La guerra civil desatada al interior de la coalición gobernante a propósito de la trabazón impuesta por la tozudez de la presidenta Bachelet por la interpósita impericia de su Ministro de Hacienda, de notable torpeza política, habrá de dejar heridos y más de alguna amenaza.

Porque si algo debe quedar claro para los que sitúan en el blanco de sus críticas al ministro Valdés, sobre todo para los militantes de los partidos de la Nueva Mayoría que intentan verónicas y chicuelinas, la que dirige el país, el gobierno y su coalición es la presidenta, que de nuevo, huyó al extranjero en medio de la tormenta.

Voces del PC critican al gobierno como si fuera de otros, como si el PC no tuviera responsabilidades en todo lo que hay y como si la presidenta Bachelet no fuera de este mundo. El PC, y así lo hemos reconocido, ha sido y posiblemente será el último en dejar sola a su presidenta.

Corresponde entonces, en uso legítimo de su lealtad, que presione donde debe, que exija a la dueña de los chanchos.

Y si sienten que lo miran mal y que es tratado como carne de cogote por sus socios de la Democracia Cristiana por una gestión así, entonces que se vaya. De lo contrario que acepte que el fardo se compra cerrado y por más divergencias puntuales que haya a propósito de la miseria de reajuste  que se pelea, el PC es un factor de la Nueva Mayoría.

El caso es que el gobierno persistirá en el principio que intenta salvar lo poco que queda: el modelo se cura con más modelo. Recordemos que las falsas reformas que iban a modificar el paradigma neoliberal situado en el alma del modelo no solo dejaron las cosas tal como eran, sino que mucho más amononadadas desde el punto de vista de la cultura hegemónica.

Por eso ha quedado de manifiesto, y así lo dejan ver las autoridades involucradas en la negociación del sector público, que la trabazón en la actual negociación no es un problema de dineros, sino de principios: la movilización de la gente jamás puede ser validada como la vía para lograr triunfos.

En este país sobra dinero si se atiende la adquisición de costosos equipos militares, vehículos policiales, donaciones a las iglesias, ahorros en el extranjero  y un ejército de operadores políticos y asesores que pueblan los ministerios y que disfrutan de sueldos gerenciales.

El regateo del ministro Valdés -cuya ignorancia política no es posible disfrazarla de experticia técnica- ha sido demostrativa de que su postura no tiene que ver con dinero. El escaso reajuste, el desprecio de las movilizaciones de los trabajadores y el uso desmedido y criminal de la represión, tiene un fundamento ideológico: la lucha de los trabajadores jamás puede lograr lo que se propone.

El sistema hace rato que camina sobre una cuerda floja, sostenida no más por la represión, la manipulación y por la falta de una izquierda que zarandee las cosas y proponga algo que luzca como una innovación, como la imaginación y la decisión dispuesta para hacer la vida imposible al sistema y proponer algo de rango decente.

Lo cierto es que ha quedado demostrado que el gobierno de Michelle Bachelet navega en ceñida. Y lo que resta es una caída libre, lapso en el cual a lo sumo se intentará administrar el fracaso y disfrazarlo de avances y compromisos cumplidos.

Pero el caso es que este segundo e innecesario tiempo de Michelle Bachelet ha dejado al descubierto que las enormes contradicciones que se suceden con frecuencia de espanto al interior de la Nueva Mayoría no tienen solución en el mediano plazo.

Y lo sano sería que luego de todo este desaguisado pase algo mucho más drástico que el recurso de levantar las manitos tomadas en una nueva señal de que todo anda bien cuando todos sabemos que la cosa anda pésima.

Y la principal responsable del precario equilibrio que ofrece esta cuerda floja es precisamente la ausente presidenta y quienes creen que le hacen un favor intentando blindarla.