Fue durante la jornada de este feriado 1 de enero de 2017, en que Álvaro Corbalán, ex jefe operativo de la Central Nacional de Inteligencia (CNI) fue trasladado desde la Cárcel de Alta Seguridad (CAS) de Santiago, hasta el Penal Punta Peuco, tras trece meses en la cárcel común luego de encontrársele un celular y un chip en 2015.

La Corte Suprema, acogió el recurso de protección impuesto por la defensa de Corbalán para “salvaguardar su vida e integridad física”, y el procedimiento se llevó a cabo por Gendarmería en tres carros celulares, un dispositivo de seguridad y la más completa discreción.

Cuando el condenado llegó a la CAS fue recibido con insultos de parte de los otros internos, lo que lo llevó a un claustro voluntario. Según su defensa, esta situación le generó una serie de enfermedades, como hernias lumbares, diabetes e hipertensión, además de ser intervenido por un cáncer y perder la visión de un ojo. Asimismo, en marzo de 2016 otro preso, Joaquín García, lo agredió dándole un cabezazo y lanzándole un escupo.

En diciembre, para esta navidad, Corbalán había escrito una carta llamando a la reconciliación, pero muy lejos de mostrar arrepentimiento o conciencia de los cinco homicidios calificados de los que es culpable y que lo tendrán de por vida tras las rejas: “Los soldados profesionales de la Defensa Nacional, cumplimos órdenes, pero no actuamos por contaminación ideológica y no tenemos odio a nadie. Se violaron DD.HH. Para defender DD.HH”, escribió el ex agente.