El movimiento de piezas de la Nueva Mayoría tras el último cambio de gabinete puede resumirse en una sola palabra: irrelevante.

Más que una alteración –y al igual que en los pasados cambios de gabinete previos realizados por Michelle Bachelet–, lo que tenemos es una consolidación del rumbo restaurador de este gobierno, el cual ha quedado evidenciado una vez más, ahora en la imposición comandada por Hacienda del reajuste de los trabajadores/as públicos de un 3,2% (que según los resultados de la inflación de noviembre, podría variar entre 0% y un 0,3% de aumento real), dejando una de las postales más nítidas de lo que ha significado este gobierno: una Moneda asediada por la indignación.

En este contexto, una de las cuestiones más llamativas del movimiento de piezas, no sólo se observa en el cambio de la vocería del gobierno, en la que no se posiciona una carta de confianza de Michelle Bachelet, destacada militante socialista vinculada al “escalonismo”, Paula Narváez, sino que también y por sobretodo se observa la desfachatez de una renuncia que no puede ser tildada más que de oportunista.

Me refiero a la salida de la ex ministra del Trabajo, la demócrata cristiana Ximena Rincón, quien –en un primer momento– renunció a su cargo senatorial para asumir la cartera de la Segpres en marzo de 2014 y hoy renuncia al Ministerio del Trabajo para volver a postularse al Senado en los próximos comicios del año 2017, probablemente, en la misma región del Maule.

¿Es política y éticamente correcto que una ministra que dejó literalmente acéfala la cartera del Trabajo mientras se desarrollaban negociaciones que terminaron con una aplastante derrota para los trabajadores/as públicos, opte por repostularse al Senado? Para este gobierno y el pacto en descomposición que lo apoya, claramente esto no representa un problema.

Uno de los principales cuestionamientos del establishment al quehacer de los funcionarios públicos mientras estos se movilizaban legítimamente por aumentar el porcentaje del reajuste, fue que éstos eran extremadamente irresponsables al momento de abandonar sus puestos de trabajo. Más justo y necesario es preguntar: ¿no demuestra la ausencia de la ex ministra una total renuncia a sus deberes y obligaciones como ministra de Estado?

Es de esperar, que la señal de los funcionarios públicos de negar los votos para las apuestas políticas de todos los que aprobaron, por acción u omisión un reajuste indigno, se transforme también en el apoyo y construcción de una alternativa política que defienda y promueva los intereses de los trabajadores/as y las grandes mayorías del país.

Se trata, no sólo de negar el voto a quienes lo han defraudado, sino que involucrarse activamente en un proyecto genuinamente transformador.


Mesa Ejecutiva de Nueva Democracia