Hace algunos meses, invitado por el Frente de la Diversidad Sexual, participé en un foro político sobre la historia emancipada del movimiento gay/lésbico/trans, realizado en el histórico Congreso Nacional en Santiago de Chile. Ahí, recordando tantos cuerpos violentados por la dictadura, insistí en la importancia de incorporar en nuestras batallas de liberación las demandas de las diversidades sexuales más silenciadas y estigmatizadas. En medio del arduo e intenso debate, Silvia Parada de la organización TravesChile, tomó la palabra para denunciar la discriminación política e institucional que sufren las travestis en Chile, solicitando el ingreso de su agrupación al Frente de la Diversidad Sexual. Teniendo como testigos a múltiples organizaciones, activistas, autoridades nacionales y extranjeras, entre ellas el embajador de Canadá en Chile, los dirigentes públicos del Frente de la Diversidad Sexual acogieron la solicitud de TravesChile y se comprometieron a tramitar su ingreso a la brevedad.

Hoy, luego de meses de espera y tramitaciones burocráticas, nos hemos informado del rechazo del ingreso de TravesChile al Frente de la Diversidad Sexual por razones más administrativas que políticas solidarias entre organizaciones pares. El Frente de la Diversidad Sexual en Chile, a través de una declaración pública, se iguala a la derecha política homosexual señalando ser “autónomos de aceptar o negar el ingreso de organizaciones con las que no comparten ni los valores, trayectorias, estilos, estrategias, tácticas y visiones políticas”, anunciando “no acoger la solicitud de TravesChile por no compartir las formas de acción política de la organización en cuestión”.

Una vergüenza histórica la infame respuesta del Frente de la poca o nada Diversidad Sexual local. No solo desconocen el trabajo señero de TravesChile, sus identidades disidentes, los liderazgos emblemáticos de Silvia Parada, Katty Fontey o Sandy Iturra, sino que ahora, mientras recriminalizan a nuestras compañeras travestis, defienden cómodamente a la familia pinochetista del presidente de Fundación Iguales, Luis Larraín Stieb.

La recriminalización apunta al estigma delictivo de nuestras compañeras travestis, cuestión que demuestra los límites de una diversidad sexual moralista e higienizada que pugnando por su introducción en el escenario de la norma (la ley) olvidan cómo funciona la institucionalidad: a través de un poder que transforma lo ilegal en legal en las escenas de la lucha radical; en las escenas de quienes no son legítimos para la norma hegemónica. Se trata de un debate profundo, necesario y urgente porque observamos como esta diversidad sexual oficial, tal vez mucho peor que el mismísimo Movilh de Rolando Jiménez, demuestra su estrechez de corazón para articular e imaginarse nuestras luchas políticas e identitarias.

Enfrentados a las batallas por una Ley de Identidad de Género en Chile, el Frente de la Diversidad Sexual olvida que nuestra primera tarea es reconocer y reconocernos en nuestra propia historia de locas e intensas luchas. Yo no olvido ni olvidaré esas memorias más allá de los estigmas delictivos que pesan y siempre pesarán en nuestras comunidades más vulnerables. Yo no olvido ni olvidaré nuestras batallas post identitarias, ni mucho menos silenciaré nuestra orgullosa pertenencia de clase obrera, trabajadora, marica, feminista, travestida y seropositiva.

En reconocimiento a las historias de luchas y a las complicidades con las trayectorias de tantas compañeras que han construido otras diversidades posibles más allá del Palacio de Gobierno, cancelo mi participación en el programa radial “Una loca revolución” que animaba cada semana en la Universidad Central junto a José Luis Díaz, Coordinador Político del Frente de la Diversidad Sexual, uno de los firmantes de la carta respuesta contra TravesChile.

No es posible plantearse e imaginarse una “loca revolución” si una de nuestras compañeras históricas enfrenta la discriminación arbitraria y el doble estigma de parte de un Frente de la Diversidad Sexual que se disfraza de tribunal de justicia moral. No puedo seguir compartiendo micrófono ni espacio político con quienes dicen defender las diversidades sexuales públicamente pero privadamente votan por excluir de la participación e incidencia política a las más discriminadas de las discriminadas. Es intolerable e ilegal que el Frente de la Diversidad Sexual trasgreda la propia Ley Antidiscriminación.

Nosotras, las disidentes sexuales, no somos ni seremos iguales a ustedes porque ustedes operan con quienes defiendan el mercado y sus privilegios políticos de clase. No somos ni seremos iguales a quienes no reconocen el legítimo derecho de nuestrxs hermanxs mapuche a recuperar sus territorios. No somos ni seremos iguales a quienes no han levantado las banderas del derecho a la educación pública para todxs y la realización de una Asamblea Constituyente Popular. No somos ni seremos iguales a quienes no han expresado solidaridad con lxs trabajadorxs explotados guardando cómplice silencio frente a un sistema que oprime y castiga al pueblo a través de las AFP creadas por la dictadura cívico-militar. No somos ni seremos iguales a ustedes porque mientras ustedes desean celebrar sus matrimonios igualitarios, nosotras luchamos por el derecho a existir, por el derecho al trabajo, por el derecho a la identidad.


Es periodista y activista comunitario en VIH/SIDA, conocido como “El Che de los Gays” autor de “Bandera Hueca. Historia del Movimiento Homosexual en Chile” y “El Diario del Che Gay en Chile”.