el estado chileno y ciertas ONG al menos desde la firma de la declaración y creación de la plataforma de acción de Beijing+20.

Así como la toma de posición implícita en la cita inicial de Julieta Kirkwood es interesante, también lo es la completa omisión a las disputas internas del feminismo. La misma Kirkwood nombró como “silencio feminista” aquella época entre la consecución del voto femenino y la dictadura, época en que el movimiento resurge fuertemente y también podemos hablar de un “pase al murmullo” del feminismo luego del fuerte quiebre de 1996. Con excepciones puntuales de distintas organizaciones y liderazgos que capearon la crisis, el feminismo comenzó a levantar cabeza públicamente a inicios de la década del 2000. Pese a ese posible silencio y crisis, muchas organizaciones sostuvieron, en esa época y hasta hoy, una crítica radical a las formas y resultados del feminismo institucional. No es posible plantearse hoy una política de izquierdas sin tener esas críticas en cuenta: tampoco re-pensar la fracturada relación entre el amplio campo de organizaciones del movimiento feminista y los partidos políticos sin ella.

Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, Cartagena (Chile), noviembre 1996. Foto: Potencia Tortillera

Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, Cartagena (Chile), noviembre 1996. Foto: Potencia Tortillera

¿Cómo se piensa la relación de estos partidos mixtos de izquierda con, por ejemplo, las feministas lésbicas, si la palabra lesbiana apenas es nombrada en toda la edición? Una deuda evidente de las izquierdas ha sido no sólo la reflexión sobre el lugar y ser político de las mujeres, sino también el de todo lo que no es masculino heterosexual. Queda la duda, entonces, respecto a cómo se plantean los feminismos de la izquierda chilena frente a la diversidad y disidencia sexual. Hasta el momento la izquierda latinoamericana ha sido errática y ha avanzado -parcialmente- en aquellas reivindicaciones más potables de tragar en su pensamiento, aún muy tradicional, homo, les y transfóbico. En la práctica, la discusión de esto se ha dado a través de los liderazgos disidentes en las organizaciones, pero aún no es algo sistemático.

Mencionado sólo como problemática, existe otro punto que será desafiante: las estrategias para enfrentar y erradicar la violencia machista. Hoy tiene una visibilidad pública que no tuvo nunca antes, cuestión que en buena parte explica la multitudinaria convocatoria de la marcha #NiUnaMenos hace semanas. La derecha tiene una respuesta clara para esto e incluso puede estar de acuerdo en aumentar las penas y ampliar el tipo penal del femicidio. El gobierno de la Nueva Mayoría, en tanto, prepara el borrador de una nueva ley -¿irá a tener la misma prioridad que las tres causales?- integral de violencia de género.

Al respecto Angela Davis disparó a mediados del 2016 cuando visitó nuestro país: ¿es el sistema punitivo carcelario, el mismo que en toda Latinoamérica castiga a los más pobres, generando un multimillonario negocio a partir de la concesión, el único abordaje para erradicar la violencia? El 2017 se cumplirán 50 años desde la firma de la Convención de Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de violencia hacia las mujeres. La evaluación del enfoque hegemónico hasta ahora desde una perspectiva interseccional, de clase, latinoamericana y de izquierdas se hará más necesario que nunca.

En definitiva, ya hay académicas, activistas y artículos de prensa que hablan de una “nueva ola” de feministas chilenas. Luego de leer la edición de feminismos de Trama, las definiciones y tomas de posición de las autoras, la pregunta que queda es cuál será el rol en esta ola de las feministas militantes de izquierda, y cuánto de las prácticas políticas, programa e incidencia política de las fuerzas emergentes se permeará para resaltarla.