Era en un principio un homenaje el beatificado San Nicolás de Bari, quien dejó de regalo en unos calcetines, una dote a tres humildes jóvenes que serían vendidas como esclavas por su padre, al no tener dinero para pagar su propio casamiento. Así nació la tradición que luego evolucionó en la bota navideña llena de regalos.

Posteriormente la historia pasó por el folclore escandinavo, dándole la personalidad de San Nicolás a un hombre con aspecto de gnomo vestido de verde, a quien lo acompañaba un carro con renos.

Los primeros acercamientos de la poderosa multinacional a cambiar la figura de Santa Claus fueron en 1920, en un anuncio publicitario publicado en el diario The Saturday Evening Post y dibujado por el ilustrador Thomas Nast, donde se apreciaba a un Papá Noel serio y correcto. Sin embargo, en 1931, la empresa le encargó a Haddon Sundblom, pintor estadounidense nacido en Suecia, rediseñar a Santa Claus con los colores de la compañía: blanco y rojo, y su éxito publicitario fue tal que lo adoptaron naciones de todo el mundo.

El artista se había basado en un funcionario jubilado de la compañía llamado Lou Prentice para entregarle a “Santa” características nuevamente humanas, aspecto que se ha replicado y retocado incluso tras la muerte de Sundblom en 1976.