Un puñado de vejetes encorbatados, enfundados en trajes de finas telas y, seguramente expidiendo aromas de costosas esencias. Posan para la posteridad, sus muecas traslucen el jolgorio, el regocijo que los arrebata. Son un puñado de líderes de opinión, la crema y nata de  “cabezas pensantes”, de  “ejecutores de decisiones”, los fiduciarios de la explotación y la más moderna esclavitud de las clases vulnerables chilenas. Dos de ellos, entre carcajadas,  pretenden ser presidente de Chile

Me sostienen entre sus  brazos ––  Soy  el blanco de sus carcajadas, de sus burlas descarnadas ––  Me exhiben sin ropa, para hacerme sentir más ultrajada y vulnerable  –– Una gruesa cinta lacra mis labios ––  La que ahoga mis gritos destemplados –– Mis operados pechos lucen erguidamente macerados, machacados –– Entre mis piernas abiertas, resalta mi sexo lampiño, ignominiosamente vulnerado ––  Y una vez más –– A vista y presencia de todo Chile, de todo el planeta:  –– Me ultrajan –– Me violan –– Me penetran –– Con su machismo enfermizo y maléfico, me pisotean, me matan …