Varios opinólogos y comentaristas de la realidad política actual, como Carlos Peña, rector de la UDP, se han referido a la polémica suscitada por la campaña de varios sectores para conseguir que se otorguen medidas especiales, perdones o incluso indultos para los reos más enfermos de Punta Peuco.

Hace unos días, los mismos presos del penal especial -diez de ellos- armaron un bullado acto religioso donde pidieron que les perdonaran los crímenes cometidos durante la dictadura cívico-militar.

En ese contexto, el director de The Clinic, Patricio Fernández Chadwick, en el nuevo editorial de la revista, entregó su opinión abogando por demostrar que Chile no “aprendió” de las “enseñanzas” de los criminales de lesa humanidad deslizando la posibilidad de un trato distinto hacia ellos.

Luego de citar las respuestas de Mariano Puga, Juan José Parada y Carlos Peña, y de explicar lo lamentable que es que la discusión de la posición del Estado ante “sus presos extremadamente enfermos, dementes, ancianos o desahuciados se produzca a propósito de violadores a los derechos humanos”, Fernández entra directo al punto central de la problemática.

“El asunto que se halla en juego en la discusión actual no es si estos condenados decrépitos o en gravísimo estado de salud (porque doy por descontado que de esos es de los que hablamos) están arrepentidos o no; ni tampoco de si sus víctimas están dispuestas a perdonarlos, porque jamás la justicia debe quedar en manos de una víctima, para evitar que se confunda con la venganza; ni se acaba siquiera en la racionalidad o irracionaliodad de sancionar a quien se ha vuelto incapaz de asimilar las penas de un castigo”, escribe.

“Lo que aquí se encuentra en juego es un aspecto para nada menor de nuestro acuerdo social, de las convicciones que en tanto comunidad queremos hacer propias, en este caso, el valor que le demos a la compasión. Que “toda la justicia” no sea sinónimo de “hasta que se pudra en la cárcel”. No sólo es insensato castigar a un moribundo o a ese que ya ni sabe que está siendo castigado, también es cruel, y conste que es posible ser cruel hasta con los más despiadados“, asegura.

A renglón seguido, el periodista continúa: “¿No será un buen momento para arrinconar a los defensores de la mano dura, a los que gustan de la pena de muerte, a los que alegan en contra de la “puerta giratoria”, a los enemigos de toda política garantista?”.

¿No es acaso una buena ocasión para dejar en claro que aborrecemos de la inclemencia? ¿Para interrumpir el círculo de la furia? ¿Para establecer que ni con el peor de los hombres la justicia es inhumana?”, agrega.

“Sólo imaginar que hablamos de prebendas para los sicarios del pinochetismo resulta insoportable. Considerarlo, en cambio, un estándar de humanidad, podría significar todo lo contrario: un modo de enrostrarles su derrota, de demostrarle a los maestros de la crueldad que este país no aprendió sus enseñanzas”, cierra el director de The Clinic.